Condeno a la iglesia. Condeno la creación de círculos de congregación que destruyen el individualismo y el pensamiento. Condeno a la iglesia porque perpetúa ideas falsas y se aprovecha de la debilidad y el pánico humano para golpear espíritus. La condeno por crear delirios de grandeza. La condeno por su opresión, su discriminación, su hipocresía.
La condeno por crear gente prejuiciosa, por promover y mantener la ignorancia.
Condeno la opulencia de sus líderes mientras promueven frugalidad y humildad entre los que los siguen. Condeno porque apagan almas y destrozan la voluntad humana, creando conformismo, desgano. Condeno la malapropiación de textos. Condeno su desprecio por el arte secular. Por limitar su apreciación, su creación, su distribución. Condeno la actitud de arrogancia, la falsa sensación de superioridad.
Condeno a la iglesia, especialmente por convertir a personas que de otra forma son inteligentes, en monigotes que se adhieren a rituales primitivos, básicos, que se olvidan de todo el progreso humano, de la evolución y la ciencia, que entregan su cerebro a ideas que no van a ningún lado y que se basan en cuentos de hadas, en alegorías gastadas, en invenciones literarias tomadas como hechos sin discusión.
Los condeno por hacerlos creer. Por golpear sus cabezas con yunques fabricados con biblias y textos sagrados. Por hundirlos hasta que no les queda más opción que ver hacia arriba. Por hacerlos suelo y abismo. Por dejarlos ahí mientras ella se va de viaje y se construye edificios dorados.
Condeno a la iglesia por la simple tontería de existir. La condeno porque creer en ella es dejar de lado toda racionalidad, todo pensamiento coherente. La condeno inútilmente; porque por más que la condene, una voz disidente jamás va a bastar para detener miles de años de abuso. Porque cuando me muera aún va a seguir viva, repartiendo ignorancia, siendo inmortal, como toda mala hierba, como vampiro con hambre de sangre, como un demonio fabricado con la misma tela que un dios, como una eternidad que es castigo, sufrimiento, condena.
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martes, 17 de enero de 2012
domingo, 1 de enero de 2012
Goddamn your confusion!
Grito, desesperado, la canción. Me subo al escenario y tomo el micrófono, empujo al cantante, tomo la guitarra, empujo al guitarrista. La batería nace de mis manos. Escupo saliva al público y la aman. Recibo calzones y calzoncillos que luego ocupo para armar una sábana y duermo abrazado a los sudores de mis admiradores. ¡Cuánta alegría! Me encierro y escribo nuevas canciones, melodías fantásticas y que rebotan en oídos. Me hago artista, compositor, sinfonía y adagio. Poco a poco mis dientes son teclas de piano y mi pelo, cuerdas de guitarra (hechas de nylon, de cuero, de piel de gallina). Mi piel se pone tensa como cuero de timbales y mis piernas, mis piernas abren bocas de trompeta. Respiro y hago música. Hablo y hago música. Sí: soy la música. Y recibo monedas en una esquina, contento de ser lo que quiero ser.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Un día hermoso en Letonia: Alanis siempre tuvo la razón
Alanis me cantó sobre Letonia. Nos reunimos en el jardín de la casa de mi mamá, debajo del plátano y con los violines del CENAR al fondo. Ella se inventaba letras, yo compraba boletos aéreos. Letonia, me dijo, Letonia es hermoso: un país con árboles de veinte metros y jovencitas de cinco, que se inclinan hacia vos y te dan besos en la frente. Son gigantes y algunas son pequeñas, que tienen que poner escaleras para saludarte en la mejilla y darte un beso y prostituirse por tus monedas de euro. Me abrazó Alanis y se fue a la cocina a prepararse un café, los dos cantamos un par de sus canciones y pusimos un concierto en la computadora, pasamos viendo vídeos de gatos, de perros, de gente caminando en las calles de Riga.
Estuve ahí con Joni, me dijo, las dos juntas con flores en nuestros pelos. Cantamos en las esquinas por unas monedas y luego bebimos vino blanco, con frío, con orejeras, masticando una salchicha y evitando a los de la mafia, a los del bar de la esquina. Te encantaría Joni, me dijo, te encantaría su voz suave, que es más suave rebotando en las piedras del centro de Letonia, frente al río, a unos pasos, a unos cuantos pasos del Báltico.
