martes, 31 de mayo de 2011

On a Good Day (Seinfeld)

Construyo algo débil, como hecho de papel. Lo cubro con una sábana con mi olor y eso, eso que construí, se ahoga. Lo despierto con un amable empujón y lo vuelvo humano, defectuoso. Hablamos hasta el amanecer y vemos juntos episodios de Seinfeld. Hecho con mis manos, con mis soplidos y huesos gastados, se ríe al mismo tiempo, sus carcajadas un espejo de las mías. Nos juntamos los cuerpos a distancia suficiente para ser íntima pero no lo suficiente para ser sexual. Descubrimos que nos gusta nuestra compañía, inventados consortes, diálogos fabricados. Le digo: esto de los amigos imaginarios pensé que se había terminado. Me dice: las cosas nunca se acaban. Las manías, como los fuegos, van reapareciendo como se repite una canción que te gusta o como se revive una memoria en la mente, tratando de crearla del aire, del recuerdo. Nunca soy tan feliz como con vos, le digo. Nunca tan feliz. Esboza una sonrisa que se acerca a la lástima y me echa el brazo encima. Sos tan débil, me dice. Tan débil como lo que creaste. Seamos débiles juntos y veamos la fuerza de la ciudad, brillando hasta el amanecer. La piel se nos va a tostar y vamos a oler a sol, a fuego o a brasas, a dos personas que encontraron una excusa para estar juntos.

lunes, 30 de mayo de 2011

Dancing with the Women at the Bar


Existieron noches en los que era delicioso bailar con una mujer, manejar su cuerpo pequeño y envolver con las manos su cintura, así, con la cerveza o con el trago en la mano, con ella riéndose y vos también, todo es broma y te estás emocionando. Existieron noches en los que tus dedos conocieron espaldas más pequeñas y caras sin barba, labios pequeñitos que apenas se abrían para besarte. Cigarros y pláticas con voces agudas, tu voz grave, tu cara pegada a la suya y vos actuando un papel perfecto, total. Esas noches las reemplazaste ya, con otro lugar y otra música y otros movimientos: menos calculados, toscos, como si algo te metió electricidad al cuerpo y solo estás reaccionando a los choques. Pero las mujeres. Las mujeres: nunca entendiste y nunca intentaste. Apenas te educaron para hablar con ellas. Apenas creaste situaciones para acercarte a ellas. Con tormentas, gasolineras o pizza. Pero bailando. Algo así como en el sur de Texas, con tu cadera moviéndose más que la de ella, con la guitarra o el bajo guiando sus cuerpos, como si de ahí se fueran al carro y en el carro se besaran y luego del carro se fueran a un motel y ahí sus cuerpos mojados bailaran más cerca, cada vez más cerca. Debajo de las sábanas, con la cara con la suya, despertar en las piernas y definir esto como romance, como la alegría. Ser fértiles juntos, recibir a alguien en tu mano y tomarle fotos, bailar de nuevo, verlo caminar, seguir bailando: existieron noches en los que para los demás todo eso era posible. Vos, vos nunca seguiste del todo la música. Te fuiste hacia un lado, retrasabas tu entrada, tus manos quedaban débiles y aterradas. Pero en ese baile, en esa canción, viviste una vida entera. Existieron noches en los que era delicioso bailar con una mujer. De todo el mundo, de todas las personas del mundo, vos eras el que más querías sentirte bien ahí. Que todo eso tuviera sentido. Lo peleaste con la conciencia, con el pensamiento, con el cuerpo, con el deseo, con la música. Pero era batalla perdida, Hindenburg o Air France vuelo 447. Pero mientras tanto, antes de perder la noche, te quedaba bailar. Qué delicioso era bailar.

Tipología de hombres atractivos

Los meseros (manejan la comida)
Los bartenders (manejan el alcohol)
Los DJs (tienen el don de la música)
Los futbolistas (tienen piernas)
Los beisbolistas (tienen nalgas)
Los rugby-istas

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Los cantantes (la voz)
Los instructores de gimnasio (el cuerpo)
Los que van a gimnasio (el cuerpo o, al menos, el intento)
Los que me encuentran atractivo (esos son los más)

Cualquiera que muestre interés en mí (y mejor si es mesero, bartender, DJ, futbolista, beisbolista, Ben Cohen, cantante, instructor de gimnasio, que vaya al gimnasio)

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...





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Acertijo sin resolver: ¿Las canciones tienen nombres de entradas o las entradas tienen nombres de canciones?

Beautiful Mother


Escapulario,
bayunco,
parto helado,
bicho tullido,
pasmado,
tunca, cerda,
te amo Miguelito,
iglesia,
vestido,
floreado,
agua helada y/o tibia,
pan dulce a las 4:00 p.m.
qué rica esta pizza,
vamos a echarnos un café,
qué barbaridad,
jodida pero contenta,
cómo amaneció, cómo siguió, cómo estás,

Pienso en mi mamá, apúrese y venga ya.

Me acuerdo que de pequeño me gustaba ver una foto de mi mamá cada vez que se iba de viaje. La veía todas las noches porque tenía miedo de que se me olvidara su cara. Había una foto en su cuarto, creo que puesta en la esquina de un marco de una pintura, y yo me subía a una zapatera (mueble para guardar zapatos) para verla de cerca. Quizás hasta hacía el gesto dramático de besarla. Me acuerdo de hablar con ella por teléfono y llorarle y llorarle "mamá véngase ya, mamá véngase ya" y ella lloraba también. Pobrecita no podía ni agarrar el teléfono. Me acuerdo de patalear como loco cuando se fue para Cuba. Se iba un mes. Nos dejó con una señora cubana para que nos cuidara y yo gritaba y gritaba. También me acuerdo cuando se fue a México. Me trajo unos carritos de juguete y me dijo que le habían costado "miles de pesos". Decía que allá todo valía miles de pesos. Se fue un montón de veces a Estados Unidos. No me gusta imaginarla en un avión porque a ella le da tanto miedo volar como a mí. De hecho, ella me lo heredó o me lo contagió porque las primeras veces que viajé fueron con ella y ella me decía que le daba miedo y sudaba de las manos y cada vez que el avión temblaba me abrazaba con gritos. Una vez, de San José a La Habana, el avión dio un gran bajón no te imaginás toda la comida salió volando y yo pegué el gran grito ¡Sangre de Cristo! y tu papá me puteó y me dijo que me callara. Él decía siempre que uno ya montado en el avión no podía hacer nada así que iba tranquilo. También le ayudaba emborracharse. Pero yo no tomo hijo.

O bueno, a veces vodka.
O a veces kahlúa (licor de viejitas),
Seguro Social,
naranjas y mangos,
los aguacates han estado desabridos,
estoy cociendo frijoles,
te voy a hacer vegetales,
vos solo monte comés,
si vos nunca me venís a ver,
pasaporte viejo,
foto bonita,
sonrisa de cachete,

pienso en mi mamá, la extraño y me acuerdo perfectamente de su cara.

Soñar con la culpa

Sueño siempre con usted, se me aparece en un restaurante o en un bar o en la calle. Sueño en cómo voy a enfrentarla y lo que le voy a decir y a veces sueño que la busco. Me cuesta tanto sacar las palabras cuando la veo, soñando, que me despierto con miedo. No las llamaría pesadillas: las pesadillas me despiertan con un grito o con ansiedad. Los sueños con usted me despiertan pensando. Tanto pienso que me cuesta volver a dormir. Me da miedo volverla a ver y volver a dudar las palabras. Quizás deba escribirle algo. Quizás deba contarle todo en letras, como tan fácil es. No puedo ver su cara ni puedo ver cómo reacciona a todo lo que le digo. No puedo ver el pelo negro o las pecas o la decepción o la indiferencia. Me da tanto miedo enfrentarme, realmente enfrentarme. Se hace imposible. Tengo que sacarlo en mis sueños. Y puedo oír mi voz, puedo oírme tartamudear. Perdón por todo y perdón por las faltas. Ojalá mi voz no estuviera hecha de aserrín y no saltara de mi boca con el viento como lo hace cuando se me aparece. Toso y las partículas se me meten en la nariz y en los ojos. De repente, usted ya no está. De repente desperté y estoy pensando, temiendo otra vez soñar, o tal vez encontrármela y darme cuenta de que eso es real, usted está enfrente, tengo que decirle algo, y lo ridículo que sería:

1) Salir corriendo
2) Fingir que soy fantasma
3) Echarme a dormir

Es tan difícil hasta imaginarme cómo sonaría un simple "hola". Imagínese lo que me cuesta imaginar lo que diría después.

