miércoles, 28 de septiembre de 2011

Soltá las mancuernas: así estás bien

Quiero acercarme a vos y quitarte los audífonos de las orejas y decirte: Soltá las mancuernas, así estás bien. Así me gustás, con tus pezones en punta y tu cuerpo descrito por ojos ajenos como bolsa de crema. No sos ninguna bolsa de crema para mí. Estás en el punto perfecto. Estás perfecto. Me gusta el atisbo de vello que noto en tu pecho, me gusta la forma en que las nalgas abrazan tu pantalón de gimnasio. Me encantan tus ojos, tu nariz un poco torcida, la forma en la que notás que te estoy viendo y probablemente pensás que solo te cruzaste en mi camino. No, no te cruzaste en mi camino. El camino de mis ojos pasa por vos, por tus ojos negros grandes, por tus brazos que cada vez veo más fuerte y tu panza que cada vez se va haciendo pequeña pero no: detenete. Soltá las mancuernas. Bajalas. Yo las pongo en su lugar. Así como estás estás bien.

Te abrazo ahí frente a todo el mundo y te lo repito al oído. Los audífonos siguen expulsando la canción que estabas oyendo y solo es un ruido como estática. Ese ruido nos envuelve y el resto de gente habla de nosotros pero no escuchamos. Salimos así, abrazados, del gimnasio. Y llegamos al parqueo a mi carro y luego a mi cama y te desnudo:

sí, así estás bien. Maravilloso, de hecho. Te voy a preparar pancakes de desayuno.

martes, 27 de septiembre de 2011

Tanto de nosotros


Tanto de mi sudor y tanto de su sonrisa...
Tanto de mi cachete en su brazo y su nariz en mi pelo lleno de gel...
Tanto de mi mano terriblemente larga y su cariño hacia objetos inanimados
Tanto de su camisa blanca ajustada y mi maquillaje café que no iba destinado para esa blusa plateada...
Tanto de mi barba y tanto de sus lunares
Tanto de su gesto como despiadado y tanto de mi sonrisa que quiere ser feliz...

Tanto de la insistencia de seguir siendo dúo a pesar de ya no seguir escribiendo juntos..


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p.d. Este post fue re-construido a partir de comentarios en una foto de facebook...Algunas líneas son de Flor y otras mías, pero no digo cuáles.

Lucía

No me veás a la cara, Lucía, que tengo cheles en los ojos y pasta blanca en los labios. No me veás a la cara, Lucía, que se me acercan las moscas y se me paran en las cejas y me las tengo que apartar antes de que tus ojos, Lucía, se den cuenta. No me veás a los ojos porque los tengo de diferente color, uno que se aparta para verte las orejas y el otro que se despega, vuela, para ver tu espalda. Me molesta tu mirada, Lucía, porque solo es eso: mirada. Se que no me pensás, solo me ves; se que se limitan tus ojos a examinarme o a probarme, como científico loco en bata blanca llena de sangre, dándome vuelta como se le da vuelta a una chaqueta reversible, dejando expuesta mi carne y mi bazo, las venas que gotean sangre y que por favor, te pido, no veás con tus ojos, Lucía.

Aquél día en la calle te encontré caminando sola, Lucía y te pedí que por favor no me vieras a los ojos. Noté las estrías debajo de tus chiches y quise besarlas, como imperfección tan tuya, de tu vieja gordura y tu actual hambruna. Lucía, no me veás a los ojos, que me da miedo ponerme a llorar, subirme al carro y manejar hasta la carretera, bajarme y dejarlo abandonado, caminando lejos solo pensando en tus ojos Lucía, en la forma en que me vieron, en la calle, en la casa o en la cama, antes de que el asfalto se tragó tu piel y el sol quemó tu pelo, lo tostó entero, como se tuestan las mujeres en las playas, tan desnudas como tus ojos, Lucía, tanto aburrimiento y tanto olvido.

No me mirés a la cara, Lucía, que no soporto la idea de tus ojos despiertos.

'The way that we dream is the way that we live: alone.'

Cómo quisiera ser tu boca o tu mente y que yo fuera tu canción, ves, flotando al aire al oído de los que te escuchan. Abrazarte las encías o los dientes y dividirme en partículas u ondas sonoras y flotar, flotar en el Teatro Griego o en el Shoreline o en el Roseland o en Tyrone's. Ser parte, también, del sudor que cae debajo tu camisa, que se vuelve más delgada o del sudor que moja tus calcetines, que moja los vellos de tu pecho o las pequeñas comisuras de tu lengua, las que tocan la cerveza y la empujan hacia el estómago adonde yo, desnudo, me baño en tus jugos gástricos. Nada me quema, todo me protege: tu voz resuena en la cavidad de tu tórax y abrazo tus pulmones, los alvéolos, me enredo en tus cejas y cuelgo de ellas hasta caer, plano, en el escenario.

Cómo me gustaría ser parte de vos o hundirme en tu pelvis, asexual o cromosoma. Por un rato parece ser posible, por un rato con tus canciones...que se van acumulando, melodías incesantes, coros y estrofas, medios puentes y finales, y los insoportables, largos eternos silencios en los que de nuevo estoy fuera, en los que floto en el aire sin siquiera poder alcanzar a ver tu cuerpo en la distancia.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Escribiendo en la ventana

Pero los dinosaurios van a desaparecer

Como un eco.

