Elija su Puño

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sábado, 25 de febrero de 2012

A Bearded Boy



A veces, cuando usted no está viendo
yo me comporto como él

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Advertencia: Imágenes Pornográficas Masculinas al Hacer Clic

domingo, 1 de enero de 2012

Frankenstein y la memoria

Usás camisa de cerveza tailandesa, que compraste en un mercadito de algún Silom Soi. Buceaste en Roatán o en alguna isla del Caribe y te bañaste desnudo en el mediterráneo, saltando de las calles de la Barceloneta directo al agua fría, congelada del invierno. Me invitaste a una cerveza en un bar de las playas de El Salvador y nos besamos en el cuarto, a oscuras, con tu camisa tirada en el suelo, la mía todavía en mis espaldas. Me contaste de Chicago y Canadá, del volcán Fuji y la Ciudad Prohibida. Estuviste a punto de escalar el Everest pero se te acabó el dinero. Fuiste de isla en isla griega como si fueras cliché con el soundtrack de Mamma Mia! sonando en tus oídos. Te cansaste de los trenes de Europa y decidiste subirte a los buses de Guatemala, Costa Rica y Panamá. Me abrazaste con ojos de colores y yo te besé con aliento a cerveza y cigarro. Esto es estacionario. Esto es un paso. Te fuiste a Comalapa y desapareció el olor de tu piel escandinava, alemana, española.

Te mezclé de todos los hombres que he besado y armé tu pene de todos los penes que he visto. Poblé tu barba con los colores de los cabellos y vellos que han pasado por mi cara y por mi cuerpo y con los miles de músculos armé tu cuerpo y una panza cervecera sobre la que me gustaba dormir y escuchar tu gastritis y seguir tu reflujo hasta los eructos suaves que me olían a noche y sal. Quise escribir más sobre vos pero detuviste mis manos con las tuyas, con los dedos reclamados de los dedos que conocieron mis texturas y las texturas de San Francisco, el Distrito Federal y Buenos Aires.

Te borraste de repente, con brazos grandes y pelo negro, y en tu lugar quedó un espacio vacío, un plato desnudo, un año nuevo que se volvió igual que los otros, con fuegos brillantes, cascadas de cerveza y la ausencia de arrugas en la cama, en mi sofá, en mi espalda.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La tristeza en una línea

Nos despedimos frente a un semáforo, tristes por la imposibilidad de chuparnos los penes.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Soltá las mancuernas: así estás bien

Quiero acercarme a vos y quitarte los audífonos de las orejas y decirte: Soltá las mancuernas, así estás bien. Así me gustás, con tus pezones en punta y tu cuerpo descrito por ojos ajenos como bolsa de crema. No sos ninguna bolsa de crema para mí. Estás en el punto perfecto. Estás perfecto. Me gusta el atisbo de vello que noto en tu pecho, me gusta la forma en que las nalgas abrazan tu pantalón de gimnasio. Me encantan tus ojos, tu nariz un poco torcida, la forma en la que notás que te estoy viendo y probablemente pensás que solo te cruzaste en mi camino. No, no te cruzaste en mi camino. El camino de mis ojos pasa por vos, por tus ojos negros grandes, por tus brazos que cada vez veo más fuerte y tu panza que cada vez se va haciendo pequeña pero no: detenete. Soltá las mancuernas. Bajalas. Yo las pongo en su lugar. Así como estás estás bien.

Te abrazo ahí frente a todo el mundo y te lo repito al oído. Los audífonos siguen expulsando la canción que estabas oyendo y solo es un ruido como estática. Ese ruido nos envuelve y el resto de gente habla de nosotros pero no escuchamos. Salimos así, abrazados, del gimnasio. Y llegamos al parqueo a mi carro y luego a mi cama y te desnudo:

sí, así estás bien. Maravilloso, de hecho. Te voy a preparar pancakes de desayuno.

viernes, 9 de septiembre de 2011

No va a venir

Se dio cuenta la mañana en la que se puso la chaqueta porque la ciudad amaneció fría, atlántica. Caminó por la calle a la cafetería a pedir su cortado y pronunció las palabras con una voz triste, decepcionada.

Dijo en su idioma, a su mente: "ya no va a venir".

Hace ratos habían terminado los mensajes o las llamadas repentinas o las sonrisas y los chats insistentes. Quizás conoció a alguien o quizás está con alguien ya. Había imaginado ya su pequeño cuerpo en su cama y regresar a los lugares en los que se conocieron.