Mi mamá gritó que si queríamos comer algo, le dije: Alanis, querés comer y me dijo que sí; comimos frutos de la estación y frijoles hervidos en cucharonas gigantes con queso de San Vicente y Alanis con su lapicero negro escribió un poema en mi cara y mi mamá se carcajeó con dientes ajenos y la hamaca se movió con el viento, con un propósito, con un aviso.
"Nos dice que Letonia te está esperando, un día hermoso en Letonia".
Me volteé a mi mamá y le dije: Alanis siempre tuvo la razón cuando hace frío.
Estuve ahí con Joni, me dijo, las dos juntas con flores en nuestros pelos. Cantamos en las esquinas por unas monedas y luego bebimos vino blanco, con frío, con orejeras, masticando una salchicha y evitando a los de la mafia, a los del bar de la esquina. Te encantaría Joni, me dijo, te encantaría su voz suave, que es más suave rebotando en las piedras del centro de Letonia, frente al río, a unos pasos, a unos cuantos pasos del Báltico.
Mi mamá gritó que si queríamos comer algo, le dije: Alanis, querés comer y me dijo que sí; comimos frutos de la estación y frijoles hervidos en cucharonas gigantes con queso de San Vicente y Alanis con su lapicero negro escribió un poema en mi cara y mi mamá se carcajeó con dientes ajenos y la hamaca se movió con el viento, con un propósito, con un aviso.
"Nos dice que Letonia te está esperando, un día hermoso en Letonia".
Me volteé a mi mamá y le dije: Alanis siempre tuvo la razón cuando hace frío.
martes, 20 de diciembre de 2011
Y te quiero, ves

Te quiero, ves, como la cara de los de ABBA, hinchada y sueca, te quiero con tijeras en la mano y cosiéndome un vestido, con un jarabe para tos regado por todo mi pecho y que vos lo chupás, te lo tragás, para curarte, porque quiero que sobrevivás porque te quiero. Te quiero en falda y en pantalón, te quiero con pelo en tu monte de venus y sin pelo en tu monte de venus, con el bigote ancho y con las cejas de circo, con los ojos con cataratas y la saliva como río sobre mis pezones. Te quiero abrazada, doblada en la cama, con la almohada especial que te detiene el cuello. Te quiero con la vagina fértil, con el útero espacioso, con las manos suaves que me tocan las rodillas y luego las piernas y luego la boca y tienen el olor de mi piel, tus manos, porque las quiero. Te quiero sin manos, también, te quisiera también en silla de ruedas o crucificada, te subiera una esponja mojada en vinagre, para que tomaras, para que no tuvieras sed porque te quiero, te quiero en el jardín, en la sala y en la cocina, como aquella vez que me cocinaste huevos y te mordí la lengua, como aquella vez que me hiciste tortas de cebolla y te mordí el dedo gordo del pie, como aquella vez que me serviste cereal con leche y te di un beso en el omóplato.
Te quiero, abrazada y tonta, inteligente y borracha, sobria y manejando mi carro cuando yo me desmayé. Te quiero cuando el abrazo se vuelve molestia y te quiero tirar por un lado y seguir cantando una canción que solo me gusta a mí y no te gusta a vos. Te quiero de la manera más honesta posible y por eso te miento tanto, por eso te miento tanto, por eso me gusta ABBA, porque te quiero y te sigo imaginando: virgen, honesta, de blanco, de boda y piernas abiertas, bastones del emperador en el pasillo y nuestras familias a cada lado, sonrientes, mentirosas, herencias para cada uno, dios enfrente esperando pervertido, impaciente para poder ver enterito y en vivo cuando estemos cogiendo.