Reconstrucción de las fábulas

Comprendo poco de tu noche pero la entiendo solitaria y húmeda. El sereno anda dando vueltas en el aire y entra a mi nariz. Encuentro en las calles obstáculos bonitos que superar. Camino estas calles que antes conduje y recuerdo palabras de los vigilantes, las miradas de los soldados, los tomates en mi boca. Los rótulos están iluminados y son o Times Square en ruinas o Las Vegas con sífilis. Presiento mi mente destrozarse. Siento las arrugas y las curvas de mi cerebro apretarse y soltar como esponjas el agua que han ido acumulando durante la noche. Las malas decisiones y los impulsos idiotas y los errores se ponen en línea, todos, para que los cometa. Es como un desfile de la deshonra. Van cayendo, van creciendo todos. En mi mente suena una canción y escucho perfectamente la voz del cantante. Es asombrosa la claridad que te da una borrachera. Todo lo ves con facilidad y sin consecuencias. Lo malo es que las lecciones que aprendés con el cerebro apagado pero el cuerpo encendido se te olvidan al siguiente día. Y seguís tratando de reconstruir las moralejas de las fábulas o los detalles de los cuentos por días enteros, buscando en el ático de tu mente los rastros o las pistas. Usualmente no las encontrás, pero en el esfuerzo está la recompensa. En seguir escribiendo y seguir esperando que en algún momento, la verdad aparezca entre tus palabras.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Supongo que necesitaba caminar


¿Que por qué lo hice? No se, supongo que necesitaba caminar. Y la idea era loca: cómo caminar de madrugada, en una ciudad que no es para nada caminable, en la cual tenés que cruzar zonas peligrosas para llegar a cualquier parte. Pero de mi mente no se quitaba la idea. Estaba cansado. Estaba borracho. Estaba aburrido y desesperado y otra vez, borracho. Alguien me decía que me quedara. No recuerdo mucho de su rostro pero recuerdo que hablaba largo rato sobre que no me fuera. Pero no, yo me quería ir. En mi mente la ruta la tenía clara: arriba hacia la capilla y luego por el Kreef de la Mascota y luego por el puente ese raro (¡ahí me van a asaltar!) y luego hacia el Paseo. Prácticamente ya estaría en mi casa, en mi edificio. Las cosas son diferentes de noche. Las casas se ven diferentes y a uno le da risa. Me da risa, porque por no andar efectivo y por no querer molestar a nadie y por querer escapar y porque sí, supongo que necesitaba caminar.

Me da risa acordarme y algo de miedo, me pongo a teorizar sobre el fantasma de mi papá que me cuidaba mientras caminaba o que en ese momento por fin San Salvador se vio libre de crimen y peligro y sí, ahora ya vivía en una ciudad en la cual podía caminar desde un lugar a otro sin miedo. Podía caminar borracho y cruzar los pasos peatonales y sí sentarme si quería a ver un poco de la noche a ver cómo las nubes desaparecían en el cielo con el viento después de una tormenta que, bendito sea, solo duró un poco.

¡Miren! ¡Ahí está un banco! Y entonces, en mi mente de borracho, en mi mente con 30 Regias adentro digo que sí, que puedo pasar al cajero. Puedo sacar dinero e irme al 'puesto' de comida mexicana a comprarme unos tacos. Y me voy.

Y sigo caminando. Y comienzo a correr. Y me carcajeo. ¡Estoy caminando! ¡En San Salvador! De repente todo lo que me han dicho me parece mentira, Santa Claus sí existe, sí hay Dios, él me está cuidando, hay ángeles de la guarda, cuando lo matan a uno es por mala suerte, no porque este país sea peligroso, aquí no hay maras, aquí todo el mundo está dormido o borracho y por eso no les importa que un loco ande corriendo por la calle y con una bolsa de burritos en la mano, con tres burritos, mordiéndolos caminando, tragándose los frijoles, dándole gracias a algo, a alguien, por darle la oportunidad de caminar, en esta ciudad tan bonita, en las faldas de un volcán, qué cielo más hermoso y que día de invierno más delirantemente maravilloso.

Llego a mi casa y me acuesto en una piscina de chirmol y estoy intacto. Mi teléfono, mi dinero, mis tarjetas y mis zapatos.

¿Que por qué lo hice? No se, supongo que necesitaba caminar. Vivir en San Salvador le puede atrofiar a uno los pies, la vida, las borracheras y los impulsos. Así que por una vez la locura prevaleció. Pero lo bueno es que solo de la locura salen las historias interesantes.

Para una historia parecida pero con final un poco diferente, de clic aquí y váyase al blog de la Señorita Violenta.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Desaparecer

-Decime, para qué estás aquí.
-Vine a desaparecer.
Y de las cosas: del vientre de mi mamá, del pene de mi ex-novio, de las libretas en blanco, de los parlantes con música aburrida. De los sillones con la piel pelada, de las vistas que son la misma todos los días, de la ciudad sin playa y montañas sin nieve. De los problemas de la religión y la hermandad solidaria de los aposentos malvados, del cañal y El Cocal, de los aviones que no despegan. Vengo, a desaparecer: a traerte las cosas que te debo, a entregarte mi nombre y mi apellido, a verte por un beso o por dos, a huir de los recibos y las cuentas bancarias y las preguntas de en qué trabajo o el café otra vez con un desconocido o la cerveza que emborracha de otra forma, vengo a desaparecer en otros alcoholes. En estas ciudades, en estos mapas y leyendas, en el sur y en las fábulas de la reconstrucción de mis días. Mis días, que son así, como una canción o himno de trabajadores bien construida, como si murmuran o dibujaran un círculo perfecto con el peregrinaje hacia Europa. Pero esto no es Europa. También desaparezco de Europa:

y desaparezco de las presiones y de las despedidas y de la ausencia. Vengo lejos a establecer de nuevo mi identidad, que solo la encuentro en el camino. Si me quedo quieto me convierto en musgo o en un loco abrazando una almohada y viendo la pared. Desparezco. Vine aquí a desaparecer.