Se quemó la lengua con el café y esperó con ansias la noche para tomarse una cerveza en el bar oscuro y que de repente alguna mano o le recordara a él o se pareciera lo suficiente para sustituirlo. Al final nadie es imprescindible.

Pensó en enviarle un mensaje pero los dedos se le congelaron al tocar el teclado.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Proceso de adopción


Ya está el proceso de adopción
vamos a adoptar un león
esta foto te la tomé mientras te relajabas en el jardín de nuestra hacienda en el centro de África y vos querías sonreír pero Roberto (nuestro tigre hermoso) te dijo que pusieras cara de serio
luego entramos y comimos ensaladas caprese
y vos me diste un beso en la mejilla
y me dijiste
me hacés tan feliz
jamás pensé, en la selva o en el desierto, con gavilanes o buitres, con ratones o pitones alrededor de mi cuello, jamás pensé que vos
el animal más hermoso
un salvadoreño común y corriente
me haría sonreír tanto, aquí en el comedor, en la sala, en la cocina y en la cama
Miguel,
te amo tanto.

Sos mi especie favorita. Te quiero conservar para siempre.

martes, 6 de septiembre de 2011

Tus rines anaranjados

Me subiría a tu carro con rines anaranjados, pimpeado como lo pimpean los heteros como vos, acariciría tu barba con mis manos mientras vos manejás y ponés quinta y acelerás todo lo que podés y lo que tu carro con rines anaranjados puede (así son ustedes los heteros, les gustan las cosas rápidas y con el pedal hasta adentro) y luego te dejaría que me llevaras adonde quisieras, a un motel, quizás, y te haría cosas impronunciables que harían olvidarte de la

Karla
Jimena
Julia
Patricia
Karina
Julia
Sonia
Beatriz
Carolina

y todas las que intentaron antes pero nunca entendieron que tu belleza de verdad está en tus piernas flacas en tus brazos grandes en tu pecho definido en tu sonrisa de hetero idiota prepotente macho qué rico ha de coger ese chero pero especialmente en los rines anaranjados de tu carro.

Arrancalos y dame verga con ellos, golpeame la cabeza, destrozame las piernas y recostate conmigo mientras me desangro y me pedís disculpas y el rin rueda calle abajo. Será lo más hermoso que ha hecho un hombre por mí.

domingo, 28 de agosto de 2011

Me encierro a levantar

Me encierro a pensar en tu cara dormida, con los lunares marcados en las mejillas y los labios mojados con mi saliva. Espero encontrarte en el sabor de la cerveza, el olor a los cigarros y controlar con mi mano el movimiento de tus piernas. Las aparto hacia un lado, las pongo en mis hombros, dejo que jalés los pelos de mi pecho con tus manos y que los arranqués. Si a vos te duele a mí también me tiene que doler. Siento la carne tocar la tuya y el calor de los pliegues. El olor se me viene hacia arriba, mezcla pre-seminal y sudor, con mi mano que ahora agarra tu pezón derecho y lo tuerce con fuerza para distraerte. Me agacho como puedo y alcanzo tus labios que me dicen con voz suave que siga y que abrace al cuerpo que los controla. Por un momento siento tus manos en mi espalda y la recorren con el cuidado que se recorren las letras grabadas en una lápida. Te digo: "quiero escribir sobre todo lo que está pasando" y vos te reís mientras tocás tu erección.

Decís un leve "ya" y yo salgo entero y me recuesto en tu estómago mojado de blanco.

Comienzo a roncar y en los sueños se me aparecen accidentes de aviones, un par de ex-novios y la vagina mojada de una compañera de trabajo.

sábado, 20 de agosto de 2011

Ay, estas locas.

Quién puede con ellos.
Buscaré mujer,
que me penetre.
Le amarraré un pene a su cintura
y la dejaré jugar conmigo.
Luego, cansados,
la voy a penetrar.

(Con dificultad y algún ginseng, pero lo voy a hacer).

Disfrutaré poco,
pero voy a estar más tranquilo.
Estas locas,
a cuál peor,
todos tenemos la mente disfrazada de glande
y el glande gastado de pensar.
Estas locas,
cómo decepcionamos al mundo.

domingo, 17 de julio de 2011

Me gustaste, Tendero de Zara.