¡Sí acepto, sí acepto, sí acepto!
sábado, 17 de diciembre de 2011
Desde aquí el plátano Diana
Desde aquí mi oreja parece plátano Diana. Desde aquí el sonido de los besos en su mejilla. Desde aquí el silencio entre los dos cuartos, el espacio y el jardín y la mochila del invitado. Desde aquí la terraza con las ratas y la música de los muchachos del CENAR. Desde aquí se oye que están aprendiendo. Desde aquí los carros de los vecinos y el orín en el baño porque no hay que desperdiciar agua, voy 10 veces a mear en la noche y echar el agua una vez en la mañana. Desde aquí el sonido del agua cayendo en espiral hacia las tuberías. Desde aquí, nosotros, sentados viendo novelas, a la Verónica Castro tan joven, pronto Chica Almodóvar, ah de veras. Desde aquí la extensión a mi teléfono con la corriente y cuánto sube la luz, desde aquí las cuentas de banco aminorando tamaño, desde aquí no hay trabajo, desde aquí la música suena suave.
Desde aquí, nosotros, como plátanos Diana, salados y gordos, aplastados en los sillones. Hay frijoles para el desayuno, el almuerzo y la cena. Desde aquí se riega el jardín con la saliva de nuestras conversaciones y evitamos decir buenas noches porque desde aquí se siente el olor de nuestras bocas.
Desde aquí, el café instantáneo, el posible homicidio o asalto. Juro que oigo unos pasos en el techo en la terraza o en el jardín de enfrente.
Desde aquí.
Desde aquí, nosotros, como plátanos Diana, salados y gordos, aplastados en los sillones. Hay frijoles para el desayuno, el almuerzo y la cena. Desde aquí se riega el jardín con la saliva de nuestras conversaciones y evitamos decir buenas noches porque desde aquí se siente el olor de nuestras bocas.
Desde aquí, el café instantáneo, el posible homicidio o asalto. Juro que oigo unos pasos en el techo en la terraza o en el jardín de enfrente.
Desde aquí.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Pobre País
Pobre País, te están matando. Te secuestran y degollan y desaparecen y buscan. Te vigilan con escopetas en elevadores estrechos. Te cultivan y queman y cultivan y queman hasta que encuentran suficiente espacio para enterrarte bajo la tierra cubierta de papas podridas. Pobre País, te están persiguiendo. Te hablan en gritos y amenazas y hasta aquí llegaste, Pobre País. Comenzaste a morir el año de tu fundación. Debiste anexarte, pero te rodean pobres países peores que vos. Te sangran Santa Ana o San Vicente y caen de vos cadáveres desfigurados, irreconocibles, te roban los dientes de oro, las prótesis y el pelo. Te lo arrancan, te quedás calvo, desierto. Pobre País. Hace ratos que debiste haber muerto. Pero seguís despierto, sangrando historia, noticias breves y colapsos nerviosos, terremotos y huracanes colmados de balas y borracheras. Te morís de cirrosis o de disparo o de navaja o de indiferencia. Te llaman por tu nombre que da risa cuando se pronuncia. Nadie te va a salvar, Pobre País. Porque los que te están matando son tuyos, se comen tu comida, se tragan tu agua, que luego cagan en diarreas y se limpian con hojas de tus jardines. Todo vos estás lleno de mierda. Respirás, tragás, vomitás. En vos el virus y la bacteria. En vos la bilis, el ácido y el bazo. Pobre País, estás perdido. Tu rostro es moreno y con barba que raspa la boca de los que te besan. Jodés la vida. La vida te jode. Y eventualmente te ponés en silencio, solo suena el mar y la montaña y el eclipse, y te das cuenta de que el mundo está mejor sin vos. Y pensás en el suicidio o el abandono, en la auto destrucción en párrafos imaginados por escritores ociosos. Pobre País, nadie te envidia y nadie te quiere. Los ahuyentaste con tu mal aliento, tu halitosis histérica. A veces me dan ganas de consolarte pero me acerco y tus poros se inflan con miedo y amenaza.
Pobre País, sos más pobre que todos los pobres países del mundo. Porque además de ser pobre, sos miserable.