Heavy Metal Lover

Aparezco borracho, como muchas veces. El alcohol me mueve a motor el cuerpo y puedo subir gradas de tres en tres sin ningún problema. Quiero besar a alguien porque siempre quiero besar a alguien. Me tragan la lengua y me saludan de abrazo. En el jardín dos amigos hablan con personas desconocidas y me imagino sus conversaciones y por más que lo intento no logro ponerles palabras en la boca. Parece que solo están hablando melodías atonales o expulsando saliva con cerveza y luego vuelven a hacerlo, hasta que los otros se duermen en sus piernas o las nubes se hacen blancas con la luz. Adentro todavía es oscuro, todavía suena la música y en el congelador todavía hay cervezas. Me tomo una, con sabor a cerveza barata y en una de las bancas balanceo mis pies mientras los de la barra me están diciendo lo bonito que soy. Me gusta que me digan que soy bonito. Los veo y veo que ellos no son bonitos. Entonces regreso a la cerveza. Así, mareado, la música me suena a alcohol y el alcohol me sabe a música. Pienso en cómo acabamos en los lugares más extraños por culpa de la Pilsener, cómo el carro acelera por la San Antonio Abad y cómo la música suena hasta la calle y te dan la bienvenida con el nombre completo del bar. Pienso en los hombres desnudos arriba en el escenario y sus penes que se mueven flácidos y pequeños y los aplausos que no llegan a ninguno de sus oídos. Pienso en esta oscuridad y en esta música tan alegre y en lo alegre que estoy, en el dolor de la cabeza de la mañana. La cerveza pasa libre, como agua en tubería, como lluvia en aire, como naranjas hacia el suelo. La cerveza llueve la garganta, moja el estómago, y así al cerebro y así a mis manos, que bailan solas, que balancean pies, que tocan el cachete del DJ para pedirle por favor que repita la canción que tanto me gusta. Está para besarlo, quizás lo bese. Quizás lo hice. Quizás no lo hice. Me dicen que ya es hora de irnos.

Sí, pienso. Está la mañana para irse, dormir todo el domingo, y esperar paciente el próximo sábado. Con la noche, con la cerveza, con las gradas que serpentean con mis pasos.

Y en el fondo mientras camino:

I want your whisky mouth all over my blond south

Y yo bailo ridículo hacia la salida. Ridículo, pero sintiéndome hermoso.

Marry the Night

Sudo; de repente se suda. Las nubes están quietas y me ven con sus ojos de espuma. Una sábana se apesta con mi olor y las camisetas se apuñan en el clóset. Veo el tiempo en la esquina de mis ojos o en el pedazo de nariz que logro ver cuando miro hacia abajo. Hay varios olores nuevos, pasajeros, que se quedan flotando. Se que el aire está ahí pero no lo puedo comprobar porque trato de agarrarlo con mi mano y no puedo. En un libro, algunas letras. Las muñecas se acuerdan de su tiempo en las maletas. En la foto, dos sonrisas. En la maleta, la ropa se acuerda de los momentos en los que cubrieron cuerpos. En las calles y en las colinas de los pueblos yo dejé gotas. En el adoquín más grande de la tercera calle, o en el graffitti que cubre el asfalto de la loma.

En mis sueños una versión humana de Betty Boop pinta imitaciones de Banksy en las paredes de San Salvador.

domingo, 29 de mayo de 2011

This City is a Work in Progress

Era una sensación extraña, como si todo estuviera en pausa, como si todos sabían que algo mejor venía y simplemente seguían viviendo solamente con la idea de que las cosas iban a cambiar. Pudo ser toda la construcción, los andamios y el polvo en las calles, lo difícil que fue encontrar un restaurante abierto o los supermercados que más bien eran bodegas de almacenamiento. Puede ser que era una ciudad en la que prácticamente nadie hablaba inglés, y por primera vez en China me sentí realmente en China. Pekín era como un paquín del país: pintoresco cuando debía serlo, progresista y primer mundo cuando también. Todo estaba salvaguardado para los turistas: menús en inglés y con fotografías, el metro en alfabeto romanizado.

Datong, sin embargo, no existía para nadie más que para sí misma. Fui ahí por unas grutas centenarias (según la autoridad de turismo Wikipedia) en las que laboriosos datongneses habían esculpido estatuas de Buda en cientos de poses, pero más que todo la misma repetida. Más interesante que las grutas, sin embargo, fue esta ciudad en obras contínuas. Las calles eran de repente pequeñas y luego grandes, cientos (yo conté cientos) de edificios construidos pero no habitados, como perros abandonados esperando familia. Podía ver su cara triste, lo juro. La cara triste de los edificios. Gente caminando con dificultad en el polvo de invierno, un centro ('histórico') abandonado y casi tan deprimente como el de San Salvador; agujeros en las calles que hacían saltar el taxi y mi vejiga (estómago vacío) en vaivenes preocupantes. Una estación de tren semi vacía, con una ventanilla dedicada a turistas extranjeros: el único lugar en el que hablaban inglés. Tuve que pedir que me anotaran la dirección de mi hotel en mandarín y salí a la calle a entregarle el papel a un taxista. La recorrimos y pude ver el gran botón de pausa brillando sobre toda la ciudad. Me imaginé algún discurso del alcalde diciéndoles a todos que el progreso venía. Viene, certero. China es la nueva gran potencia. Nosotros somos la nueva potencia. Y a mí me encantó estar en ese momento, porque se que si regreso en unos años las calles van a estar reparadas: los edificios van a estar habitados y sonrientes: los restaurantes van a tener menú en inglés: Datong ya no va a ser Datong.

Fui DJ-Asistente en Bar de Strippers

Y luego vomité.

sábado, 28 de mayo de 2011

Mediterráneo

Te dije: pasemos a Valencia. Las señales de la carretera lo decían. Próxima salida: Valencia. Quedaba a pocos kilómetros. Te dije: busquemos un hotel baratito, quedémonos una noche, quiero conocer. Quiero ver las calles y quiero ver el Oceanario. Quiero ver el Mediterráneo desde aquí, a ver cómo es diferente, a ver cómo ha cambiado desde que salimos de Cataluña. Te dije: por favor, pasemos a Valencia. No conozco. ¿Cuándo vamos a tener esta oportunidad de nuevo? Hemos manejado cuatro horas ya. Nos falta poco. Vamos a Valencia. Está tan cerca. Mirá, allá, desde aquí la veo. Desde aquí la veo viendo al mar, al mar Mediterráneo, como recodo al camino. Nos tomamos unas cervezas y nos vamos de marcha. Nos vamos de fiesta. Mirá, deben tener bares gays interesantes. Nos vamos y dormimos en una cama cómoda. Pasemos a Valencia. Todavía tenés otra salida. ¿Te imaginás? Siempre vamos a contar la historia de cuando regresábamos de Blanes para Ciudad Real y de espontáneos, de maravillosamente espontáneos que somos, nos paramos en Valencia. Podría ser como aquella vez en la que en Bratislava yo te dije: ¡Vamos a Viena! Pero no, vos seguiste manejando. Te dije: Vamos a Valencia. Quizás tuve que haberte recordado lo divertido que lo pasamos en Viena. Lo divertido que era justo cuando no planeábamos las cosas. Cuando por ejemplo aquella vez caminamos desde una tienda y nos compramos chocolates y papas fritas y nos las devoramos enteras antes de llegar a la casa. Cómo nos quedamos en un albergue en una habitación con veinte camas y solo dormimos en una y planeamos nuestra vida juntos. En nuestra vida juntos. Pero no paraste. Seguiste manejando. Fuimos dejando Valencia y el Mediterráneo y entramos a ese desierto de La Mancha. Lo dejaste atrás. Te dije: Vamos a Valencia. Estábamos tan cerca. Pero seguiste manejando. Quinta velocidad. Valencia se quedó atrás y el Mediterráneo con las cañas, su luz y su olor, el sabor amargo del llanto eterno, que vertieron en él cien pueblos, de Algeciras a Estambul. ¿Qué le voy a hacer?

Miss Misery

Cuánta queja me ha cabido en la boca todo este tiempo. Cuántas veces le he gritado. Pedir perdón no es suficiente cuando se trata de ella, me han dicho, me hinco ante usted, virgen nada virgen. Le ruego perdón y lloro a sus pies, dramático, como mal guión de telenovela. Me pongo un sombrero y me voy a la finca a cuidar los cultivos. Me pongo a ordenar a los mozos que corten las naranjas y las cuentan y les digo que no dejen vendaje. Me quema la piel el sol y me vuelvo todavía más moreno. Pongo hacia adentro, hacia más adentro, todos esos impulsos que no le gustan nada a usted. Me voy a las casas de los mozos y me doy a sus mujeres. Eso le gusta. Eso le gusta imaginarme haciendo. Me acuesto a dormir en las sábanas tan bonitas que usted compró y me pongo tan contento de que mañana me voy a levantar temprano, tempranito. Me voy a poner jeans sueltos y un cinturón de cuero y apenas me baño. Hay tierra en mi cuello porque hay tierra en los cuellos de los hombres. ¡Una cerveza! ¡O dos! ¡O tres mujeres! Me convierto en el tipo de hijo que quiere. Atravieso las fincas y las aterro con mi mirada y aviso mi llegada con un duro cuatro por cuatro que aplasta tierra y mata hormigas y espanta gallinas. Me bajo y en la cintura tengo una pistola y en la cartera tengo un documento que me acredita suficientemente cuerdo para llevar una pistola en la cintura. Me acomodo el paquete (¡glorioso paquete, glorioso calcetín!) y reviso cuidadosamente las hojas de los limoneros y de los naranjales.

