Borro
lo último que escribí. Me tomo el café que está desde la mañana en la mesa.
Frío. Pienso en vos. Caliente. Me tiembla el párpado y la tela flota ligera en
la cama de mi tía enferma. Tose, estornuda; no se sabe muy bien qué tiene. Si
acaso se muere hoy no habrá dinero para el funeral. La tomaremos entera y la
meteremos bajo tierra, para que se la consuman directo los gusanos. Me imagino
con la pala, con el cincel; ni se muy bien con qué excavar. Me pongo los
binoculares al cuello y salgo hacia los cerros a buscar el mejor lugar para
enterrarlos. Se me pone enfrente el fantasma de mi bebé, pequeño, lloroso,
lleno de mocos y legañas. Se las limpio, lo baño en saliva; bebé, ya estás
listo para regresar al cielo. Platico un par de líneas al aire, como hablando
con fantasmas; por fin encuentro un rincón suave, una tierra húmeda, comienzo a
excavar. Me voy hundiendo, me gusta el sentimiento, me gusta cuando la tierra
se me mete a los oídos, a la boca. No toso; no estornudo; no se muy bien lo que
tengo. Me veo desnudo y soy mujer; soy mi tía; dejo de escribir y el café está
caliente, tu recuerdo está helado: como una niebla, como un cuarto vigilado por
un espíritu feliz.
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martes, 26 de agosto de 2014
Historia 1
Soy
perseguido por una plaza, por una iglesia. Que caminamos juntos, que hace
calor; que este párrafo contiene la historia de mi vida. Recuerdo edificios y
la sonrisa de tu mamá, caminando de la mano con una pequeña niña muerta.
Recuerdo los ataúdes en las tiendas y en los funerales, la comida en la ventana
que me miraba con cara de burla, con océano sin mar. No hay playa para llegar aquí,
a esta ciudad; solo encontrás riscos y un abismo. Vamos juntos y amanece, me
persigue la montaña; la veo y desde aquí se mantiene alta, soleada, brillante,
cara de asno, infinita y feroz.
sábado, 1 de febrero de 2014
Hay rayos debajo del árbol y arriba de las hojas y ella se sienta calmada a morder una manzana. yo la veo desde el asiento del carro y la adivino rubia, sola, pequeña.
Me acerco.
-Dame manzana
-No
-Dame manzana
-No
Aquí no hay serpientes ni dios y me siento a la par y le toco la pierna, que se dobla renuente, que me dice
-Ni manzana ni eso
-Sí
-Ni manzana ni eso
-Sí
Derrotado, me levanto y me voy al carro. Ella me tira la semilla y me golpea la cabeza: le sonrío, le grito ¡Newton! y se carcajea, que me vaya, sí me voy, que me vaya, sí me voy.
Pongo la radio y canta una rubia y me toco los huevos que se me han endurecido y noto mis pantalones mojados, la calle arrugada.
Me acerco.
-Dame manzana
-No
-Dame manzana
-No
Aquí no hay serpientes ni dios y me siento a la par y le toco la pierna, que se dobla renuente, que me dice
-Ni manzana ni eso
-Sí
-Ni manzana ni eso
-Sí
Derrotado, me levanto y me voy al carro. Ella me tira la semilla y me golpea la cabeza: le sonrío, le grito ¡Newton! y se carcajea, que me vaya, sí me voy, que me vaya, sí me voy.
Pongo la radio y canta una rubia y me toco los huevos que se me han endurecido y noto mis pantalones mojados, la calle arrugada.
Me viene por momentos, esas imágenes, el impulso de mi cuerpo saltando por la ventana y cayendo en la grama; me imagino el dolor, el vacío, y me arrepiento así, en el sofá, con un escalofrío.
Se comería las cáscaras de mandarina, por el hambre, aunque no le gusta el olor.
Se quedaría adonde mi mamá, por años, hasta que se muriera jadeando, nariz chata, obesa, viejita, con la espalda mala, con las piernas ardiendo en dolor o artritis o agua helada.
La mano de mi mamá, pasando por su cabeza, hablándole en tono suave, la respiración de las dos unísonas, y yo: en la cama, a la par, viéndolas convertido en espectro.
Me encargaría de que el aire se pusiera un poco frío
y con su última tos, el fantasma se pararía en cuatro patas y correría hacia mí, animada,
orinando una corriente caliente de pipí de vapor, que no deja olor.
La entierran y mi mamá llora, sin estar completamene segura si es por ella o por mí, por los dos, que jugamos con palos y vidrios y cojines y latas y hartamos y nos dormimos panza abajo ahí, adonde ya no nos duele, adonde ya no pasan imágenes del final por la mente, en el sofá, con la música,
con los ronquidos.
Se comería las cáscaras de mandarina, por el hambre, aunque no le gusta el olor.
Se quedaría adonde mi mamá, por años, hasta que se muriera jadeando, nariz chata, obesa, viejita, con la espalda mala, con las piernas ardiendo en dolor o artritis o agua helada.