Pobre País, sos más pobre que todos los pobres países del mundo. Porque además de ser pobre, sos miserable.
martes, 22 de noviembre de 2011
The vodka espresso night of discovery
Juntos, borrachos, ves, tomando vodka, la botella y la cerveza, la ventana en La Ventana y el patio con los árboles que botan guayabas en temporada, pidiendo ensalada de jícama a la mesera a pesar de que no hay, ya le dije, o deme uno de esos panes con frijoles y tomate o deme algo, deme algo suave, con queso, aunque la cocina ya cerró y terminamos en el McDonald's, hablando de Rihanna y su nuevo disco, de la ABC y de la Femenina, de la diferencia filosófica entre las agencias salvadoreñas de publicidad, de la cuenta de la tarjeta de crédito y del nuevo bowl de ensalada que te compraste cuando un señor argentino te intentó ligar enfrente de tu mamá y se te cayó la cara al suelo y luego tu mamá te pregunto que qué quería y vos no le pudiste explicar, porque cómo le explicás a tu mamá lo que significa el cruising. Hablamos de tu viaje el otro mes y que te vas por tanto tiempo y me besás con lengua y la niña de las flores insiste y vos te reís, te acordás de aquella vez que la golpeaste en la rodilla y ella te dio un vergazo en la espalda con los ramos y los pétalos salieron volando y la eme amarilla encendida y
vos le diste 10 dólares
salimos manejando por rutas que evitaban retenes y saltaste sapos y culebreaste por las calles y llegaste a la Avenida Manuel Enrique Araujo y cruzaste a la izquierda aunque no se podía y dijiste: bajémonos en el Salvador del Mundo a tomarnos fotos para Facebook a topar y que nos vea la gente y nos tomamos fotos con los teléfonos y salimos besándonos con el Cristo al fondo el Cristo señalando hacia el cielo y qué bonita dejaron la plaza y cómo estamos colaborando con el turismo, viste, promoviendo los lugares lindos de la capital y que esta capital
tiene tan pocos
¿y si vamos al centro? ¿a besarnos? ¿en las gradas de la catedral? ¿en la Plaza Libertad?
Estás loco, decís y subís las fotos al siguiente día y:
le gusta a la que trabajó con vos en la agencia, le gusta a tu hermana, a tu sobrina, a la loca que te habla siempre en la disca, a la loca que te diste en San Francisco, a tus ex-compañeros de la universidad, pero claro, no le gusta ni a la mormona ni a la cristiana ni a la católica y tampoco a tu mamá,
que para qué la tenés en Facebook,
es que yo la quiero, pero sí, no creo que le guste la foto y al rato te habla llorando que toda la gente está diciendo que qué putas es esa foto de vos besándote con un hombre frente al Salvador del Mundo y vos le decís mamá es promoción turística y colgás como si no te importara pero después te ponés a llorar y ves la ventana y te acordás de las pláticas en La Ventana y te dan ganas de McDonald's, de papas fritas, de jícama y de cerveza, de darle una gran vergueada a la niña de las rosas, bicha puta que no deja de joder.
vos le diste 10 dólares
salimos manejando por rutas que evitaban retenes y saltaste sapos y culebreaste por las calles y llegaste a la Avenida Manuel Enrique Araujo y cruzaste a la izquierda aunque no se podía y dijiste: bajémonos en el Salvador del Mundo a tomarnos fotos para Facebook a topar y que nos vea la gente y nos tomamos fotos con los teléfonos y salimos besándonos con el Cristo al fondo el Cristo señalando hacia el cielo y qué bonita dejaron la plaza y cómo estamos colaborando con el turismo, viste, promoviendo los lugares lindos de la capital y que esta capital
tiene tan pocos
¿y si vamos al centro? ¿a besarnos? ¿en las gradas de la catedral? ¿en la Plaza Libertad?
Estás loco, decís y subís las fotos al siguiente día y:
le gusta a la que trabajó con vos en la agencia, le gusta a tu hermana, a tu sobrina, a la loca que te habla siempre en la disca, a la loca que te diste en San Francisco, a tus ex-compañeros de la universidad, pero claro, no le gusta ni a la mormona ni a la cristiana ni a la católica y tampoco a tu mamá,
que para qué la tenés en Facebook,
es que yo la quiero, pero sí, no creo que le guste la foto y al rato te habla llorando que toda la gente está diciendo que qué putas es esa foto de vos besándote con un hombre frente al Salvador del Mundo y vos le decís mamá es promoción turística y colgás como si no te importara pero después te ponés a llorar y ves la ventana y te acordás de las pláticas en La Ventana y te dan ganas de McDonald's, de papas fritas, de jícama y de cerveza, de darle una gran vergueada a la niña de las rosas, bicha puta que no deja de joder.