¿Te contrataron solo para pasearte por la tienda, Tendero de Zara? ¿Te eligieron de una fila de niños guapos para ponerte ese pantalón y camiseta apretada y hacerte andar entre los espejos y las mesas con ropa sin doblar contoneando el cuerpo que trabajás en el gimnasio con pantalones cortitos, demasiado cortos, revelando marcas de nacimiento que podría besar con mi labio superior? ¿O estás aquí solo para gustarme?

Trato de no verte, Tendero de Zara, porque me da miedo que te des cuenta de que me gustás. Pero quisiera que te dieras cuenta. Quisiera que sepás que no necesito tanta ropa, que vengo al menos dos veces a la semana solo para verte y seguirte con la mirada, apartarla cuando lo notés. Quisiera que sepás que robé uno de las tablas de horario y ahora se qué días vas a estar ahí, a qué horas y por cuanto tiempo. Que sepás, también, que me pruebo chaquetas frente a vos y viéndome al espejo con dudas en la cara para que algún día te atrevás y me digás, con una sonrisa: "Esa te queda bien". Y así, por fin, nos podríamos comenzar a enamorar.

Tendero de Zara, enamorate de mí.
Nada vas a perder. Vas a ganar tanto. Vas a tener un novio que te va a atender tus necesidades, todas ellas, que te va a cocinar y surcir los pantalones cuando necesités. Voy a ser tu sastre, tu doctor y escritor. Te voy a ayudar en tus tareas de la universidad (¿Vas a primer año Tendero? Tu cara me lo dice). Te voy a regalar ropa de gimnasio, cada vez más estrecha, cada vez más corta, para que todo el mundo te vea y sienta envidia de mí. Yo te tengo, Tendero. Yo te voy a tener.

¿Qué pensás, tan serio, cuando estás haciendo tu trabajo? ¿Pensás en mí? Cuando levantas la barra en el gimnasio, Tendero, te imaginas en la caja de Zara, por fin en corbata y camisa ajustada, por fin tocando dinero y no doblando ropa, por fin en el lugar que siempre quisiste estar? Siempre has querido estar conmigo, Tendero de Zara, yo lo se. Mañana o un día de estos cuando coincida con tu horario visito la tienda y me tropiezo con vos por accidente. Te voy a decir perdón y con un guiño del ojo vos vas a saber que soy yo el hombre de tu vida. Vas a ser tan feliz.

Te prometo que no vas a tener que doblar ninguna camisa en el apartamento que vamos a compartir.

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Tengo una tendencia extraña a que me gusten los que trabajan en Zara. Hace años escribí esto.

sábado, 9 de julio de 2011

Dieta

I will take my coffee black
never snack
all for the sake of a
Foolish Love...

-Foolish Love (Rufus Wainwright)

Tanto año a dieta que el hambre se vuelve común, coexistiendo con la respiración. Mejor dormir de nuevo, como los sin techo, para no sentirla. Y todo por...

lunes, 20 de junio de 2011

Tiergarten

Caminemos en el Tiergarten: me agarrás de la mano, pisamos la nieve y quedan nuestras marcas, del tamaño de nuestros zapatos, también por qué no, con las manos. Vos te quedás lejos, te perdés entre los árboles y yo te busco con mi cámara. Vos corrés a ver la foto, vos tomás la cámara, yo me voy hacia el monumento y vos tomás otra foto. Nos besamos, de repente, enfrente de los turistas: aquí a nadie le importa. Una señora pasa con un abrigo rojo, grande, con el pelo rojo, grande, gigante. Vos te reís y yo también. Le tomamos una foto. Como para película de Almodóvar, me decís. Y yo, viéndote: alemán, rubio, gigante, adorable, con pantalón rojo y camisa blanca, como si fueras de otra tierra, hecho de otro material: roca, aluminio o metal. Yo, de adobe, yuca o plátano.

Caminemos en el Tiergarten, trópico y boreal, como si fuera nuestra rutina hacerlo. Como si este parque estuviera cerca de nuestra casa y juntos, juntos vivimos por aquí. Nos encontramos cerca de la estación del metro después del trabajo y compramos un sorbete, o vos una salchicha, y me encanta verte engordar. Te abrazo y me abrazás, juntos, la gente, la nieve, el ángel, la puerta allá a la distancia. Dentro de muy poco, ya estamos en el parque. Lo caminamos entero, lo cruzamos entero: llegamos a nuestro barrio, al de nuestros bares y cervezas. Por ratos yo me adelanto, por ratos vos te adelantás. Pero siempre nos alcanzamos, siempre nos agarramos la mano y somos cursilería andando. Estamos tan sonrientes y tontos y todo se lo debemos a este parque, a este parque helado y feliz. Berlín, mi amor.