La mano de mi mamá, pasando por su cabeza, hablándole en tono suave, la respiración de las dos unísonas, y yo: en la cama, a la par, viéndolas convertido en espectro.
Me encargaría de que el aire se pusiera un poco frío
y con su última tos, el fantasma se pararía en cuatro patas y correría hacia mí, animada,
orinando una corriente caliente de pipí de vapor, que no deja olor.
La entierran y mi mamá llora, sin estar completamene segura si es por ella o por mí, por los dos, que jugamos con palos y vidrios y cojines y latas y hartamos y nos dormimos panza abajo ahí, adonde ya no nos duele, adonde ya no pasan imágenes del final por la mente, en el sofá, con la música,
con los ronquidos.
sábado, 16 de noviembre de 2013
Terminó de bajar las naranjas del pick up y le ofrecí un vaso de agua. Me dijo que sí.
Entró y sudaba, el pobrecito.
Tenía la espalda grande, por los costales, las piernas gordas, por las tortillas.
Le decíamos Canche porque era chapín y rubio, pero no quería volver. "Vos hubieras sido modelo, modelo de ropa interior" le dije bromeando y el se carcajeó y me enseñó los dientes llenos de caries.
Si querés te mando a arreglar los dientes, aquí abajo hay un consultorio y te atiende la doctora, decile que yo te mando, que yo le pagó después.
Le arranqué los pelos del bigote con la boca y días después me dijo que se volvía a Quezaltenango, con la boca llena de porcelana, musculoso, magullado.
Entró y sudaba, el pobrecito.
Tenía la espalda grande, por los costales, las piernas gordas, por las tortillas.
Le decíamos Canche porque era chapín y rubio, pero no quería volver. "Vos hubieras sido modelo, modelo de ropa interior" le dije bromeando y el se carcajeó y me enseñó los dientes llenos de caries.
Si querés te mando a arreglar los dientes, aquí abajo hay un consultorio y te atiende la doctora, decile que yo te mando, que yo le pagó después.
Le arranqué los pelos del bigote con la boca y días después me dijo que se volvía a Quezaltenango, con la boca llena de porcelana, musculoso, magullado.
Empezó contándome que borracho tomaba fotos de sus huevos y me las enseñó, tenía el nuevo iPhone. Yo le dije enseñame tus aplicaciones y me dijo, no tengo muchas y sentí el olor a cerveza. La rodilla pasó por la mía y empecé a cantar la canción, Madonna, creo y me dijo que tenía que ir al baño. Lo vi subir las gradas y se fue. Arrancó el carro y calle arriba se encontró con un extraño tráfico de madrugada y paró en la gasolinera, a comerse un hot dog entero, que llenó de curtido, salsa tomate y mayonesa. La vendedora le dijo que ya cerraban y se salió a la acera a comérselo, encima del carro y fue entonces cuando lo vi, todavía con salsa de tomate en la boca y:
-Hey te fuiste (me bajé del carro y le dije)
-Sí, tenía hambre
Y me dijo que la gasolinera había cerrado, me dio una mordida del hot dog y me limpió mayonesa con el dedo y después se lo puso en la boca y la chupó, intenso.
-Esto es tan cliché, le dije. Vamos a terminar cogiendo.
Él me dijo que tenía que irse y se subió al carro y yo seguí hacia arriba de la Juan Pablo hasta la Escalón, me pareció haberlo visto cuando pasé por la gasolinera.
-Hey te fuiste (me bajé del carro y le dije)
-Sí, tenía hambre
Y me dijo que la gasolinera había cerrado, me dio una mordida del hot dog y me limpió mayonesa con el dedo y después se lo puso en la boca y la chupó, intenso.
-Esto es tan cliché, le dije. Vamos a terminar cogiendo.
Él me dijo que tenía que irse y se subió al carro y yo seguí hacia arriba de la Juan Pablo hasta la Escalón, me pareció haberlo visto cuando pasé por la gasolinera.
Lo conocí en el camino de lodo y me ofreció uno de sus cigarros. Yo le dije que no fumaba y me dijo que me enseñaba. Nos fuimos detrás de unos árboles y el olor a naranja se me metía en la nariz y él usaba colonia de la tienda de los Muñoz. No pagué por la botella, me dijo, que contenía alcohol y un vago olor a plástico o a carro nuevo. Yo le dije lo andás en la bolsa y me dijo que sí, se sacó el bolsón de la espalda lo puso en el suelo y cuando se agachó le alcancé a ver el calzoncillos, blanco, con las letras CALVIN KLEIN y un agujero que entreveía un pelo y se levantó y moreno no me dijo nada y disparó dos veces el atomizador y yo tosí, todavía con el cigarro apagado.
Lo vi un par de veces después de ese día y siempre llevaba el mismo perfume, fumando, sin verme.
Lo vi un par de veces después de ese día y siempre llevaba el mismo perfume, fumando, sin verme.
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