Bienvenido al invisible viaje del alma.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Yo estaba enamorado de una banda

Y la banda me dejó. R.E.M. se separa, pero no me separan de sus discos, que los tengo todos, en archivos MP3 (porque quién tiene ahora de los discos redondos esos) y los escucho cada vez que quiero, movido por lo mismo que me movió después de la primera vez que los escuché, cuando solo eran un par de canciones conocidas, o cuando una sola canción me provocó bajar toda su música y descubrir en ellos un identificador sonoro, una forma de interpretar mi vida en las guitarras y las letras oscuras o incrementalmente románticas de Stipe. Aquí, en mi computadora, en reproductores MP3 pero sobre todo en mi cabeza, quedan las canciones y el sonido de su música. Cierro los ojos y puedo escuchar perfectamente el piano de algunas canciones, las voces y los coros de otras, las versiones en vivo de las que más me gustan.

Por mucho tiempo he escrito sobre esta banda y lo que significan para mí. Pero lo voy a dejar de hacer. Se quedarán conmigo, guardados, los voy a convertir en memoria cerrada y final. Así los tengo solo para mí, y los que me leen ganan sin tener que estar aguantando oooooooooooooootra entrada sobre los movimientos rápidos del ojo.

Estaba enamorado de una banda. Me dejaron. Pero yo los sigo queriendo, como amante rechazado pero aún obsesionado, que no le dice a sus amigos que sigue atontado y pone cara de alegre pero se encierra en su cuarto, pone Hairshirt a todo volumen, y la mandolina le perfora el oído con una tristeza parecida a la alegría. Algo así como R.E.M. Algo así como su música.

domingo, 18 de septiembre de 2011

La Alopecia como Tragedia

Es la crueldad la que se lleva tu pelo
folículo por folículo
en el baño o en la cama o en las manos de un hombre agitado
o en el pasillo, o en el cualquier lugar en el que caminás
te lo arranca, hasta que te quedás con el Atacama como cabeza
como superficie yerma de la que ni surge agua ni surge vida ni surge colochos, los colochos a los que te acostumbraste tanto.

La crueldad es la que se lleva tu pelo y te deja solo, como bebé alienígena, saliendo de la vagina de tu mamá, la calva ensangrentada.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Cuánto puede pasar.

Mirá: allá están todos tus años. Te están esperando. Si dejás de tomar tanto vas a tener más. Si cuidás la diabetes aún más. Si dejás de fumar con el aire acondicionado encendido. Si dejás las prácticas. Allá están todos tus años y están sentados en sillas y están esperando a que vos los llamés y uno a uno
uno a uno irlos llenando
y llenando con letras y las historias y algún que otro viaje y descubrir nueva música y buscar otra casa y darle besos a tu mamá, un abrazo a tu hermana, un almuerzo con tus amigos, una cerveza con el que te gusta, un abrazo a un extraño, la comida que te llena, las letras que se apuñan en tu cabeza, llenarlos todos, sí, también con las horas que dormís (que dormir también es ocupación), con las pesadillas y alguna vuelta por la ciudad, sacarle una sonrisa a tus sobrinos y una sorpresa a gente que jamás te imagina
e irlos llenando y llenando
están vacíos, todos esos años y allá están: mirá, miralos. No los dejés esperando. En su cara noto que quieren conocerte.
Muy pocas veces es posible ver ojos de esperanza en la mirada del tiempo.

O de cómo The Beatles me tienen despierto a las 2:31 a.m.

The Beatles siempre me parecieron ridículos. Sí, innovadores porque iniciaron muchos de los movimientos musicales, sí importantes porque son responsables del concepto del álbum y de elevar el pop a arte. Pero. Pero. Siempre creí que su valor llegaba hasta ahí: que eran pura influencia y nada de estilo. Y por un lado, es cierto. Tanta música después de ellos los ha dejado solo como una referencia, como "ellos me dijeron", pero quizás por eso (y por mi edad) jamás le había puesto la atención que merecían. Además, sus letras me parecían tan tontas: realmente demasiado inocentes y simples para la sensibilidad actual. Sigo pensando que la mayoría de sus primeras canciones son puros chicles y que esa incapacidad que tuvieron de ser buenos desde el principio los va a manchar para siempre...

Pero escucho Rubber Soul y por fin entiendo a lo que la gente se refiere. Luego escucho Revolver (y sobre todo "For no one" y "Tomorrow never knows") y todavía lo entiendo más. Estos discos son tan ricos (y lo digo por su riqueza musical y por su riqueza simple, lo rico que se siente oírlos) que me parece tan tonto no haberlos escuchado antes.

Luego escucho las canciones de sus siguientes discos y las encuentro demasiado afectadas, exageradas en sus propuestas espirituales e idealistas.