¿Me acompañarías a caminar por el Tiergarten?
no importa si está lloviendo,
vamos a llegar al otro lado de la ciudad.

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Escuche: Tiergarten-Rufus Wainwright

domingo, 19 de junio de 2011

Posible Conversación

Hola
Qué tal
Bien y vos
Bien por aquí
Con hueva
jajaja
Siempre
Me contaron que te vieron ayer
De verdad
Y qué tal estuvo
Bien
Chivo
Igual que siempre
Y vos por qué no saliste
No tenía ganas, me quedé a dormir
Ah ya
No quería tomar
Y eso
No se, muy bolo me iba a poner jajaja
jajajaja
Sí vos
jajajaja
Yo se
Pero estuvo bien
Me imagino
Bueno ya me voy a dormir
Vaya chivo
A ver qué día nos vemos
Chivo, 'nas noches
Noches salú

sábado, 18 de junio de 2011

Una entrada antes de irme

Ya se lo que vas a decir: que escribir una entrada para vos es una tontería. Que vos no la vas a leer porque nunca te da la gana de entrar a leer estas cosas, o porque simplemente no tenés la dirección. Pero espero que algún día llegués a esta entrada por casualidad, a estas palabras por sorpresa. Y comencés a leer y bajar y seguir las palabras y eventualmente te des cuenta de que esto es para vos, sobre vos. Que cuando estaba sentado moviendo la pierna con ansiedad mientras escribía estaba pensando en tu cara y en tu nombre. Que tu nombre me sugiere un montón de cosas: un mes, un grito, una cama. Y que pensar en tus ojos leyendo y tu boca gesticulando mis palabras en silencio me provoca un placer extraño, indeleble. Se que es casi imposible, pero escribo dirigiéndome a vos por esa remota posibilidad. ¿Qué estás haciendo? ¿Estás durmiendo? Ojalá te despertés y por alguna razón terminés leyendo esto. Nada me haría más feliz que eso este sábado o este tu domingo. Que leyeras lo que tengo que decirte por alguna casualidad. Por algún tropiezo. Que te estrellés la cara contra el suelo y lo que veas en el suelo sean mis letras. Mis letras dirigidas a vos, completas, todas, los párrafos, los puños, llenos, los callos de mis dedos para vos. El temblor de mis piernas para vos. Mis recuerdos y mis pensamientos para vos, todo. Pero no lo vas a leer. Se que no lo vas a leer. Pero yo lo escribo de todas maneras. Por si la vida o el desgano o la inactividad te traen aquí. Bienvenido seás. Bienvenido seás a mis palabras. Todas son para vos. Todas. Que no se te olvide eso nunca.

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One kiss 'fore I go
One more night and day
Breath so heavy and slow
One shot, one beer and a kiss before I go

Ryan Adams-A kiss before I go

Poses

-Qué bonito apartamento, te digo en Sevilla, con mi acento alterado por vivir en España, con mis vocablos adaptados a los tuyos.
-Gracias.
Me das una copa de vino y comienza a sonar una canción que me resulta familiar.
-Eso es Rufus Wainwright.
Sí, me decís, y te sentás a la par mía. Te acabo de conocer en la calle y me invitaste a subir. Es de noche cerca de la Alameda de Hércules y acabo de estar en la casa de otro hombre, y cuando te vi caminar lo pensé mucho pero al final me resultaste demasiado como para decirte que no.
-¿Y qué haces aquí?
Te comienzo a contar toda la historia que ya he repetido tantas veces y que en realidad, no sirve de nada. Tomo más vino y me tranquilizo, espero que mi erección reaccione y comenzamos a besarnos, supongo.
Digo supongo porque no me acuerdo muy bien de lo que pasó después. Sinceramente, no me acuerdo ni de cómo sos ni de cómo te llamás. No se si seguís viviendo en ese apartamento tan bonito unas calles adelante de la Alameda, en las que el verano de Andalucía me abrazó con tanto sexo y alcohol.
-Me tengo que ir, te dije (supongo) al terminar.
-Bueno, ha sido un gusto, me dijiste (supongo) cuando me abriste la puerta.
Caminé hacia mi hostal y recorrí las calles de la ciudad en silencio, con calor, en pantalones cortos. Como te dije, no recuerdo ni tu cara, ni tu cuerpo, ni qué hicimos, ni cuánto duró, ni el tamaño de tu pene o la consistencia de tus nalgas.