Vamos a tener que pedir otro abono. Vamos a tener que comprar un veneno. Porque si no vamos a tener que botar todos estos árboles y dejar un desierto y los que colindan nos van a ver, con sonrisa torcida, con colocho en el pelo, confirmando el apocalipsis familiar que esperaban, cítrico y heredado.

Pero yo soy hombre. Soy bastante hombre. Caen los troncos uno a uno y tengo una erección grande, más grande que mi pierna, más grande que los troncos, de ego inflado y eyaculo jugo de naranja y de mis brazos nacen tallos con hojas por vellos y de ellos cuelgan naranjas redondas y dulces, azucarón, sin semillas y Valencia. Con los frutos de mi cuerpo frondoso alimento a un pueblo entero, al país, a las fábricas de jugo y al sudor de las viejitas con abanico de El Paseo. Me planto a la tierra y me alimentan el abono y el veneno. Yo soy los árboles. Yo soy la tierra. Yo soy su hijo y la fertilidad, la virilidad, el honor de la familia sigue intacto.

Puedo ver su sonrisa desde ya.

Escribir a la fuerza

Me obligo: me pongo frente a la pantalla y abro una nueva entrada. Escribir a la fuerza, por obligación. Es como estar levantando más peso del que uno puede levantar, puedo sentir los músculos del cerebro extenderse y rendirse. Pero los obligo. Levanto apenas. Escribo apenas. Busco en la mente alguna ventana o algún momento. No encuentro nada. Hay momentos en la vida en que estamos solo en el presente. En los que se nos escapa el futuro y el pasado. Es el tiempo del silencio, del vacío, el purgatorio de los pensamientos. Nada nos afecta y nada nos enternece. Nada nos molesta. Algo suena al fondo pero no registramos ni palabras ni significados. Sabemos que hay gente en el mundo pero no recordamos ni sus caras ni sus voces. Sabemos que tenemos cuerpo pero además de las manos nada del resto parece moverse, a pesar de que todo se mueve, todo se mueve todo el tiempo: el esófago, el estómago, los días martes, mañana, el vuelo del tres de octubre, la persona en la que estás pensando, el vello púbico más pequeño, las uñas más cortas, la canción más lenta y la más deliciosa. Masticás este momento porque de estos momentos quedan pocos, del silencio del tiempo y de la estática del tumulto. Adónde se pueden encontrar estos segundos que pasan como si no hubieran existido, sin alterar nada, sin transformar nada, simplemente pasando como segundos de un solo de guitarra extendido que no lleva a ninguna parte. Volvemos a movernos y encontramos todas las cosas como las dejamos; pero todo está sutilmente diferente, a veces completamente diferente. El verdadero fracaso está en no poder encontrar lo que ha cambiado, en seguir viviendo fingiendo que en ese momento en el que no sentiste nada, no te perdiste de una vida entera, de una mirada o de un desmayo, de un trago de agua o de un trago de cerveza. Todo se desperdició pero vos seguís viviendo como si nunca te diste cuenta. La vida pasó y vos te la pasaste escribiendo. Todo cambió y vos la pasaste escribiendo.

Mirás lo que has escrito como si fuera un espejo y te entristece darte cuenta de que por más que intentés tus palabras no pueden detener el tiempo.

Parafraseando

Atrapa mis palabras y tragátelas. Como un rumiante, rumialas por un rato y luego las devolvés, transformadas en algo que te sirva para tus objetivos morales establecidos. Mirá hacia adentro y vas a encontrar un nuevo alfabeto, una nueva forma de contar las cosas. Las cosas, como pasaron, nunca van a ser escritas; siempre, de alguna forma, las vamos a convertir en algo totalmente nuevo.

Cómo aquél pájaro cantó en Tikal
O cómo se sintió una vagina en tu boca
O cómo las Gallo saben a vagina
o cómo, bastante seguido, te da curiosidad el sabor de una vagina
o la sensación de una
o cómo, sabés que eso ilusionaría mucho a tu mamá
Cómo, también, te gusta esa música ruidosa, pero no te gusta en ese lugar;
cómo, el vodka engorda menos.
Cómo, el botón de Publicar Entrada te ha vuelto la vida (y las palabras) más fácil
Cómo, con tu nombre firmás todo lo que se te ponga enfrente y todo lo que te salga de las manos

Entrá en mi cabeza y salí lleno de historias. Hay un montón ahí, apuñadas como puños de letras. Esos no son arena y no se escapan de los dedos, se quedan pegados como moscas en trampas para las moscas, tan dulces como empalagosas. No hay suficientes palabras para parafrasear una vida tan común y corriente.

The Minutes (ii)

Carezco de palabras para esta historia, las saco de la bolsa de letras de Scrabble y las adivino según me recuerdan a un alfabeto familiar de algún idioma que aprendí de niño. Bonito veo esos símbolos que me recuerdan sonidos y los articulo antes de escribirlos, arriba de una pared o abajo de una muralla, no como la china, sino como la de Ávila o la de Segovia, la reconstruida de Toledo. En estas discusiones internas encuentro la energía para narrar algo o para dejar de ocultar algo, como se revela el secuestrador a la víctima o se abraza al recién nacido con brazos que sofocan o un poquito de sangre del útero en los guantes. Así, como el ritmo lleno de notas bajas y los rótulos que cambian de color con las luces de neón y tus pasos, tus pasos agigantados que se tragan el asfalto como Godzilla. Ignorame, ignorame los silencios y los pasos callados, hagamos de algo esta noche algo mejor, como si la noche fuera la última, como si mañana es 21 de mayo y en todas las ciudades hay pancartas y banners que anuncian que esto se acaba. Sea este día el día del párrafo que no escribiste, o la canción en repetición, o los sillones de tu casa en los que no te sentaste nunca. Abrazá a tu perro y lamele la lengua, besá los pelos de tu escoba y comete un poquito del caucho de las llantas de tu carro. El polvo que se te pegue a los labios y los ojos que se te pongan rojos del vodka o del alcohol y encontrá en el mundo la sensaciones que te oculta la cautela. Una cerveza o un tequila y que en la playa la ingle se te llene de arena. Recuerdo el silencio de las procesiones y quiero meter mi dedo pequeño en la boca del padre y que me alimente una hostia pequeña, redonda, con sabor a empiñada. Allá, en el Puerto de La Libertad, que nos lleven las olas hasta la Hola y comamos unos palmitos al atardecer, mientras en la boca se nos mezcla el arrepentimiento con la puesta del sol, la conciencia con la borrachera, la canción con lo que escribimos y lo que escribimos con lo que sabemos.

Reconozco el idioma pero no reconozco el sentido. La playa, la arena, el sol, el cliché, la úlcera que se come tu esófago y tu libido en medidas iguales. Oigo la misma canción pero para sorpresa, mi sorpresa, todas las palabras suenan diferentes.

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Esta es la segunda parte de una entrada que escribí para Un Raro Dúo. Vea la entrada original aquí.

Semen en el abdomen

Te vi dibujar un edificio en una libreta en blanco e imaginar una ciudad con cuadras como manzanas y manzanas en los árboles; atravesaste el pueblo con el polvo en la mano y lo lavaste en la pila de una iglesia, manchaste tu cara de bendición y arrastraste una confesión hasta la finca, adonde mordiste una naranja sin pelarla. El zumo se metió en tu nariz y lo disfrutaste, algo así como un dolor, algo así como despertar masticando un limón. En la puerta colgaste una foto de tu hija muerta y en ella le dibujaste un bigote: nunca la falta de humor, nunca la falta de pezones dormidos. Imaginaste varios escenarios y los montaste todos en el altar de Ilobasco y fuiste repartiendo sudor en la carretera de Oro. Joyas, de Cerén, de Izalco y de Amapulapa; en los balnearios los chimbolos te comieron los callos así como se los comen las pirañas a los turistas en Bangkok. Viste el calor con tu piel y lograste descifrar el significado de la vida. Todo está en un dibujo, en una proyección, en un párrafo. Quisiste compartirlo pero desapareció todo, como desaparece la excitación después del orgasmo, así como se siente pasarse la mano sobre el abdomen cuando el semen ha quedado repartido ahí y se pega a tus vellos, lo llevás a la nariz y sentís el olor familiar al sexo, algo de ano, algo del otro, un beso que se llena de sudor y saliva reciclada.

-Qué bonito dibujás. Qué bonito tomás fotos. Vamos a Suchitoto el otro finde o mejor todavía, escribamos una novela juntos.

Mujer china de Datong

¿Para qué serviste, mujer china? ¿Te protegió el abrigo? Te vi pasar desde un taxi y para lo único que me serviste fue para una fotografía, para un banner de blog. ¿Quién te ha besado? ¿Tuviste hijos? ¿Conociste Pekín en uno de los trenes acorralados, barridos por viejos empurrados, en los que venden fideos en agua caliente? ¿Terminaron de botar tu casa de Datong y construyeron un edificio en su lugar, lo viste desde abajo con dolor de cuello y dolor de piernas? ¿Estás cansada de estas calles de polvo y te decidiste, por fin, mudar a Shanghai y hacerlas de vendedora de dumplings o cobrando entradas para algún Templo? ¿Has visto alguna vez a alguien moreno?