Así que establezco, por el momento, que mi momento favorito de este grupo es el punto medio entre la tontería de sus primeras canciones y la psicodelia de sus últimas. Más pop orquestal y country-rock y menos coritos bobos o experimentos histéricos.

Y qué bonita es "I'm looking through you", qué bonita es.


Dicho esto, aún pienso que Pet Sounds de The Beach Boys es infinitamente mejor que cualquier canción, disco o eructo de The Beatles. Sí.

sábado, 10 de septiembre de 2011

It takes a muscle

Aquí me siento y retraso el baño, la ducha. Mi cuerpo está sucio, aún sucio; la verdad, así me gusta. Me gusta con restos de desodorante de ayer debajo de los brazos; me gusta con el sudor de la noche detrás de las rodillas. Aprecio la acumulación de olores y sabores en la boca, que saben a suciedad pero eructan en vida. Me envuelvo la sábana, la sábana de tantas noches. Tolero la fetidez de lo mío porque es mío y yo lo he creado. Yo he generado estos olores desagradables para los demás, perfume para mí. Me siento como fábula o como moraleja, como advertencia para aquellos niños que apenas aprenden en la escuela que es necesario bañarse todos los días. Siento cómo se van acumulando los segundos malolientes en mi piel y como cada minuto también se eriza, se sumerge en la epidermis. Dejo que el humo de un gas envuelva el cuarto y se vuelva ambiente. Cierro la puerta y las ventanas y permito el olor de los calcetines sudados y la ropa tostada penetrar mi nariz, como si un halo de luz se tratara. Siento calor pero confío en la capacidad infinita de mis gotas de sudor, que se deslizan por la espalda, que mojan el suelo que hace ruidos cómicos cuando me muevo. Mi piel, sin ser tocada, es terreno árido, páramo llano. Alguna hormiga camina en mí e imagina molinos gigantes, monstruosos, que hacen que los vellos de mi espalda se levanten y muevan al ritmo de una ventisca imaginaria, imperceptible si no fuera por la quietud de todo lo que la rodea. Hacerse uno con estos olores, con la comida entre mis dientes, con las úlceras de mi esófago. Encuentro en esta decadencia una honestidad poética. Nada más humano que lo horrible y lo horrendo. Nada más humano que hundirse en la quietud del desgano y el asco. Canto alguna canción que se me ha quedado en la cabeza y al dejar el aire salir de mi boca se convierte en vapores de halitosis y placas de bacterias. Me acuesto boca abajo y me entrego al suelo, la punta de mi pene dejando rastros y mi boca simulando besar a otra boca, hecha de cerámica, con el mismo olor que la mía, con el sabor de mi piel que cada vez encuentro más tierna, caliente.

Me duermo con ronquidos estridentes y los vecinos, preocupados, comienzan a tocar la puerta.

He estado esperando

Me ha tomado todo el tiempo esperar, no he podido hacer nada más: es actividad obsesiva, de inmersión. No se puede hacer nada más cuando se está esperando, he querido pasar el tiempo con la música o el café o escribiendo algún párrafo o cocinando o saliendo a poner gasolina al carro o viendo película en repetición pero no, en realidad no he hecho ninguna de esas cosas: lo único que he hecho ha sido esperar. Algunas veces toma más tiempo, algunas veces se estira y algunas veces pasa más rápido pero siempre es así: siempre es la espera, siempre es estar ocupado esperando y cruzando dedos, dando vueltas en el pasillo, viendo la pared y esperando la luz del teléfono o el mensaje nuevo o el ring de los labios o el timbre de la puerta: esperar, trabajo a tiempo completo, obsesión clínica.

Y todavía sigo, todavía estoy aquí. No me traten de encontrar, estoy ocupado esperando.

El sueño no me tiene

El sueño no me tiene; me huye. Me ve y me encuentra demasiado despierto, mis ojos abiertos lo asustan. Se va, corriendo, a otras camas, a dormir a bebés y a ancianos, a dormir al vigilante del edificio. Luego, cuando pongo una película y comienzo a pensar en otros climas y otras manos regresa y me contempla, se sienta a la par mía y comienza a tornarse algo menos huraño, como si ya perdió el miedo y se atreve a tocarme. Oigo su voz y es una voz somnolienta, por supuesto, la voz de un amante agotado. Me pasa las manos por mi brazo y por la espalda, su tacto es parecido al de la lana de una oveja. Se pone más cómodo, yo me pongo más cómodo; me abraza y me cierra los ojos y me abre la nariz y me calma la ansiedad del estómago.

El sueño, familiar ahora con mi cuerpo y yo familiar con el de él, se hunde conmigo en el colchón. Está sin sábanas, pero ni al sueño ni a mí nos importa. El sueño, que no me ha tenido por ya más de 15 horas, se siente contento de estar de nuevo conmigo. Me cuenta un montón de historias, de ronquidos y pesadillas, de fantasías y sudores. Me cuenta sobre los bebés que mueren súbitos; sobre los viejitos que mueren esperanzados; sobre los terremotos que despiertan. Poco a poco sus anécdotas se me hacen arrullo y desdoblo mi cuerpo, lo sumerjo en el movimiento rápido de mis ojos y el sueño, satisfecho, se levanta y se va, dejándome dormido.