martes, 27 de septiembre de 2011
Lucía
No me veás a la cara, Lucía, que tengo cheles en los ojos y pasta blanca en los labios. No me veás a la cara, Lucía, que se me acercan las moscas y se me paran en las cejas y me las tengo que apartar antes de que tus ojos, Lucía, se den cuenta. No me veás a los ojos porque los tengo de diferente color, uno que se aparta para verte las orejas y el otro que se despega, vuela, para ver tu espalda. Me molesta tu mirada, Lucía, porque solo es eso: mirada. Se que no me pensás, solo me ves; se que se limitan tus ojos a examinarme o a probarme, como científico loco en bata blanca llena de sangre, dándome vuelta como se le da vuelta a una chaqueta reversible, dejando expuesta mi carne y mi bazo, las venas que gotean sangre y que por favor, te pido, no veás con tus ojos, Lucía.
Aquél día en la calle te encontré caminando sola, Lucía y te pedí que por favor no me vieras a los ojos. Noté las estrías debajo de tus chiches y quise besarlas, como imperfección tan tuya, de tu vieja gordura y tu actual hambruna. Lucía, no me veás a los ojos, que me da miedo ponerme a llorar, subirme al carro y manejar hasta la carretera, bajarme y dejarlo abandonado, caminando lejos solo pensando en tus ojos Lucía, en la forma en que me vieron, en la calle, en la casa o en la cama, antes de que el asfalto se tragó tu piel y el sol quemó tu pelo, lo tostó entero, como se tuestan las mujeres en las playas, tan desnudas como tus ojos, Lucía, tanto aburrimiento y tanto olvido.
No me mirés a la cara, Lucía, que no soporto la idea de tus ojos despiertos.
lunes, 26 de septiembre de 2011
Reconstrucción de las fábulas
Comprendo poco de tu noche pero la entiendo solitaria y húmeda. El sereno anda dando vueltas en el aire y entra a mi nariz. Encuentro en las calles obstáculos bonitos que superar. Camino estas calles que antes conduje y recuerdo palabras de los vigilantes, las miradas de los soldados, los tomates en mi boca. Los rótulos están iluminados y son o Times Square en ruinas o Las Vegas con sífilis. Presiento mi mente destrozarse. Siento las arrugas y las curvas de mi cerebro apretarse y soltar como esponjas el agua que han ido acumulando durante la noche. Las malas decisiones y los impulsos idiotas y los errores se ponen en línea, todos, para que los cometa. Es como un desfile de la deshonra. Van cayendo, van creciendo todos. En mi mente suena una canción y escucho perfectamente la voz del cantante. Es asombrosa la claridad que te da una borrachera. Todo lo ves con facilidad y sin consecuencias. Lo malo es que las lecciones que aprendés con el cerebro apagado pero el cuerpo encendido se te olvidan al siguiente día. Y seguís tratando de reconstruir las moralejas de las fábulas o los detalles de los cuentos por días enteros, buscando en el ático de tu mente los rastros o las pistas. Usualmente no las encontrás, pero en el esfuerzo está la recompensa. En seguir escribiendo y seguir esperando que en algún momento, la verdad aparezca entre tus palabras.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Supongo que necesitaba caminar

¿Que por qué lo hice? No se, supongo que necesitaba caminar. Y la idea era loca: cómo caminar de madrugada, en una ciudad que no es para nada caminable, en la cual tenés que cruzar zonas peligrosas para llegar a cualquier parte. Pero de mi mente no se quitaba la idea. Estaba cansado. Estaba borracho. Estaba aburrido y desesperado y otra vez, borracho. Alguien me decía que me quedara. No recuerdo mucho de su rostro pero recuerdo que hablaba largo rato sobre que no me fuera. Pero no, yo me quería ir. En mi mente la ruta la tenía clara: arriba hacia la capilla y luego por el Kreef de la Mascota y luego por el puente ese raro (¡ahí me van a asaltar!) y luego hacia el Paseo. Prácticamente ya estaría en mi casa, en mi edificio. Las cosas son diferentes de noche. Las casas se ven diferentes y a uno le da risa. Me da risa, porque por no andar efectivo y por no querer molestar a nadie y por querer escapar y porque sí, supongo que necesitaba caminar.