Pero sí me acuerdo del piso de madera de tu apartamento, de tus carteles de París en las paredes y de que sonaba Poses de Rufus Wainwright. Y claro, esas son las cosas que vale la pena recordar.

viernes, 17 de junio de 2011

Desnudo al piano/

Me escribiste una canción y me la cantaste desnudo al piano. Encontré en tus manos rastros de pentagrama y en tu boca palabras de poemas. Eras, o intentabas serlo, el músico de masas. Yo estaba tirado cerca de las patas del piano, viendo desde abajo tu escroto arrugado contra la tela de cuero falso de la banca. Me daba risa. Vos seguías cantando y las patas temblaban cuando tocabas las teclas más graves. Yo seguía el ritmo y para la segunda vez que repetiste el coro yo ya la cantaba con vos. Te gustaba oír mi voz fea. Me decías que era hermosa. Lo decías, realmente: tu voz es hermosa. Tu personalidad, afectada de artista, te permitía decir ese tipo de cosas sin parecer ridículo. Terminaste de tocar y te tiraste al suelo, a besarme. Seguimos cantando la canción con los labios pegados y mordiéndonos los cachetes. La canción es bonita y ahora la tengo guardada como un .mp3 en mi computadora. Cada vez que quiero acordarme de ese momento la pongo y por cinco minutos estamos de nuevo besándonos. Es tan ridículo. Es tan de jóvenes bohemios buscando la vida en el arte. Pero no la encontramos. Es difícil encontrarla. Me contaron que trabajás en una agencia de publicidad diseñando y tu último anuncio fue para McCormick. Ahora cada vez que veo un MUPI de mayonesa me acuerdo de vos y siento que te beso. Sabor a mayonesa. Sonido de canción con coro que puedo cantar con mi voz fea. Te recuerdo y me tiro al suelo y me agarro de las patas de la mesa de mi comedor y trato de hacerlas vibrar. Me quedo largo rato, pensando. El suelo está frío.

lunes, 13 de junio de 2011

Portentoso [Chubascos aislados]

Tolero poco tu presencia. Se me hace molesta y cabrona. Caminás con la misma pereza con la que caminabas cuando estábamos juntos. Te movés de la misma manera e imagino la misma desidia en la cama. Me das asco y hacés que eructe mi cerveza. Me despertás el instinto de la amargura, que lo tengo a flor de piel, y lo hacés surgir nuevo, de nuevo. Es como si nunca hubiera conocido el desagrado y lo estoy conociendo con vos. Tu cuerpo que en su momento me pareció atractivo ahora me parece nefasto, fúnebre. Habría que ponerlo siempre junto a los ataúdes en los funerales porque representa perfectamente la decadencia de la humanidad. No es que estés muy gordo o muy flaco, sino que tu cuerpo se encuentra en el punto medio, en la mediocridad absoluta. Cae aguado como cascada sucia y se aplasta al suelo, pegajoso con cerveza y desabridas papas fritas. Aparecés, casi siempre, cuando estoy listo. Desde hace mucho tiempo ya estoy listo para verte y que se me amargue la garganta o sentir el mal sabor en la lengua, el mal olor en la nariz. Después de todo, el malestar solo dura un rato. Sos una bolsa de basura que por más que saque a la acera, el basurero sigue dejándola ahí. No te puedo hacer desaparecer porque todavía existís, y está bien que existás, porque después de todo las bacterias y los virus siempre han tenido el derecho a vivir (concedo con una sonrisa que somos un mundo cohabitado por especies hermosas y horribles). Lo bueno es que ya he hecho mi paz con tu existencia. Lo que antes fue tan difícil ahora es bien simple. Sos la pus de una espinilla que sigue saliendo más allá de los 30 años, pero que disfrutás tanto arrancártela, botarla a la basura, y olvidarte de ella por un tiempo.