No es hasta el siguiente día que lo encuentro, nuevamente, viendo televisión en el cuarto contiguo. Me siento a su lado y tenemos una conversación enteramente construida con bostezos y nos decimos las cosas más lindas hasta que despertamos por completo.

viernes, 9 de septiembre de 2011

No va a venir

Se dio cuenta la mañana en la que se puso la chaqueta porque la ciudad amaneció fría, atlántica. Caminó por la calle a la cafetería a pedir su cortado y pronunció las palabras con una voz triste, decepcionada.

Dijo en su idioma, a su mente: "ya no va a venir".

Hace ratos habían terminado los mensajes o las llamadas repentinas o las sonrisas y los chats insistentes. Quizás conoció a alguien o quizás está con alguien ya. Había imaginado ya su pequeño cuerpo en su cama y regresar a los lugares en los que se conocieron.

Se quemó la lengua con el café y esperó con ansias la noche para tomarse una cerveza en el bar oscuro y que de repente alguna mano o le recordara a él o se pareciera lo suficiente para sustituirlo. Al final nadie es imprescindible.

Pensó en enviarle un mensaje pero los dedos se le congelaron al tocar el teclado.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Proceso de adopción


Ya está el proceso de adopción
vamos a adoptar un león
esta foto te la tomé mientras te relajabas en el jardín de nuestra hacienda en el centro de África y vos querías sonreír pero Roberto (nuestro tigre hermoso) te dijo que pusieras cara de serio
luego entramos y comimos ensaladas caprese
y vos me diste un beso en la mejilla
y me dijiste
me hacés tan feliz
jamás pensé, en la selva o en el desierto, con gavilanes o buitres, con ratones o pitones alrededor de mi cuello, jamás pensé que vos
el animal más hermoso
un salvadoreño común y corriente
me haría sonreír tanto, aquí en el comedor, en la sala, en la cocina y en la cama
Miguel,
te amo tanto.

Sos mi especie favorita. Te quiero conservar para siempre.

El Principito


Le clavaría las espinas de la rosa en la espalda hasta que sangrara toda su sangre azul, petarda
lo rociara con la ceniza de sus cráteres y lo golpeara con ramas gordas de baobabs
haría que cometas se estrellen con su planeta y le destruyan los biombos
le dibujaría un cuchillo devorado por una boa que lo devoró a él y a sus colochos rubios
lo quemaría con la llama que ocupo para encender los faroles (ya callate, mono cerote)
lo mordería con mis dientes de lobo y lo haría caminar por el desierto hasta que se desmayara
con las manos en la cara
triste porque se va, pobre Principito.

Y colocara una espada grande, afilada, para que cayera sobre ella y su cuerpo se evaporara en humo y polvo hasta que en su pequeño asteroide solo quede la leyenda de un pequeño ridículo que viajó por el universo con su voz chillante y sus dichos de Hallmark o Precious Moments o Amor Es y convirtió a un montón de gente en un montón de compartecitas, publicacursilerías ambivalentes obsesos.

martes, 6 de septiembre de 2011

Tus rines anaranjados

Me subiría a tu carro con rines anaranjados, pimpeado como lo pimpean los heteros como vos, acariciría tu barba con mis manos mientras vos manejás y ponés quinta y acelerás todo lo que podés y lo que tu carro con rines anaranjados puede (así son ustedes los heteros, les gustan las cosas rápidas y con el pedal hasta adentro) y luego te dejaría que me llevaras adonde quisieras, a un motel, quizás, y te haría cosas impronunciables que harían olvidarte de la

Karla
Jimena
Julia
Patricia
Karina
Julia
Sonia
Beatriz
Carolina

y todas las que intentaron antes pero nunca entendieron que tu belleza de verdad está en tus piernas flacas en tus brazos grandes en tu pecho definido en tu sonrisa de hetero idiota prepotente macho qué rico ha de coger ese chero pero especialmente en los rines anaranjados de tu carro.

Arrancalos y dame verga con ellos, golpeame la cabeza, destrozame las piernas y recostate conmigo mientras me desangro y me pedís disculpas y el rin rueda calle abajo. Será lo más hermoso que ha hecho un hombre por mí.

Tenis y sofá negro

Bastante has tenido ya con la nariz y la infección del oído. Será que te cuesta articular palabra cuando estás con ella, cuando te rodea el humo de sus discursos y te confundís con el tamaño de sus aureolas. Estás contento, por fin están juntos. Cuánto tiempo. Cuánto tiempo ha pasado desde que la viste por primera vez en La Ventana y se acercó a tu mesa con algunos amigos para saludar. Se saludaron de dos besos (pensaste que estabas loca) y cuando todos se fueron se quedaron solos, hablando y tomando cervezas de barril hasta que las meseras mal encaradas empezaron a levantar las sillas, a apartar los vasos vacíos y platos con frijoles de las mesas con manteles que parecen haber salido del armario de tu abuela. Nadie veía el reloj y se acercaba la una de la mañana y todos los empleados estaban en un círculo hablando en el bar y a ustedes les dio por inventar conversaciones, por pensar que al salir al parqueo los iban a asaltar porque esos días andaban asaltando en la Escalón y chambreando sobre las intervenciones e instalaciones y becas y publicaciones y concursos del Centro Cultural. Te he visto por ahí, le dijiste, pero hasta ahora no había podido decirte hola. Si hubiera sabido que te gustaba lo hubiera hecho antes. Te dice que qué bueno que lo hablaron y el ruido del portón del restaurante cerrándose les avisa que tienen que levantarse, irle a pagar a la cajera que siempre parece estar de mal humor (será todo el dinero que le dan) y agarrar dos dulces de menta de la canasta, casi vacía, a la par del libro ese de caricaturas del que se estaban burlando minutos antes.