Mujer china de Datong, ¿para qué serviste? ¿Para qué naciste? Naciste para ser banner de blog, para eso naciste.

jueves, 26 de mayo de 2011

Esta fotografía es la imagen de un paquete vacío de un condón femenino que fue visto y fotografiado cerca de la playa El Palmarcito, en La Libertad.

En el Medioevo yo ya estuviera muerto

Feo morir de algo que uno no entiende, me gustaría explicarte qué es lo que tengo, pero en realidad no lo entiendo. Se que sudo en las noches y veo las cosas borrosas, se que quiero comer y vomitar al mismo tiempo. Se que el sudor es como agua y se esponja en las sábanas y cómo me gusta la luz del sol porque me calienta la piel fría. Yo me como mi sandwich y me enredo los mocos en el dedo gordo porque eso es lo que me hace sentir bien. Abrazame no te voy a pasar nada o te da miedo morir como yo me estoy muriendo. Te explicaría lo que me está pasando pero es que no lo entiendo. Un par de pañuelos llenos de sangre y una tos que no se quita, quisiera decirte qué me pasa, pero no tengo la receta cerca. No tengo las enciclopedias ni las informaciones. Solo tengo mi estornudo y mi medicina nueva, mágica, fantástica. En el Medioevo yo ya estuviera muerto, abrazando a la tierra o en el funeral de algún amigo, tocándole los pies a los vivos, oliéndole el aliento de los muertos.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Oye papito

Caminar bajo la luz de tu casa y bajo el efecto del sueño. Qué rico es dormir. Abrazar una almohada y la sábana. Escuchar un poco de música. Qué sueño tengo. He dormido todo el día. He abrazado la sábana todo el día. He visto las gotas gordas de la lluvia caer con golpes gruesos en la ventana. La he cerrado. Vi el pasaporte y recorrí los sellos con la imaginación. Me duele levantarme, me duelen los pies. En la calle una luz y otra luz, como luciérnagas, pero en la claridad de la tarde. Cuánto llueve en esta ciudad. Cuánto te enferma esta ciudad. En las sillas o en las salas de espera o en las básculas de los impuestos o en los aviones atascados en las pistas del aeropuerto. Veo: el pañuelo con sustancias mucosas y recuerdo el sabor dulce de los alfajores. Veo: la bolsa vacía del McDonald's y recuerdo el sabor agridulce de la salsa de tomate. Me la trago entera como se traga una vitamina C en pastilla. Sueño: recuerdo: lo premonitorio se vuelve realidad solo cuando vos lo llamás, lo narrás entero, lo hacés que ocurra cuando por fin despertás, con un poco de fiebre, alimentado por el dolor de piernas y la sensación de enfermedad que te envuelve, te revuelve, te mantiene vivo.

martes, 24 de mayo de 2011

Presentando: Limbo Nimbo


Si es que desde que compartíamos un montón de correos hace años, a Flor Aragón y a mí nos gustaba escribirnos y decir "mire lo que escribí" o "mirá este cuento que tengo a medio acabar". Eventualmente, esa compartición evolucionó a un blog, que empezó como un proyecto conjunto bastante coherente pero poco a poco la personalidad egoísta de cada uno se fue apoderando y el contraste entre los dos pensamientos llegó a ser demasiado: polarizador, inestable, ligeramente ofensivo. Así que nos separamos. Yo comencé este puñazo de patanadas y la Flor se tomó un poco más de tiempo pero ya está de vuelta.

Visite Limbo Nimbo, su nuevo blog, la consorte y compañera imposible/divorciada de este Puño de Letras.

La gente es tan fea

Y todos:
'qué bonita te ves ahí'
La gente es tan fea, somos una raza imperfecta, gorda, con venas saltadas y pelos de esponja reseca. O sos mascón de cocina o sos café acumulado en taza, semen de candela reciclado para hacer marcos de fotos, o rosas secas, o un par de labios plásticos, o el sol golpeando un sillón que pierde la piel. Somos el calcetín sucio, los zapatos rotos, las sillas con restos de sudor y orín o el polvo en el suelo. La gente es tan fea, tan hereje, tan cara de bautizo con agua limpia del Río Sucio. Así, como el trigo en marco o los parlantes que son dildo, o las libretas en blanco o los espejos mal limpiados. Tan fea, tan horrible, tan como este párrafo o los otros párrafos que escribo, como una revista con las páginas pegadas o el olor a semen y sexo en el cuarto o la lavandería acumulada o el queso en el sartén

o el olor a mantequilla en el microondas

o como más allá del arrepentimiento

o como la leche de soya que se hizo tofu, así, de repente, como vos te hacés feo con el tiempo, por estar guardado, por creer que andás de bonito, por creer que sonreír te hace menos terrible, menos como San Salvador visto con lentes de contacto y con sueño.

Azulejos para la gente muerta

La gente está muerta, hay que ponerle azulejos. El cielo es una tienda de azulejos: azules y rojos, con figuras inspiradas en edificios de Lisboa u Oporto o Coimbra o las calles perpendiculares a la Alameda de Hércules en Sevilla. Que los muertos elijan sus diseños y sus colores y nosotros nos encargamos del cemento y la pega y la decoración. Qué bonita mi casa/baño/piscina/mesa de noche/exorcismo, mi tumba. Todas las mañanas la va a golpear el sol y un destello va a destellar y el que cava las tumbas se va a cubrir los ojos y va a decir "ahí murió alguien importante, ahí está enterrado alguien que la gente quería".

La gente está muerta y hay que comprarle azulejos, en una tienda de la Juan Pablo II, arribita de la discoteca Scape, porque estar muerto es más o menos como bañarse en una piscina y tragar cloro, o sacar burbujas, o ver el sol entrar por el techo que es agua.

Las necesidades de una erección

necesito o un trapper keeper
o mis manos frente a mi ingle
un cuaderno o una bolsa de súper
o estar sentado
o doblar la pierna de alguna manera distinta
necesito pararme de forma diferente
para que no se me note
lo mucho que me emociona (pone caliente) verte.

lunes, 23 de mayo de 2011

Beard-Lady Gaga

I'm my beard
I'm my beard
I've had enough
this is my prayer
that I'll die living just as free as my beard
this is my prayer
I'll die living just as free as my beard!
I'm never free
I've had enough
I've had enough
this is my prayer
I swear
I'm as free as my beard

Agua sí hay

Mire, es que no es que no haya agua, si agua hay, un montón que ha llovido. El problema no es que no haya agua, porque agua hay, el problema es que las tuberías se nos rompieron ya ve, el problema de la violencia y las maras y la coyuntura económica, a eso sumándole los efectos adversos de la dolarización, si antes las pupusas a 1 peso las daban en Antiguo, así les decían, las pupusas de a peso, y por eso es que no hay agua en su casa, no cae, porque dejeme decirlo de nuevo, por eso es que no cae agua en su casa, porque agua sí hay el problema son las maras, ve usted, el problema es que los ladrones dejaron las tuberías maltrechas y cómo cree que va a llegar agua sin tuberías, denos tiempo, ya lo vamos a arreglar, usted paciencia y por el momento use el agua de la pila, o agua Cristal, que esa si hay bastante, porque esa es de fuente natural purificada, ya ve, grandes bodegas que tienen allá por Ilopango. Así que usted no se preocupe que ya vamos a arreglar todo, porque agua hay, no crea que no hay, lo que no tenemos es cómo dársela, pero traiga unos guacales o un cántaro, así a la antigua, o espere una pipa o un camión de barriles, que agua sí hay, no crea, agua sí hay.

Let them eat cake!

Let them eat cake!
que se compren un pastel y se lo coman entero
que pongan las manos en posición de aplauso
que les tomen fotos
Let them smile!
que digan que feliz cumpleaños,
que no se qué,
qué bonita familia,
qué delicioso pastel
Let them blow the candles!
y que se echen turrón en la cara
que se echen los brazos
que se carcajeen de la felicidad
Let them eat cake!

Se puede volver a aplaudir y a comer pastel pero a esos días se los tragó enteros el tiempo.

Detrás del cancel es donde se tiene sexo

Detrás del cancel mi pene penetra tu vagina. Detrás del cancel y detrás del calendario y los recuerdos de las bodas. Estás sudando porque detrás del cancel hace calor. La lora no se calla y en la calle la gente camina porque es de día. Si es que nos gusta coger de día detrás de la cortina y detrás del cancel. Las niñas andan en el colegio y nos preguntan si estamos enojados porque gritamos tanto. Más no saben que estamos detrás del cancel porque detrás del cancel porque detrás del cancel es donde se tiene sexo.

Menos mal que te amarraste la trompa y que te callás la trompa porque así me gusta cogerte: sudado, sin que opinés, con sol y sin condón, detrás de la cortina, de los calendarios, de los recuerdos, de las fotos del equipo de papi fútbol, del ventilador, de la radiola, detrás del cancel.