Me da risa acordarme y algo de miedo, me pongo a teorizar sobre el fantasma de mi papá que me cuidaba mientras caminaba o que en ese momento por fin San Salvador se vio libre de crimen y peligro y sí, ahora ya vivía en una ciudad en la cual podía caminar desde un lugar a otro sin miedo. Podía caminar borracho y cruzar los pasos peatonales y sí sentarme si quería a ver un poco de la noche a ver cómo las nubes desaparecían en el cielo con el viento después de una tormenta que, bendito sea, solo duró un poco.
¡Miren! ¡Ahí está un banco! Y entonces, en mi mente de borracho, en mi mente con 30 Regias adentro digo que sí, que puedo pasar al cajero. Puedo sacar dinero e irme al 'puesto' de comida mexicana a comprarme unos tacos. Y me voy.
Y sigo caminando. Y comienzo a correr. Y me carcajeo. ¡Estoy caminando! ¡En San Salvador! De repente todo lo que me han dicho me parece mentira, Santa Claus sí existe, sí hay Dios, él me está cuidando, hay ángeles de la guarda, cuando lo matan a uno es por mala suerte, no porque este país sea peligroso, aquí no hay maras, aquí todo el mundo está dormido o borracho y por eso no les importa que un loco ande corriendo por la calle y con una bolsa de burritos en la mano, con tres burritos, mordiéndolos caminando, tragándose los frijoles, dándole gracias a algo, a alguien, por darle la oportunidad de caminar, en esta ciudad tan bonita, en las faldas de un volcán, qué cielo más hermoso y que día de invierno más delirantemente maravilloso.
Llego a mi casa y me acuesto en una piscina de chirmol y estoy intacto. Mi teléfono, mi dinero, mis tarjetas y mis zapatos.
¿Que por qué lo hice? No se, supongo que necesitaba caminar. Vivir en San Salvador le puede atrofiar a uno los pies, la vida, las borracheras y los impulsos. Así que por una vez la locura prevaleció. Pero lo bueno es que solo de la locura salen las historias interesantes.
Para una historia parecida pero con final un poco diferente, de clic aquí y váyase al blog de la Señorita Violenta.
domingo, 18 de septiembre de 2011
La Alopecia como Tragedia
Es la crueldad la que se lleva tu pelo
folículo por folículo
en el baño o en la cama o en las manos de un hombre agitado
o en el pasillo, o en el cualquier lugar en el que caminás
te lo arranca, hasta que te quedás con el Atacama como cabeza
como superficie yerma de la que ni surge agua ni surge vida ni surge colochos, los colochos a los que te acostumbraste tanto.
La crueldad es la que se lleva tu pelo y te deja solo, como bebé alienígena, saliendo de la vagina de tu mamá, la calva ensangrentada.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Cuánto puede pasar.
Mirá: allá están todos tus años. Te están esperando. Si dejás de tomar tanto vas a tener más. Si cuidás la diabetes aún más. Si dejás de fumar con el aire acondicionado encendido. Si dejás las prácticas. Allá están todos tus años y están sentados en sillas y están esperando a que vos los llamés y uno a uno
uno a uno irlos llenando
y llenando con letras y las historias y algún que otro viaje y descubrir nueva música y buscar otra casa y darle besos a tu mamá, un abrazo a tu hermana, un almuerzo con tus amigos, una cerveza con el que te gusta, un abrazo a un extraño, la comida que te llena, las letras que se apuñan en tu cabeza, llenarlos todos, sí, también con las horas que dormís (que dormir también es ocupación), con las pesadillas y alguna vuelta por la ciudad, sacarle una sonrisa a tus sobrinos y una sorpresa a gente que jamás te imagina
e irlos llenando y llenando
están vacíos, todos esos años y allá están: mirá, miralos. No los dejés esperando. En su cara noto que quieren conocerte.
Muy pocas veces es posible ver ojos de esperanza en la mirada del tiempo.
O de cómo The Beatles me tienen despierto a las 2:31 a.m.