¿Pero cuándo vas a publicar un libro vos? Te dijo, y vos te reíste, porque ajá, libro feo o no pero el viejito ya tiene su nombre en una portada.

Salieron a la plaza y como esta ciudad es de llantas y no de pies, se tuvieron que separar. Quedaron de encontrarse en alguna intervención o instalación o concurso de beca o taller gratuito o presentación de publicación en el Centro Cultural, en la próxima, veamos el calendario y nos juntamos, agregame al facebook, ahí platicamos.

De vez en cuando ella actualiza su estado diciendo que está en La Ventana y te dan ganas de ponerte pantalones y llegar de imprevisto, por sorpresa, pero esperás paciente, con la ventana del chat abierto para que te salude, ojalá te salude, si supiera que le gusto le dijera hola o la invitaría a una performance o al Paseo del Carmen o a mi cuarto a ver películas o al Barbas o a Zanzíbar en una noche que no esté tan lleno.

Finalmente se desconecta y vos eructás y te desabotonás el pantalón y te dormís, esperando que al siguiente día anuncien o alguna intervención o instalación o concurso de beca o taller gratuito o presentación de publicación y poder decirle "vamos, pues". Hablemos para quedar o algo.

Te dan ganas de acribillar internet y la incertidumbre de los planes que se hacen entre cervezas.

Lugar o Before Sunrise

Es la pared de un edificio en la Calle Augusto Figueroa de Madrid. No se qué color tiene ahora. Probablemente rosada, como siempre ha sido. Es un edificio grande, con balcones en toda la fachada, balcones con barandas de hierro y detalles blancos que o son curvas o son flores o son pequeñas cabezas de ángeles. No recuerdo. En este momento es de día. Las 10 y 15 de la mañana. El café ya debe estar abierto. Gente caminando por ahí, con bolsas de compra porque se ha vuelto una calle con un montón de tiendas, un montón de restaurantes, pero ya no estamos ni vos ni yo ahí y ya no me estás dando el primer beso que me dieron en la calle, sin estar en un cuarto o en una oficina con las cortinas cerradas. Apoyados en esa pared de ese edificio fue donde nos besamos por largo rato y lo que más recuerdo es la emoción de estar en público. Tu cuerpo masculino contra el mío y la gente andando por ahí sin importarle nada. Tal vez incluso ellos se besaban. Tal vez ni nos vieron. Te lo dije. Recuerdo habértelo dicho. Esta es la primera vez que beso a alguien en la calle. Siempre he pasado escondiéndome. Estábamos borrachos. Casi siempre estoy borracho cuando beso. Y estar borracho solo me emocionaba más. Me daban ganas de agarrarte la mano y llevarte a besarnos a alguna plaza del centro o a la Gran Vía y besarte en los vagones del metro o en el restaurante donde unas viejitas atendían nuestra mesa y en vez de sacarnos se reían con (o de) nosotros y decían "cómo ha cambiado España" y ni yo ni vos somos de ahí pero sí, cómo ha cambiado.

Los lugares: los vamos dejando y desaparecemos pero por un segundo nos hacemos parte de ellos, insistentes, marcando territorio. Esa pared es nuestra, a pesar de que ni estemos juntos ni sigamos ahí. Tiene nuestro nombre, nuestro nombre imaginario y la reclamo exclusiva en mi memoria.

Por más que el ayuntamiento la mande a pintar o cubran el graffiti, la marca de mi espalda mientras me besabas, tus manos apretando mis nalgas y raspándose en el concreto, eso lo dejamos impreso. En un material más fuerte que la pintura, en una sustancia más duradera que la tinta. Lo dejamos escrito en el mapa de la memoria de esta calle, que tiene tanto que recordar, pero qué suerte que nos tiene a todos los que pasamos por ella para ayudarle.

Nada se pierde mientras se siga pensando. Nada se pierde mientras se siga escribiendo.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Málaga:

Sos un desperdicio marino. Sabés a pescadeta frita y a camarones rebozados en pan viejo y me dejás aceite aceitoso en el labio, con resaca de tu cerveza barata y tus paseos llenos de palmeras meneándose huevonas con el viento caliente de tu mar que ni está aquí ni está allá. Te aferrás inútilmente a la memoria de alguien que nació en vos pero se fue tan pronto como pudo y jamás te vio como algo digno, porque no, Málaga, no sos nada digno. Estás a un paso del Puerto de La Libertad y de una fea, ridícula Habana. Me das asco en el recuerdo porque en tus esquinas no encontré nada y me sentaba en tus mesas estilo fiesta patronal y veía pasar a los turistas rojos y gordos, con bolsas canguro llenas con sus pasaportes y billetes de euros de 50 y eructando la tortilla de patata con chorizo. Te deberían de hundir y armar una playa vírgen, bonita, de los restos de la arena que construiría el final de tus edificios. Ya tuviste tu oportunidad, Málaga, y la desperdiciaste. Qué más podías hacer. Nadie te quiso nunca y nadie te va a querer. Prefiero vivir en San Salvador que vivir en vos, y eso dice mucho.

Te voy a freír en aceite asqueroso y te voy a alimentar a un perro hambriento. De algo vas a servir.

domingo, 4 de septiembre de 2011

4:07 a.m.

