domingo, 16 de octubre de 2016

Callate, hija


Callate hija que me dijeron que debemos el dinero para mañana y tu papá anda en zumba, agarrándose de las paredes y rebotando en el suelo. Allá en la tienda lo vieron y le apestaba la boca a azafrán y a pollo frito. Se sienta en las bancas y cuenta la historia de cuando conoció a Milena Mayorga, cuando le dio un abrazo y le dijo que era bien bonita. Otra vez se encontró a Mauricio Funes en el súper y se sintió feliz de haberle dicho cosas inteligentes y de haber discutido la realidad del país con él en el pasillo de las cervezas. Me cuentan que todos los días se compra una hojuela aunque no sea día de muerto, en la panadería esa que abrieron a la par de la alcaldía. Aquí hay comida para todos, hija, pero para pagar esos recibos no nos alcanzan, callate. A tu papá le voy a dar en la cara cuando venga y le voy a revisar las bolsas de todas maneras ni cuenta se va a dar. Pero me da miedo que se quede dormido en la banca y le busquen las bolsas antes y cuando venga aquí ya no tenga nada, solo el polvo y el olor a anís. El Venado Blanco está más caro y ya lo veo rogándole a la bicha que se lo de más barato pero yo la visité un día y le dije: si viene el viejo no le des nada no le vendás nada pero callate hija, a mí no me hacen caso cuando les digo. Bonito era el viejo cuando era joven y no tenía arrugas ni canas y yo lo besaba en el atrio de la iglesia y a veces nos íbamos a la de El Calvario a ver los niños jugar basquetbol y cuando el maicillo se secaba al sol yo  estornudaba y el me pasaba un pañuelo y yo le decía gracias mi amor qué amable y el se reía y se empinaba la botella y callate hija yo nunca me imaginé que eso fuera malo hija para mí eso era normal y ahora mirá, callate hija, a ver cuándo aparece.

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