The Beatles siempre me parecieron ridículos. Sí, innovadores porque iniciaron muchos de los movimientos musicales, sí importantes porque son responsables del concepto del álbum y de elevar el pop a arte. Pero. Pero. Siempre creí que su valor llegaba hasta ahí: que eran pura influencia y nada de estilo. Y por un lado, es cierto. Tanta música después de ellos los ha dejado solo como una referencia, como "ellos me dijeron", pero quizás por eso (y por mi edad) jamás le había puesto la atención que merecían. Además, sus letras me parecían tan tontas: realmente demasiado inocentes y simples para la sensibilidad actual. Sigo pensando que la mayoría de sus primeras canciones son puros chicles y que esa incapacidad que tuvieron de ser buenos desde el principio los va a manchar para siempre...
Pero escucho Rubber Soul y por fin entiendo a lo que la gente se refiere. Luego escucho Revolver (y sobre todo "For no one" y "Tomorrow never knows") y todavía lo entiendo más. Estos discos son tan ricos (y lo digo por su riqueza musical y por su riqueza simple, lo rico que se siente oírlos) que me parece tan tonto no haberlos escuchado antes.
Luego escucho las canciones de sus siguientes discos y las encuentro demasiado afectadas, exageradas en sus propuestas espirituales e idealistas.
Así que establezco, por el momento, que mi momento favorito de este grupo es el punto medio entre la tontería de sus primeras canciones y la psicodelia de sus últimas. Más pop orquestal y country-rock y menos coritos bobos o experimentos histéricos.
Y qué bonita es "I'm looking through you", qué bonita es.
Dicho esto, aún pienso que Pet Sounds de The Beach Boys es infinitamente mejor que cualquier canción, disco o eructo de The Beatles. Sí.
sábado, 10 de septiembre de 2011
It takes a muscle
Aquí me siento y retraso el baño, la ducha. Mi cuerpo está sucio, aún sucio; la verdad, así me gusta. Me gusta con restos de desodorante de ayer debajo de los brazos; me gusta con el sudor de la noche detrás de las rodillas. Aprecio la acumulación de olores y sabores en la boca, que saben a suciedad pero eructan en vida. Me envuelvo la sábana, la sábana de tantas noches. Tolero la fetidez de lo mío porque es mío y yo lo he creado. Yo he generado estos olores desagradables para los demás, perfume para mí. Me siento como fábula o como moraleja, como advertencia para aquellos niños que apenas aprenden en la escuela que es necesario bañarse todos los días. Siento cómo se van acumulando los segundos malolientes en mi piel y como cada minuto también se eriza, se sumerge en la epidermis. Dejo que el humo de un gas envuelva el cuarto y se vuelva ambiente. Cierro la puerta y las ventanas y permito el olor de los calcetines sudados y la ropa tostada penetrar mi nariz, como si un halo de luz se tratara. Siento calor pero confío en la capacidad infinita de mis gotas de sudor, que se deslizan por la espalda, que mojan el suelo que hace ruidos cómicos cuando me muevo. Mi piel, sin ser tocada, es terreno árido, páramo llano. Alguna hormiga camina en mí e imagina molinos gigantes, monstruosos, que hacen que los vellos de mi espalda se levanten y muevan al ritmo de una ventisca imaginaria, imperceptible si no fuera por la quietud de todo lo que la rodea. Hacerse uno con estos olores, con la comida entre mis dientes, con las úlceras de mi esófago. Encuentro en esta decadencia una honestidad poética. Nada más humano que lo horrible y lo horrendo. Nada más humano que hundirse en la quietud del desgano y el asco. Canto alguna canción que se me ha quedado en la cabeza y al dejar el aire salir de mi boca se convierte en vapores de halitosis y placas de bacterias. Me acuesto boca abajo y me entrego al suelo, la punta de mi pene dejando rastros y mi boca simulando besar a otra boca, hecha de cerámica, con el mismo olor que la mía, con el sabor de mi piel que cada vez encuentro más tierna, caliente.
Me duermo con ronquidos estridentes y los vecinos, preocupados, comienzan a tocar la puerta.
He estado esperando
Me ha tomado todo el tiempo esperar, no he podido hacer nada más: es actividad obsesiva, de inmersión. No se puede hacer nada más cuando se está esperando, he querido pasar el tiempo con la música o el café o escribiendo algún párrafo o cocinando o saliendo a poner gasolina al carro o viendo película en repetición pero no, en realidad no he hecho ninguna de esas cosas: lo único que he hecho ha sido esperar. Algunas veces toma más tiempo, algunas veces se estira y algunas veces pasa más rápido pero siempre es así: siempre es la espera, siempre es estar ocupado esperando y cruzando dedos, dando vueltas en el pasillo, viendo la pared y esperando la luz del teléfono o el mensaje nuevo o el ring de los labios o el timbre de la puerta: esperar, trabajo a tiempo completo, obsesión clínica.