Esta foto es la imagen de los azulejos de una de las tumbas del Cementerio General de Opico. Presumiblemente, al muerto/a le gustaban los cisnes.

domingo, 22 de mayo de 2011

Sobre tu tumba, María Aurelia


Se abre el cementerio de Opico, a la mirada de los dos, con las coronas y las flores plásticas colgadas como aros de hula-hula alrededor de las cruces desde el 2 de noviembre de 2010. En la tierra recorren hormigas y mueren cucarachas y la humedad de las nubes gotea agua salada. Sobre tu tumba María Aurelia coloco mis pies y desde ahí, desde el balcón que te construyeron veo el cielo volverse gris con tormenta y consecuencias. En mi mente pasan escenarios de mala suerte en este pueblo poblado por la violencia y me imagino muerto sobre los azulejos (de baño, de piscina pública) que visten el cemento que te encierra. Veo piedras repartidas por ahí y en cada piedra imagino una gota de mi sangre. Sobre tu tumba, María Aurelia, imagino tus huesos ahí dentro: fuiste mi abuela, cuando viva, ahora que estás muerta solo sos un silencio. Imagino el montón de huesos y polvo que ahora es tu cuerpo y duele sustituir tu imagen de viejita gordita con ese terror de ultratumba, telarañas y gusanos. Qué es del vestido con el que te enterraron, de las joyas que abrazaban tu cuello y tu muñeca y el anillo de oro con la figura de Jesús o María o Dios o algún Ángel de la Guarda. Qué es de la forma en la que el rosario se movía entre tus dedos y hacía ruido cuando sus bolas chocaban una con otra, inspiradas en oraciones repetitivas, ronroneantes, como avispas o chicotes de mayo que entran a tu cuarto a las cuatro de la madrugada. Qué es de tu sonrisa postiza, ahora dientes para exhumarse o robarse, ahora solo unas letras inscritas en una placa de mármol que tiene tu nombre, María Aurelia, tu día de nacimiento, María Aurelia, tu día de muerte, María Aurelia, una estrella y una cruz y una frase enlatada, incapaz, genérica.

Hacés falta, sobre tu tumba. Estás dentro, a distancia de martillo y cincel. Alrededor de mí el pueblo que entre palmera y hojuelas te recuerda de vez en cuando. María Aurelia, sobre tu tumba, pienso que quiero que quemen mi cuerpo y metan mis cenizas con tus huesos, para que me des un beso de buenas noches.

Todas las noches.

Foto: Cementerio Público de San Juan Opico

viernes, 20 de mayo de 2011

El olor a sudor: Government Hooker

O inguinal,
o de las axilas, o de los pantalones cortos después del gimnasio. Tu nariz sumergida en la tela
en acto de masturbación profesional, como si de eso dependiera tu vida.
Como si te pagaran por ello.
Profesión: Masturbador.

Se masturba a domicilio.

Por favor preparar pantalón corto sucio, sudoroso, después de gimnasio.

Se apreciará colaboración.

Ahora suena: Government Hooker-Lady Gaga

jueves, 19 de mayo de 2011

Larga vida

Mi iPod
Él se fue
Él, quien me amó
Él, quien me cantó al oído con cariño y amor
Él, quien me cantó serenatas
Él, quien se quedó conmigo por años y meses
Él, quien lo valía todo
Él, quien guardaba a Gaga, R.E.M., al Himno Nacional
Él, glorioso filo de la gloria
Él, una especie de carnaval
Él, musical de metal y aluminio
Él, máquina fantástica de sonido
Él, quien murmuraba melodías
Él, guitarras delirantes, pianos melódicos, sabrosos, conmovedores arreglos
Él quien me dio música pero ahora me quitó la vida
Muriendo

jueves, 12 de mayo de 2011

martes, 10 de mayo de 2011

Reflexión Ultra y Foránea

Cuánto engañan los años a la mente, que cree que porque ha vivido tanto sabe más. Uno nunca sabe nada. Uno se muere sabiendo nada.

lunes, 9 de mayo de 2011

Bonita Canción, Canción Bonita

Put on your shades 'cause I'll be dancing in the flames.
Tonight yeah baby, tonight yeah baby.
It isn't hell if everybody knows my name
-LG

Foto de perfil

En esa foto me estoy riendo con ella y ella se está riendo conmigo. Puedo reconocer su pelo bonito que se llena de tinte y mi pelo feo que se cae en pedazos. Puedo ver también sus dientes que no son de ella y los míos blanqueados de forma artificial (tampoco son míos). Puedo ver sus labios que me besan las mejillas solo de vez en cuando y sus brazos que me abrazan con dificultad. Puedo ver mi cara que la conoce desde que nació. Estamos sonriendo, pero no nos entendemos muy bien. Pero por un momento congelamos todo lo que nos molesta y somos felices. En esa foto qué bonitos nos vemos, qué orgullosa se siente ella y qué agradecido estoy yo. Ella acepta todo lo mío y yo acepto todo de ella. No hay reclamos ni peleas ni gritos ni alcancías tiradas al suelo ni golpes en un rincón del cuarto de tu hermana. Nada de eso existió. Solo existen estas sonrisas y esta foto de perfil.

Lección Bonita, Bonita Lección


"Nothing is original. Steal from anywhere that resonates with inspiration or fuels your imagination. Devour old films, new films, music, books, paintings, photographs, poems, dreams, random conversations, architecture, bridges, street signs, trees, clouds, bodies of water, light and shadows. Select only things to steal from that speak directly to your soul. If you do this, your work (and theft) will be authentic. Authenticity is invaluable; originality is non-existent. And don't bother concealing your thievery - celebrate it if you feel like it. In any case always remember what Jean-Luc Godard said: 'It's not where you take things from - it's where you take them to.' "
-Jim Jarmusch

domingo, 8 de mayo de 2011

Final

A la siguiente mañana lo primero que hizo fue tomar la chaqueta de la pared. Salió dando pasos débiles desde su cuarto, sin querer despertar a nadie. Su mamá ya cocinaba. Alguien estaba bañándose, el agua caía con fuerzas en su espalda. Nadie la vio mientras se subía a un banco, alcanzaba la chaqueta, corría de nuevo hacia su cuarto.

Era la primera vez que la tocaba. Era más suave de lo que pensaba. Quizás algodón. Había permanecido tanto tiempo ahí en la pared, tan lejos de su mano, que siempre le había parecido ser de metal. La extendió sobre la cama. Lenta, con el miedo de ser descubierta recorriendo sus nervios, logró ocultar, apretujándolos con un mantel blanco, sus pequeños senos. Se colocó una camisa cuadriculada, la que siempre le había gustado, y la chaqueta encima. Las medallas relucieron golpeadas por el sol que entraba; entre los destellos se imaginó un espejo en la pared reflejando su rostro nublado y transformado, pelo recogido, expresión masculina. Cuando salió de su cuarto ya estaban todos a la mesa, desayunando.

—Buenos días—dijo, en un tono sereno y oficial.

Comenzó a comer.

A los segundos su papá soltó una carcajada. Comenzaron todos entonces a reírse, hasta ella, carcajadas sonoras, con comida en la boca, golpeando la mesa, respiración entrecortada. Más risas. El comedor, comúnmente callado, ahora no podía dejar de reírse, junto a todos ellos, que dejaban la comida a medias, seguían riendo, riendo y riendo, hasta enrojecer sus rostros y tener que tomar agua para calmarse un poco.

A los minutos ya se habían tranquilizado. Ya nadie reía ruidosamente, pero el eco de las carcajadas era fácilmente perceptible en sus rostros iluminados, en la mesa desordenada. Marta dio una vuelta alrededor del salón con su mirada. Su papá masticaba un trozo de pan y la miró, sonriente. Su hermana tomaba un poco de jugo de naranja y la miró, sonriente. Su mamá se servía un poco más de café y la miró, sonriente. El espacio donde antes estaba la chaqueta estaba vacío. La radio estaba apagada. El espejo en la pared reflejaba el comedor entero.

Y lo miró, sonriente.


Este es el final de una "novela" fallida que escribí cuando comenzaba a querer escribir en "serio". No lo edité para ponerlo aquí. Me gustaría cambiar un montón de cosas pero ahí está, con los errores típicos y problemas narrativos que me ponen los pelos de punta. Pero hoy me acordé de esto, tenía mucho tiempo de no leerlo. Bonita cuando ríe.

Te veo tan sonriente, bonita cuando ríe

Te veo tan sonriente en tu foto. ¿Qué estás comiendo? ¿Te está mareando un poquito el vino? Te veo tan sonriente en tu foto, sos bonita cuando reís. De hecho, la más bonita. ¿Cuándo te abrazaba? ¿Te dije que te quería? Me dan ganas de llorar pensar en vos, ahorita. El pecho se me infla con respiraciones rápidas y los ojos se me están mojando. Qué bonita te ves, ¿peinado nuevo? ¿Quiénes son todas ellas? Extraño lo que nunca pudimos terminar de ser y te veo pasar, como Kohoutek. Rápido y sin importancia. Quisiera verte más tiempo. Quisiera detener mi mirada en vos y hablar un poco más. Esta foto no se va a mover. Tu sonrisa está congelada. No la puedo hacer hablar. Pero te ves tan bonita. Te ves tan bonita cuando reís.

Qué hermosas plantas las que te rodean. Ya no sos una naranja en una palmera. Sos una naranja en el árbol correcto, bajo la sombra y el sol. Te tambaleás con el viento. Pero nunca te caés. Qué bonita.

Bonita cuando ríe.

