miércoles, 9 de noviembre de 2011

Los textos del lago (x)

Es hora de la decisión final. De esto depende todo. Abrí la boca y pronunciá palabra. Ya es necesario que el hielo se rompa y el avión despegue o el tren parta o el barco zarpe o el escritor escriba.

Hace bastante que comenzaron las deliberaciones. Parece que el tiempo pasa más rápido con la presión en la espalda.

No hay tiempo para masajes ni caricias.

No hay tiempo para consultas.

En 10 segundos sucederá todo y puede o no salir bien.

Apuesto que ya te están temblando las piernas. Estoy seguro de que ya no podés ni escribir.

(xi)

Si es que ya le he dicho que la espalda me duele de tanto agacharme a besarle los pies. Ya le he dicho que se los comience a lavar bien.

Que esta es la última vez que le mastico los callos o le huelo las heridas entre los dedos.

Me he acostumbrado a ese olor. Ahora parece gustarme.

Pero quiero poder volver a besarle los labios. A él no le gusta el olor de mi boca después de sus pies.

Así que me toca amontonarme a su talón de Aquiles y que la fetidez de su planta se me meta profunda en la nariz. El único líquido disponible para mí es el que sale de sus burbujas infectadas. Cómo me gustaría probar de nuevo su saliva con halitosis.

Pero estoy castigada, esto es lo que merezco, no tengo remedio.

Mi espalda se me irá doblando hasta que lo único que mis ojos conozcan sean sus pies.

Y eso estará bien. Eso estará muy bien.

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