Y todavía sigo, todavía estoy aquí. No me traten de encontrar, estoy ocupado esperando.
El sueño no me tiene
El sueño no me tiene; me huye. Me ve y me encuentra demasiado despierto, mis ojos abiertos lo asustan. Se va, corriendo, a otras camas, a dormir a bebés y a ancianos, a dormir al vigilante del edificio. Luego, cuando pongo una película y comienzo a pensar en otros climas y otras manos regresa y me contempla, se sienta a la par mía y comienza a tornarse algo menos huraño, como si ya perdió el miedo y se atreve a tocarme. Oigo su voz y es una voz somnolienta, por supuesto, la voz de un amante agotado. Me pasa las manos por mi brazo y por la espalda, su tacto es parecido al de la lana de una oveja. Se pone más cómodo, yo me pongo más cómodo; me abraza y me cierra los ojos y me abre la nariz y me calma la ansiedad del estómago.
El sueño, familiar ahora con mi cuerpo y yo familiar con el de él, se hunde conmigo en el colchón. Está sin sábanas, pero ni al sueño ni a mí nos importa. El sueño, que no me ha tenido por ya más de 15 horas, se siente contento de estar de nuevo conmigo. Me cuenta un montón de historias, de ronquidos y pesadillas, de fantasías y sudores. Me cuenta sobre los bebés que mueren súbitos; sobre los viejitos que mueren esperanzados; sobre los terremotos que despiertan. Poco a poco sus anécdotas se me hacen arrullo y desdoblo mi cuerpo, lo sumerjo en el movimiento rápido de mis ojos y el sueño, satisfecho, se levanta y se va, dejándome dormido.
No es hasta el siguiente día que lo encuentro, nuevamente, viendo televisión en el cuarto contiguo. Me siento a su lado y tenemos una conversación enteramente construida con bostezos y nos decimos las cosas más lindas hasta que despertamos por completo.
viernes, 9 de septiembre de 2011
No va a venir
Se dio cuenta la mañana en la que se puso la chaqueta porque la ciudad amaneció fría, atlántica. Caminó por la calle a la cafetería a pedir su cortado y pronunció las palabras con una voz triste, decepcionada.
Dijo en su idioma, a su mente: "ya no va a venir".
Hace ratos habían terminado los mensajes o las llamadas repentinas o las sonrisas y los chats insistentes. Quizás conoció a alguien o quizás está con alguien ya. Había imaginado ya su pequeño cuerpo en su cama y regresar a los lugares en los que se conocieron.
Se quemó la lengua con el café y esperó con ansias la noche para tomarse una cerveza en el bar oscuro y que de repente alguna mano o le recordara a él o se pareciera lo suficiente para sustituirlo. Al final nadie es imprescindible.
Pensó en enviarle un mensaje pero los dedos se le congelaron al tocar el teclado.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
El Principito

Le clavaría las espinas de la rosa en la espalda hasta que sangrara toda su sangre azul, petarda
lo rociara con la ceniza de sus cráteres y lo golpeara con ramas gordas de baobabs
haría que cometas se estrellen con su planeta y le destruyan los biombos
le dibujaría un cuchillo devorado por una boa que lo devoró a él y a sus colochos rubios
lo quemaría con la llama que ocupo para encender los faroles (ya callate, mono cerote)
lo mordería con mis dientes de lobo y lo haría caminar por el desierto hasta que se desmayara
con las manos en la cara
triste porque se va, pobre Principito.
Y colocara una espada grande, afilada, para que cayera sobre ella y su cuerpo se evaporara en humo y polvo hasta que en su pequeño asteroide solo quede la leyenda de un pequeño ridículo que viajó por el universo con su voz chillante y sus dichos de Hallmark o Precious Moments o Amor Es y convirtió a un montón de gente en un montón de compartecitas, publicacursilerías ambivalentes obsesos.
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