Just in time
you found me just in time
now you're here
and I know where I'm going
no more fear or doubt
found my way...
clic, clic, clic, clic...

Julie Delpy bailando como Céline, mientras Ethan Hawke (Jesse) la ve...al fondo...al fondo mi cara despierta. Y no sabiendo qué hacer.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Calvo

Se me está cayendo el pelo
recogelo con tu boca y volvémelo a poner
luego me ponés un par en la lengua
y me los trago
que me nazcan desde adentro, de nuevo, para poner mi cabeza en tu pecho, otra vez,
como antes

recogé los pelos que se me han caído en la cocina, en el baño, en la sala, comételos con tu ensalada. Se me está cayendo el pelo. Hacé algo con él.

Verán, hace ratos que todo está por el suelo. Como cuando Mafalda bromea con los ánimos, o algo así, que andan por los suelos. Que los zapatos siempre terminan en el suelo y entonces por qué los ánimos no.

Extraño la cerveza. La cerveza es buena, no solo por el efecto, también por el sabor.

Ha dejado de llover desde hacer un par de días. La noche se ve tranquila y oscura pero por ahí escucho que mataron a la Niña Nita que vive a dos cuadras de la casa de mi mamá. La mataron amarrada, porque la encontraron amarrada. La cara la tenía de horror, como si la habían violado antes o la habían violado durante. La navaja le entró al mismo tiempo que el pene solo que el pene logró salir para que su dueño escapara. La Niña Nita va a ser enterrada con ataúd cerrado porque por más que intentaron en la mortuaria no lograron cambiarle la expresión. Así que va a estar para siempre así, enterrada con cara de susto, hasta que la piel se le pudra y los ojos se le hundan en los huesos. Pobre Niña Nita. Va a ser un cadáver asustado. Y así estamos todos nosotros. Asustados. Y ahora quién nos va a vender los churritos.

Verán, extraño el brazo derecho de mi novio. Me masturbaba todos los días con ese brazo y lo hacía de manera tan precisa que me hacía acabar en un par de minutos. Casi nadie me ha podido hacer acabar como él. Usualmente no tienen la fuerza ni la determinación para hacerlo. Extraño ese brazo derecho. Se lo arrancaría ahorita y lo ocuparía de máquina masturbatoria. Eso es un invento. Mano masturbatoria, modelada a partir de las manos de tus ex-novios, el que más te gustó, el que mejor te masturbaba. Buena manera de pasar el tiempo.

Prometo algún día ordenar mi clóset. Prometo algún día ponerme una camisa que no esté arrugada. Prometo algún día reparar el sofá de la sala. Prometo algún día reparar el vidrio de este cuadro que me quebró un hombre borracho. Prometo algún día lavar todas mis tazas. Prometo algún día sacar esos manteles de esa bolsa. Prometo algún día. Lo prometo.

Encuentro en mis eructos un placer sin igual. Quizás sea un poquito heterosexual.

Hoy estaba viendo una película porno heterosexual. ¡Cómo sacudía a la pobre mujer! Eso no es de Dios. Tenía que haber estado con algún hombre.

Resulta que mi película porno no la encuentro. Estará perdida en alguna habitación de mi pequeño apartamento. Me voy a arrastrar como perro y voy a oler el suelo hasta encontrarla. A veces cuando estoy solo me agarra por arrastrarme por el suelo y simular que soy un bebé viviendo solo. Extiendo mi mano para alcanzar el cepillo de dientes y la pasta y me cepillo en el suelo. Con esfuerzo lleno el vaso de agua y me enjuago y escupo en la ducha. Allá van, las burbujas del bicarbonato de sodio. Quizás me tengo que comprar otra pasta de dientes, pero esta vez algo diferente, algo más básico, sin tanta fanfarria, solo con bicarbonato. Sí. Algo así necesito. Así voy a estar bien.

Pero entrar gateando al súper, no me gusta la idea.

El hambre como estilo de vida

He decidido que siempre voy a comer desnudo frente al espejo. Sin importar el qué, si la cena o el almuerzo, o un par de galletas con leche, me voy a desnudar y voy a comer frente al espejo viendo mi cuerpo y cada uno de sus defectos e interiorizando que cada bocado que estoy dando se está alojando en alguna parte de él y luego, cuando me ponga los pantalones, obstruirá su cierre o se saltará por debajo de mi camisa o se verá en las fotografías que me tome. Voy a servirme la cena en una mesita especial que deje ver la mayor parte de mi cuerpo y me voy a mover, voy a cambiar de posición, solo para darme cuenta del daño que me está haciendo este atentado. También, lo voy a hacer cuando tome cerveza. O cuando me den ganas de vodka. Todo el tiempo ahí, consciente de lo que está pasando. Voy a ver el camino del bolo alimenticio por mi esófago hasta mi estómago y luego mis intestinos y luego la grasa y los carbohidratos desprendiéndose y alojándose en el espacio entre mi pecho y mi pelvis, a los lados de mi espalda, atrás, en los rollos que en inglés llaman love handles pero que hasta ahora me ha costado encontrar quien los ame.

Voy a comer enfrente del espejo y eso lo voy a hacer y punto. Presiento mucho llanto, especialmente cuando estoy triste y como chocolate, cuando estoy deprimido y compro sorbete, cuando me estoy hartando un bote de semillas de marañón en menos de 10 minutos.