Feliz Día Mommy

Entiendo la imposibilidad de que una mujer dos años más joven que yo sea mi Mommy, pero sí es. Mommy Monstih, Mamma Monstah, Mother Monster, Feliz Día <3 Gracias por la música.

(Mi mamá real me abandonó para estas fechas así que en venganza la traiciono por mi madre imaginaria. Hoy es el día de la madre en Estados Unidos, así que hoy. Hoy).

Esta entrada lleva como título "The Ascent of Man" y fue escrita mientras escuchaba dicha canción. Aconsejo que la lea mientras la escucha.


De la nada oigo tu voz en Europa y se me pone la piel de gallina, de reptil, árida al tacto, árida como el jardín de la casa de la finca que dejamos olvidada. No ha llovido en días y en el aire flota el calor como flota una nube atada a un hilo. Aparecés besándome los pies y me trago todos tus dedos, tus uñas pintadas, tus callos malolientes. Abrazo tu pierna y te digo te quiero y escuchás una canción que te gusta y la comenzás a cantar. Tu voz es tan fea y me enternece. Tanto, que te canto. Tanto, que hacemos armonías desarticuladas. En una taza está el culito de café que dejaste y está frío y yo le pongo hielo y me lo tomo. Me gustan tus sobras tanto como me gustan las cosas completas y vírgenes de los demás. Si algo tocó tus labios es oro y si algo tocaron tus manos es obsidiana. Me voy dentro de tu vagina y en ella hago el trabajo de minería y encuentro metales hermosos con los que decoro mis oídos, lubrico mi escroto (los metales, verás, son líquidos). Adoro verte tan sonriente y en tus dientes postizos dibujo con un pincel la sonrisa de mil niños desnutridos. En los manteles de tus mesas bordo tu nombre con corazones alrededor y el busto de Vicente Fernández. Con tus pelos púbicos armo una esponja de baño y restriego mis sobacos. Amo tanto tu vida que a veces me sobra la mía.

Yeah, yeah, yeah, yeah, yeah-ah!

Entre otras cosas, las baterías doble AA me parecen tan vulgares.

Esta entrada se titula "Orgasmo viendo mapa de México"


Tuve un orgasmo viendo un mapa de México, logré leer las ciudades y vi las fronteras. También vi los Estados Unidos de América y el Centro del Continente y vi tu cara y tus ojos. En un mapa arrastré mi mano y quise arrancarlo de la pared. Prefiero este momento al momento de las sábanas o este lugar al lugar de las bocas. Hago puño mi mano y presiono con mi cara la tuya y siento que te puedo tragar, entero, a trozos, te muevo, soy tan fuerte. Adiviné la tipografía y recordé el Zócalo y la bandera y el templo y las palabras de los conquistadores que me hicieron llorar. Mi semen se dibujó como mapas en tu pecho y lo limpié con mi mano. Destrocé las ciudades, los pueblos, las capitales, el mundo. Me abrazaste y sentiste mi pecho reventando. Sentí que se me acababa el aire en los pulmones y cerré los ojos y pude distinguir los adoquines de la Calle Moneda que me veían con sus ojos de lluvia reciente, de zapatos de cuero y chilangos que se besan frente al Ángel. Se me durmió la mano. Se hicieron calambre los pies. En tu cara pude ver que vos también estuviste ahí.

Caja de cigarros rojos

Una caja,
dos,
poblados.
en tus dibujos pequeños veo lo grande de tu mano,
de tu lápiz.
tu risa,
plasmada,
pasmada.
Abrazo con consecuencias la almohada que sostuvo tu cabeza
retiro al retrete.
Probablemente te extrañe pero las palabras se quedan guardadas en una caja de cigarros. Probablemente me trago el humo para tragarme la cara de tu casa y la sonrisa de tu acera.
Ahí estás, vagando por ciudades que caminan
ciudades que tienen nombres en inglés
sonreí un poquito
solo un poquito
me gusta imaginarte feliz

Nunca vi Versalles

¿Sabés? Nunca vi Versalles, nunca fui. Las muestras de impotencia, imponentes, los muros viejos y dorados y la gente con la boca abierta. Una sonrisa o dos y bienvenidos, Eurodisney, eurotrash. Nunca vi Versalles, nunca fui, nunca sonreí en una fotografía con el palacio (castillo, edificio, montón de ladrillos) detrás y nunca sentí frío ni calor ni clima primavera ni clima de otoño, nunca vi Versalles, nunca fui. Lo agrego a la lista de lugares que no vi, que nunca voy a ver: Las Vegas, tu ingle, Toronto, Damasco. ¿Sabés? Solo lo quiero ver en fotografías. Recordar y hacer (cuenta y caso) de que ya estuve ahí. Qué bonito fue caminar por esos pasillos. Qué bonito fue Ver Versalles.

jueves, 5 de mayo de 2011

Big King + Ramo de Chastas

Vamos al Burger King después del funeral. Vos pedís una ensalada y yo el Big King. Pobrecito, menos mal que no sufrió mucho. Yo le dije que comiera menos. Yo le dije que comiera más. Ojalá y hubiera dejado de fumar. Ojalá y hubiera dejado de tomar. Yo le dije que se tomara las pastillas. Yo le dije que dejara las pastillas, que buscara medicina natural. Yo le dije que no se fuera de viaje. Yo le dije que buscara tratamiento en Cuba. Lo vi enfermo desde hace años. Yo lo veía sano. Recé porque siguiera vivo. Recé para que dejara de sufrir y se muriera más rápido. Esta ensalada está toda vieja. El pollo está demasiado frito. Papas. Salsa de tomate. Las flores, qué bonitas. Las flores, qué feas. ¿Llegó la mamá de la hermana de la esposa? ¿Llegó la esposa del tío de la niña Rosita? Todos están tan viejos. Todos se están muriendo. Todos llevaban pastillas en las bolsas. Es culpa de él por no cuidarse. Se cuidó demasiado, nunca se dejó de preocupar por cada. Cosita. Que. Le. Pasaba. Tantos días con tos. Tantos días sin poder respirar bien. Tantos días respirando esos gases venenosos en los campos en las tareas. Tantos días buscando hospital. Tantos días escondiéndose de los doctores.

Vamos al Burger King después del funeral. Todos de negro, en el carro nuevo. Mañana revisamos el testamento. Este Big King me está dando agruras.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Verdadero Perfil

Trabaja en Durmiendo | Estudió en Escuela "Superior" no Reconocida por la Unión Europea y Universidad-Negocio | Vive en San Salpeor | Habla Español con acento de pueblo, Inglés con acento de pueblo salvadoreño y Francés nivel Ay merci! | De San Juan Opico, pueblo que fue bonito pero ahora está lleno de maras | Nació el día de la primera vuelta entre D'Abuisson y Duarte

Scatterbrain

No hay lugar quieto en el mundo, no hay lugar en silencio. En todos hay algo de música, el ritmo de la respiración, las voces del agua o de la tierra. Los gusanos que recorren el campo o los carros que pasan por la calle, el sonido del cigarro siendo inhalado, los pasos del borracho pegándose al suelo. No hay lugar sin la luz de un sol, o sin la oscuridad de una noche. Todo se mueve y todo se transforma todos los días, con el olor de las flores, o del estiércol, o de las lámparas quemadas. El tremor de un terremoto. El temblor de las cuerdas de un violín. En los tragos de cerveza o en las horchatas medio frías de Valencia o San Salvador. Todo sabe a algo, todo tiene un sabor particular, a queso o a piedra. Todo, al ser tocado por una lengua, crea el contacto del gusto. Milagro papilar. Todo, de vez en cuando, observa con ojos rojos por el sueño. Todo se ata o se filma, se cruza de brazos o coloca flores en el pelo. Todo se vuelve bonito o feo, todo está nervioso, porque nada nunca está tranquilo, nada nunca está quieto, todo está al borde del cambio, al borde de mutar: las cosas solo van hacia adelante, el pasado es lo único inmóvil, congelado. Pero de nada sirve: el pasado ya no es de este mundo. Al pasado ya se le acabó el tiempo.

martes, 3 de mayo de 2011

I've seen it all

Me mareo al ver las letras, los mapas, las fotos. Tanta montaña, nevada, el camino, los perros. Me mareo al ver lo que va a pasar, lo que ha pasado, adónde estuve, adónde voy a estar. Probablemente no sea una buena idea. Nunca nada de lo que he hecho ha sido una buena idea. Pero quedarme en un solo lugar me espanta. Y el tiempo para moverme se me va acabando con cada año que pasa, cada vez me puedo mover menos. Y me quiero acabar el mundo. Quiero quedarme cansado y con todos los mapas impresos en el pecho, con todas las ciudades apretadas en mi boca, con todos los paisajes hundidos en la carne y en las úlceras de mi estómago. Hay una canción de la película "Bailando en la Oscuridad" que se llama "Lo he visto todo". La protagonista se sacrifica y no le importa perder la visión, porque ella dice que ya lo vio todo. Cataratas: qué más da. Agua es agua. Murallas: qué importa, son ladrillos. Yo siento totalmente lo opuesto a ella. Yo no he visto todo. Quiero ver toda el agua y todas las murallas. Quiero la isla y el desierto. Al menos quiero intentarlo. Pronto todo esto se va a acabar, sospecho. Pronto todo va a dejarme en un solo lugar. Antes de eso, quiero decir que abusé y vi todo lo que pude. No lo he visto todo. Todavía no, ni por cerca, en lo absoluto.