Hasta que vuelve a aparecer.

sábado, 11 de junio de 2011

Beso en la Fosa

Me agarra por arrancarme pelos de la nariz. Los agarro pero primero los toco. Son tan lindos y la textura me gusta. Me gusta la textura del interior de mi nariz. No me extraña que todo el mundo lo haga. Hay algo de curioso, de sorprendente. Cuando estás pequeño no tenés pelos en la nariz. Pero te comienzan a salir y te da por arrancártelos. Los arrancás y sentís un dolor que te saca una lagrimita. Una lagrimita pequeña, delgadita, del tamaño de un pelo. Son las distracciones más hermosas del mundo. Puedo pasar minutos tocando el interior de mi nariz. La cavidad nasal más emocionante del mundo. Tanto por descubrir, tantos pelos por sacar. Los saco y los veo. Me sorprende lo grandes que son. Inmensos. Tienen una raíz blanca y los imagino gritando. Dejando su cavidad oscura tan cómoda. Paso así, oyendo música y buscando sitios nuevos y escribiendo y sintiendo los pelos de mi nariz. La textura porosa de mi mucosa seca. Me da miedo a veces arrancarlo. Me da miedo el dolor. A todos nos da miedo el dolor. Pero entonces lo olvido y me agarra el valor. Lo arranco. El dolor. Llega de nuevo. Se hace una adicción y llega el punto en que dejo mi nariz limpia de pelos. No más pelos. Entonces me tengo que esperar una semana o dos para tener nuevos. Y entonces vuelve a comenzar. La rutina más emocionante. Las cosas que solo se hacen cuando estás solo. Qué bonito sería encontrar a alguien que me arrancara los pelos de mi nariz. Que se enamore de la oscuridad y de sus raíces blancas. Que pasara horas tocándome y sin avisarme los arrancara.

¡Ay! Le diría.

Y luego él me daría un beso en la fosa y todo estaría bien.

Busco plato negro para comer pan

En la cocina no hay pan. Todo el pan que teníamos está lleno de moho o de hongos y de animales pequeños que se lo están comiendo. Que coman ellos mejor porque yo no tengo hambre. En la cocina un tomate viejo es acariciado por una mosca. Que coma ella porque yo no tengo hambre. En la cocina, una caja vieja de leche atrae hormigas. Es tan dulce la leche. La leche de una vaca, una vaca gorda de Guatemala, porque de Guatemala viene todo lo bueno. De Guatemala venía él todos los fines de semana a verme. En la cocina la refrigeradora está abierta. Huele raro. A gas o a líquido o a frijoles muertos. En la cocina, unos frijoles en el suelo. Los recojo para morderlos porque los muerdo solo para vomitar. Prefiero vomitar porque no tengo hambre. Con él siempre comíamos bastante. Salíamos siempre a comer. En el Mister Donut o en Las Cascadas. Entrábamos al supermercado y comprábamos una bolsa de cachitos dulces y comíamos en el parqueo a la par de los carros. Contábamos los colores de los carros. Cuántos blancos y cuántos negros. Cuántas señoras venían del salón. En la cocina, agua gotea del grifo. El grifo siempre gotea agua, nunca vino. En la cocina, el microondas está abierto, con queso quemado pegado. Lo agarro y está tostado. Me lo pongo en la cabeza, se enredad en los colochos del pelo. Tan grande mi pelo. Tan grande mi pelo en la cocina.

En la cocina tengo un refrigerador y en el refrigerador que tengo en la cocina un montón de postales que me mandó él. Desde Antigua Guatemala. Ahí veo El Arco y la esquina del parque. Ahí nos conocimos cerca de la fuente y lejos de mi cocina.

No las leo. Hace tiempo no leo las postales que me mandaba. Me gusta dormir en mi cocina. En mi cocina tengo todo lo que se come. Quiero ser comestible o potable. Quiero que me empaquen en caja o en bolsita transparente de basura con cinta para cerrar.

Quiero despertar en un vertedero y oler a su boca. Su boca siempre olía a basura. Lo extraño tanto. Extraño tanto su boca y su Guatemala. Las nacionalidades son tan confusas. Confusas como pensar en lo que hacen unas pasas en el suelo de mi cocina. O en mi cocina, los platos sucios. Busco plato negro para que mis hormigas coman pan. Yo quiero a mis hormigas. Las he bautizado con miles de nombres. He echado un montón de agua a su nido y he repetido cientos de nombres, miles de nombres

Adán
Alicia
Marta
Miranda
Milagros
Mario
Fátima
Gloria
Sonia
Guadalupe
Verónica
Elena
Julia

He dicho todos los nombres con solemnidad sacerdotal. He creado bautizos con mi voz y mi saliva y en mi cocina. En mi cocina busco plato negro para que mis hormigas coman. Sirvo el pan y ellas llegan. Son tan lindas. Tienen tantos nombres, nombres míos.

En mi cocina duermo y sueño con el convento de las Capuchinas. Ahí entre las columnas lo vi caminar y esconderse en los claustros, esperándome.