Verán, ser un adolescente gordito estaba bien. No tenía interés en el sexo y vagamente recuerdo mi cuerpo en el espejo, no me importaba. Pero ser un adulto gay con una leve cantidad de grasa en el cuerpo no es nada bueno. No es nada, nada bueno. Nada funciona igual. Todo se torna ridículo. Dedicás horas al gimnasio y esperás ver resultados inmediatos. Ves los demás cuerpos y todo se te vuelve imposible. ¿Cómo lo vas a hacer? ¿Realmente tu brazo algún día se va a ver como ese? y qué decir de tu pecho, de tu abdomen, de tus piernas, de tus piernas...de tus piernas.

Así que, sí: frente al espejo. Ahí, sin ropa, contemplado el desastre que está ocurriendo. Como el Hindenburg. O como el avión viejo que siempre se aparece en mis sueños.

Tal vez así lo logre. Tal vez así logre comprender los errores que cometo y que me tienen en este vortex ruidoso de auto-destrucción.

No te voy a felicitar

Facebook me recordó que era tu cumpleaños y yo lo ignoré. Qué palabras más ridículas "feliz" y "cumpleaños". Juntas expresan un sentimiento vacío que simplemente no está ahí. No tengo idea de tu vida y vos no tenés idea de la mía y no estamos como para hablar ni mucho menos para saludos ridículos.

Vi tanta gente felicitarte. La mayoría por compromiso. Facebook hace eso. Te obliga, porque si no felicitás, qué pesado sos.

No me interesa lo que Facebook piense.

Ya no voy a desearte felicidades porque ya no se lo que la felicidad es para vos.

La Ventana

Este aire acondicionado está tan sucio. Me gustan más las peras que las manzanas. Tengo demasiadas bolsas. Mi cama ya no me gusta. Pero me ha dado una idea. Esa casa la diseñó él. Recuerdo sentir mi cuerpo en Tikal y odiarlo. Recuerdo mis brazos delgados. La lámpara está apagada y el foco del techo se ha quemado. Un cumpleaños al que no fui. El silencio de los pisos falsos. Un restaurante chino con cucarachas, el río con Rinso o espuma de jabón de cuche, la gente arrastrada por avalanchas de nieve. De aquí, hasta allá, hasta donde ronca mi mamá y su corazón late seguro, tranquilo. De aquí, hasta allá, hasta donde duerme mi hermana y sueña con la cara de mi papá moviéndose y hablando con la voz de un espectro. Una pera en semillas. Un montón de teclados. El viaje que viene, que desaparece cuando volvés. Todo se acaba. La cirugía que falta. El baile de las desnudistas y el carro que no enciende, la gente en el gimnasio que me enseña sus nalgas gordas y sus piernas firmes y yo imagino mi barba sumergida ahí, en medio. Como si fuera un deber o una tarea hasta que acabe todo. Hasta que él. O yo. Y que la cama esté alta y no baja como ahora. El televisor apagado y el cantante cantando. Qué bonita esta la noche tan silenciosa y solitaria. Ojalá estuviera ruidosa o llena. O tuviera con quién hablar. En murmullos, pero hablar. Pero me toca escribir. El diálogo más triste. El diálogo monólogo.

Boto lo que queda de la pera y cae en el jardín del edificio golpeando la grama y las hormigas se la comen en un par de días. Pronto desaparecerá por completo.

Cartas a Monsieur Célibataire (viii)

Cher Monsieur,
Un día de estos preparaba una ensalada y la condimenté con una buena cantidad de pimienta. Para que se distribuyera por todos los ingredientes la tomé con mi mano y luego la repartí. Luego, almorzando frente a mi computadora (porque soy triste y patético), recordé que no había revisado mi sitio porno favorito en mucho tiempo. Entré y había muchos videos nuevos. Sin hambre y excitado, comencé a masturbarme. Poco sabía que la pimienta que tenía en la mano se me iba a meter por todo el cuerpo a través de mi uretra. Comencé a sentir una picazón escandalosa y mi pene estaba caliente. Pensé por un momento que se trataba de alguna enfermedad de transmisión sexual que comenzaba a manifestarse pero luego recordé la pimienta. Lo lavé con mucha agua y eso solo exacerbaba el problema. Lo abrazaba con mis dos manos y eso lo hacía sentir más caliente. Finalmente me acosté en mi cama y lo cubrí con mi almohada y grité por diez minutos hasta que se me pasó. No se qué hacer, Cher Monsieur, por favor ayuda.
Con amor,
Chiquito pero Picoso

Cher Picoso,
Me suena que usted tiene un problema grave. Muy grave. Uno: almuerza solo frente a su computadora. No sea patético y busque amigos. Dos: se masturba después de comer. ¿Eso le ayuda a la digestión? ¿O quizás le altera los intestinos debido a la presión de la próstata y testículos y le causa diarrea explosiva? Había oído muchas historias patéticas sobre masturbación pero la suya es una de las peores. La próxima vez lávese las manos antes de hacerlo y después. Hágase ese favor, téngase compasión, porque siento decirle que por lo que logro identificar de su personalidad, usted es una persona que morirá sola, de un ataque de corazón por masturbación excesiva entre sábanas malolientes a semen y saliva. Arregle su vida. Usted puede hacerlo. Tome el asunto en sus manos (o mejor no).
A bientôt,
Monsieur Célibataire