Lowlands, Badlands



Es tu primera vez en San Francisco sin tu mamá gritando "¡vamos a ver a los culeros!" o tu silencio interior y casto evitando que asistás a la mítica Calle Castro sin el miedo a ser descubierto. Tenés solo una noche para salir pues has engañado a tu familia lejana y les has dicho que no estás ahí, que solo estás haciendo escala. Es tu primera vez en esta ciudad solo y tenés un poco de miedo, porque además no querés gastar mucho y el bus y los tranvías se acaban a medianoche y no querés regresar caminando desde la calle esa homosexual hasta tu hostal en el centro.

Así que te proponés salir y encontrar a alguien con quién quedarte y pasar la noche. Preferiblemente que viva cerca de la Castro y en la mañana, regresar a tu hostal a tiempo para agarrar tu maleta y salir hacia el aeropuerto.


Te vas en tranvía. La calle Market (calle Mercado) es una calle larga, que pasa de ser bonita a ser fea y luego a ser bonita de nuevo, y termina adonde comienza la Castro. Una gran bandera de Arcoiris marca el inicio de tu nueva libertad (o vos decís).



Te bajás cerca de la bandera y comenzás a caminar. Recordás la vez que viniste con tu familia, en carro, camino al mirador de Twin Peaks y viste de reojo una de las ventanas de las casas, en las que un muchacho guapo, rubio y con lentes escribía en su computadora. Recordás que en él viste una imagen de la homosexualidad que jamás habías conocido: libre, aceptada y bonita, y vos tenías unos feos, gordos 13 años. No recordás si tuviste una erección, pero probablemente sí.

Esta vez, sin embargo, andás solo, es de noche, podés ir a cualquier lado, quién sabe y conocés a ese muchacho que viste hace años en la ventana. Comenzás a caminar hacia abajo de la calle y te vas encontrando con bares, cafés, restaurantes. Vos querés ir a emborracharte. Pasás por un lugar que te han dicho es bueno: Bar on Castro (ahora, se llama Q Bar, por eso no está en las fotos).


Pero te da miedo. Ves demasiada gente linda. No querés entrar y te acobardás. Entonces caminás hacia abajo. Te hacés terapia y volvés a decir: No, tengo que entrar.


Entonces caminás hacia arriba. Volvés a pasar frente a Bar on Castro. Demasiada gente bonita. No, mejor no, caminás hacia abajo.



Entonces recordás otro lugar: Badlands. Es como la disca de San Francisco. Así que seguís caminando, hasta la 18, y doblás a la derecha.


Ahí está, frente a vos.

Cruzás la calle y entrás. Pedís un trago. Un vodka con Sprite, quizás. Te sentás en la barra, esperás conocer a alguien. Te da risa porque ahí está uno de los vendedores de la tienda Apple, en la que estuviste más temprano comprando algo. Tratás de coquetearle pero él está absorto en otra conversación.

Alguien te saluda. Comenzás a hablar. Es un francés, está guapo, siguen hablando, seguís pidiendo más tragos. Y más vodka. Y más Sprite. Y más vodka. Y más Sprite. Lo besás en la barra. Te das cuenta de que no te has movido de ahí en toda la noche. De esa banca. Él te dice que si te querés ir a su casa, que vive cerca. Sonreís porque tu plan ha salido tal como lo querías. Te parás, pero de repente, todo el alcohol se te sube a la cabeza.


Te despertás, lo ves a la par y esperás no haber hecho nada de lo que arrepentirte.

-You were so drunk you fell asleep once we got here, te dice.

Entonces respirás aliviado. Te vestís, despedís de beso de tu acostón de la noche y salís hacia la calle.


A unos pasos está la Market, con sus tranvías y autobuses funcionando. Te subís a uno. En unas horas vas a despegar hacia Tokio, y te sentís muy seguro porque aparentemente, todo va a salir de acuerdo a los planes que has hecho.

Llegar a Madrid/Regresar a Madrid


Hace meses venís imaginado este momento. Te inscribiste en enero a la universidad que empezaba en octubre, compraste tu boleto seis meses antes. 5 de julio de 2005. Llegar a Madrid es regresar a Madrid.

Llevás en tus maletas demasiadas cosas. Demasiadas. Recordás el aterrizaje y lo confundido que estabas porque pensaste que España todavía era África: qué reseco y qué arido se ve todo. Apenas unos árboles de vez en cuando y el resto café, como un desierto. Has venido todo el vuelo con el pecho hinchado de la emoción y con la mente atrapada en otro tiempo, en otro lugar. Agarrás taxi porque tus maletas pesan. El taxista es de esos que platican demasiado.


Vestís una camiseta celeste de botones y un pantalón Abercrombie & Fitch gastado y desteñido. Llevás el pelo recién cortado y latas de atún en la maleta. Llevás zapatos café de vestir y un montón de camisas de botones y DVDs en las maletas que recién te regalaron. El taxi va avanzando por carreteras y todavía no ves rastros de una ciudad.

Todas las carreteras son iguales. Los nombres y las palabras son nuevas, bonitas, las imaginás con acentos extraños. Sentís que los ojos se tragan todas estas nuevas señales como el agua pasa por la garganta.


Ves ese edificio. Ese hotel de colores que ya has visto en otras fotos. Qué bonito. Sentís que ya te estás acercando a la ciudad.

Vos y el taxi entran a un túnel.


Salís, y estás en el Paseo de la Castellana. Te sabés el nombre porque ya has examinado mapas en El Salvador y te sabés el centro de la ciudad casi de memoria. Creés que la podés recorrer con los ojos cerrados. Ves a tu alrededor y te sorprende lo tranquilo que estás. Tu primera vez en Europa. Has dejado tanto atrás y pensás que esto es definitivo.

Pobre, vos: nada es definitivo.

El taxi sigue avanzando y llega al redondel de la Cibeles. En El Salvador son redondeles. Ahí son plazas.



La Gran Vía se abre ante vos y la ves por primera vez. Dos años y meses más tarde vas a hacer el mismo recorrido, a la inversa, llorando, pero vos en ese momento no pensás en eso. Vas cada vez más cerca de Chueca. Comenzás a ver banderas de arcoiris. El taxi se adentra al barrio. En este barrio vas a aprender a hacer cruising. Vas a besar a hombres en las aceras. Vas a llamar desde el teléfono público a tu mamá para decirle que vas de visita. Vas a andar caminando con amigos, meses más tarde, borracho de cerveza, ciudad y continente.

El taxista, que no ha parado de hablar todo el rato, finalmente dice algo que te interesa.

-Hubiese venido un par de días antes y mira el Orgullo. Usted va a vivir en el barrio de los maricas, ¿sabía?

Vos le decís que no, no sabías, a pesar de que sí, claro, sabías. Sonreís y te arrepentís de no haber llegado unos días antes y haber visto el orgullo. Pero no importa. En ese momento nada te entristece.



El taxi llega a la Calle San Bartolomé y al número 19.

Te bajás con tus dos maletas, con tu maletín, y te despedís del taxista. Habrás pagado unos 30 euros. No te acordás. Comenzás a tocar el timbre de tu apartamento (perdón, piso) y nadie responde. Nadie responde.

Nadie responde.

Esperás un buen rato, unos veinte minutos, y te empezás a asustar.

Nadie responde.

Nadie responde.

Finalmente, alguien hace sonar la puerta. Entrás, es un edificio tan viejo. Tan lleno de gradas y tan vacío de ascensor. Te recibe tu nueva compañera de apartamento, colombiana, que te dice primero que perdón, que estaba en la ducha y no podía correr a abrir. Después de darte agua en vasos pequeños de IKEA te pregunta si conocés a alguien en la ciudad.

-No, no conozco a nadie.

Sonreís. Llegaste a Madrid. Regresaste.

Caminar borracho y homosexual en Sitges

"Sitges es el pueblo gay de España", te han venido contando desde hace ratos, y te gusta la idea de un pueblo gay. No estás en Sitges, estás en Barcelona, pero ese pueblo está muy cerca. Una noche, decís que vas a ir a conocer. Vas y te vas con tu amigo homosexual y deciden pasar ahí la tarde-noche y la noche, hasta el último tren de regreso a Barcelona. Comienza la tarde de manera muy inocente.


Te tomás unas cervezas en la playa, frente al mar bonito, el agua azul y espumosa del mediterráneo. Conversaciones triviales, examinando los cuerpos de los hombres, hermosos especímenes de este continente. Es verano y hace calor, pero lo soportás con tu pantalón corto y tu camiseta negra. Recordás, ahora que escribís esto, cuál camisa llevabas. Es una camisa negra, con el dibujo de un unicornio y la palabra "Horny". La compraste en Lisboa. Llevás, en tus hombros, una maleta con un pantalón para salir en la noche; también andás tu billetera y tu dinero, tus tarjetas, todo. La tarde pasa normal y tranquila. Ya te estás empezando a sentir borracho. Te vas a una esquina con bares gays, y como es tu costumbre, te seguís poniendo borracho.




Vas a una discoteca, pero no sabés ahora cuál es. No sabés cómo se llama, pero recordás perfectamente que sonaba "Relax, Take it Easy" de Mika. Estás tan borracho. Tu recuerdo se reduce a un montón de pasillos y a un montón de luces, al sonido de las pláticas en catalán, español y alemán y a vos bailando sin mucho ritmo ni mucha convicción. Tu amigo, un poco más alegre que vos, te dice que ya se va; que consiguió lugar para pasar la noche (lugar, quiere decir por supuesto, alguien a quién cogerse). Vos le decís que no, que tienen que agarrar el tren, entonces se ponen de acuerdo y él solo va a ir un rato al apartamento y luego se van a encontrar en la estación.


Vos te salís, cansado y con tu maletín todavía en el hombro, y caminás hacia el paseo frente al mar. Te recostás en una de las bancas. ¡Ay, qué bonito aquí, en el pueblo gay de este país tan gay en el que estoy viviendo! ¡Ay, si pudiera quedarme! Pero no, este es tu último verano aquí, y precisamente por eso es que estás haciendo tantas estupideces. Te quedás dormido entre tanto pensamiento. Se te hace tarde. Te das cuenta demasiado tarde. Te levantás asustado.

¡Se te va el tren!

Pero a esta ciudad llegaste solo hace unas horas. No la conocés. No sabés para dónde caminar. En tu estado etílico extremo recordás que la ciudad es como una colina, y si caminás para arriba eventualmente vas a llegar a la estación. Andás caminando, seguís caminando.

Calle,



por Calle,



Pero entonces, te das cuenta. No tenés tu maletín. ¡A la gran puta! Tus documentos, tus tarjetas de crédito, tu ropa, la dejaste en la banca. Salís corriendo de nuevo hacia abajo. ¡Ay qué bonito este país en el que estoy viviendo, en el que estoy pasando este último verano! ¡Tan seguro que nadie toca una maleta abandonada! Llegás a la banca en la que estabas durmiendo y la ves, sentadita, sin ningún problema, a tu maletita de cuero (que por cierto, ahora, ya no tenés, la regalaste).

Así que se repite la misma historia. Comenzás a caminar hacia arriba.

Carrer



por Carrer,



No sabés dónde estás, estás perdido. Totalmente perdido. Andás tan borracho que se te olvida completamente tu poca fe y tu poca creencia en los espíritus y en el más allá y entonces solo se te ocurre pedirle ayuda a tu papá muerto. Papá, por favor, lléveme a la estación. No puedo quedarme aquí. No puedo quedarme toda la noche solo, vagando aquí como tonto, sin tener dónde dormir. No tengo para un hotel. Tengo que encontrar tren e irme para Barcelona a la casa de mi amiga. Papá ayúdeme.

Seguís caminando, las calles, hacia arriba, tan chiquitas, tan largas, tan angostas.



Finalmente, la ves. ¡Ahí estás! Tu papá te guió hasta ahí. Lo ves, el edificio. Ves la señal, el ícono del tren. Corrés a los andenes y comprás tu boleto. Tu amigo está en una banca.




-¡Miguel! ¿Dónde putas estabas?

Los dos se carcajean y vos le contás la historia. La goma al siguiente día va a ser terrible.

*Recuerdo, vagamente, un momento en el que me acerqué a un balcón y alguien me tiró unos muffins y yo me los comí. Pero no se exactamente en qué lugar de la noche ocurrió eso, así que mejor ni lo cuento.

lunes, 2 de mayo de 2011

Anotación Al Azar:

Google Street View es una maravilla hermosa, bendición papal.

Caminar solo, borracho, con frío, en Shinjuku-Sanchome


La noche anterior estuviste en Arty Farty, la única discoteca gay para extranjeros en Tokio, y te la pasaste saltando y bailando con música extraña. Bailaste M.I.A. con una gordita filipina, bailaste Beyoncé con unos japoneses, alguna canción de la que no te acordás con unos taiwaneses y pedías cerveza tras cerveza con los yenes que se te acababan rápido, rapidísimo. Ya tenías un ritual: te tomabas un six pack de cerveza en el hostal (que comprabas en el Family Mart al otro lado de la calle) y cuando ya tenías el valor de salir solo, agarrabas el metro (Estación: Akebonobashi) y en un par de paradas más, estabas en el área gay, Shinjuku-Sanchome. Te bajabas y encontrabas con dificultad Arty Farty, lugar en el que hacías una fila para dejar el abrigo, otra fila para pagar la entrada y al final, otra fila para pedir la cerveza. Biru, biru, biru.

Esa noche, la noche anterior digo, te la pasaste bien además porque conociste a un italiano guapísimo, de unos 40 años, pelo entrecano y con, lo que pudiste descifrar, un cuerpo maravilloso. Comenzaste a hablar con él y una cosa llevó a la otra y cómo no, te lo topaste. Él quería llevarte a su hotel. Pero vos no quisiste. Vos le dijiste: encontrémonos mañana, aquí mismo, y luego vemos qué pasa.

Así que esa noche (la noche de caminar solo, borracho, con frío), te fuiste con el mismo ritual (seis cervezas en el hostal, el metro a unas paradas) a Arty Farty. Pero esta vez no hubo tal suerte. El lugar estaba más vacío, y ni la gordita filipina ni los japoneses bailarines ni los taiwaneses poco memorables estaban ahí. Te pasaste la mayoría del tiempo solo. No veías a nadie ni nadie te veía a vos. Vos estabas esperando al italiano (del cual ahora, mientras escribís esto, ni te acordás del nombre). El italiano nunca llegó. Ya tenías pocos yenes y era tu penúltima noche ahí. No podías tomar más, no podías quedarte más tiempo, así que te fuiste.

Caminaste solo y saliste de la discoteca. Este barrio es tan feo, pensaste. Estas calles con tantos cables y estos edificios nuevos.

Tokio, definitivamente, no es una ciudad bonita. Aquí parecen callejones del centro de alguna ciudad de Latinoamérica, solo que con las señales en caligrafía japonesa (?) y gente con los ojos achinados.


Saliste a uno de los bulevares principales, porque esta ruta ya te la podías. Caminaste y cuando ya ibas un poco adelante alguien te toca el hombro.

Vos, en tu mente, pensás: ¡el italiano!

Pero no. Es un japonés.

-Hello

Le contestás: "yes?"

-Eh, eh (él, está nervioso) do you want to go with me?

Vos lo ves con un poquito de risa guardada y le decís: "No, I'm sorry, I'm going to my hostel".

Él te ve con tristeza obvia y te dice OK, se va caminando de nuevo hacia Arty Farty, vos te metés las manos a las bolsas. Tenés hambre. ¿Habrá un 7 Eleven cerca? Seguís tu instinto y doblás en una calle que está por ahí, una calle grande, que es la calle que te lleva al hostal. Estás un poquito borracho así que todas las calles se confunden un poco las unas con las otras.



No pensás, en ese momento, lo lejos que estás de tu casa, ni lo loco que le parecería a algunos que andés solo así, borracho y con frío, en una ciudad tan grande y tan desconocida. Pero las ciudades no son grandes ni desconocidas, pensás, cuando ya te hiciste un mapa de ellas en la mente. Solo hay que caminar recto y confiar en el olor de los edredones de tu hostal. Comenzás a caminar y seguís caminado y la calle se te hace eterna.


Pensás que estás perdido. A lo lejos, ves una señal: KOBAN. Tu guía te dijo que KOBAN significa estación de policía y en ciudades como Tokio, tan seguras y tan feas, esas solo existen para ayudar a los turistas. Así que te acercás y le decís:

-Akebonobashi?

Solo le decís esa palabra, el nombre de la estación que andás buscando, y el japonés policía te ve con cara de "qué muchacho más raro es el que anda aquí, solo, borracho y con frío" y te sonríe y te señala, te dice algo, suponés que te dice "Es por ahí".

Así que vos, caminás por ahí. Seguís, seguís y seguís y a lo lejos la ves: la señal: la casa: Akebonobashi.


Tu hostal está a unos pasos de la estación. Ves el edificio pero antes ves, al otro lado de la calle, un Family Mart. ¡Sushi! Te alegrás y cruzás la calle, desesperado, en una zona no peatonal. Ups. Un policía te vio y te detiene, al llegar al otro lado de la acera.

-Passport! Passport!

Te da medio risa su acento japonés, pero te da miedo. Le decís, en inglés, que tu pasaporte está en el hostal. Te sigue diciendo "passport, passport" y te dice un montón de cosas en su idioma, en su idioma tan distinto al tuyo, y no podés responder nada. Solo le decís lo mismo. Está en el hostal. Así que el policía se cansa y te deja seguir. Entrás al Family Mart y comprás un montón de bolas de arroz (que te acordás, veías en un programa de Canal 10 cuando eras chiquito) y un par de bandejas de Sushi. El bajón.



Regresás al hostal y te metés a tu cápsula. Es prohibido comer ahí pero no importa. Pronto el olor a salsa de soya llena todo el lugar. Te dormís abrazando la almohada, o tu pasaporte. Extrañás al italiano. Ya extrañás esta ciudad tan fea.