Elija su Puño

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sábado, 25 de febrero de 2012

Still alive for you, love

"Si usted es indispensable en mi vida", me dijo, por teléfono, antes de -yo- perder el teléfono y la conciencia. Sigo vivo por ella. A veces siento que hace ratos pude haberme ido. Lo he pensado muchas veces. ¿Para qué seguir? Sigo por ella.
No quiero que sienta lo que se siente perder a un hijo.
Quiero librarla de eso.
Si algo me ha quedado claro en esta vida que tengo es que es fácil deshacerse de ella. Lo podés hacer lento: con cigarros, alcohol, comidas indebidas (ay, el reflujo) o lo podés hacer rápido: desde el sexto piso, con la pistola de tu papá (tenía). También puede pasar por uno de esos "accidentes": que te roben el carro y te pongan una pistola en la cabeza, que tu avión "se escape" a caer, que un niño te trate de apuñalar en Río de Janeiro.
Pero hay que quedarse, hay que buscar una razón para quedarse.
Y cuando ella me dice "si usted es indispensable en mi vida", por teléfono, cuando ya estoy borracho, me doy cuenta de que -yo- ya encontré la mía.

domingo, 19 de febrero de 2012

"I don't want this to be like San Francisco": Power Ballad co-escrita con Proiectus

I don't want this to be like San Francisco
i don't want to cry no more
up and down those hills daydreaming
wondering why I ended up alone

(entra pre-coro)
without you
oh without you
this city
the fog
it all

(entra coro)
makes me cry
makes me doubt
makes me want to go and crash and land
in the ocean
oh, in the ocean
without you

I don't want to cry all over again
going through pictures, so many pictures
you look happy with a smile
what's his name what does he do
does he kiss you like I did

(entra pre-coro)
without you
oh without you
the memories
the songs
it all

(entra coro)
makes me cry
makes me doubt
makes me want to go and crash and land
in the ocean
oh, in the ocean
without you

(entra puente)
so I made a mistake
so you made up your mind
so you're not here anymore
so I'm not there
I'm not there
we're not here

oh this city

(entra coro)
makes me cry
makes me doubt
makes me want to go and crash and land
in the ocean
oh, in the ocean
without you

(suspirado)
I don't want this to be like San Francisco
I don't want to cry anymore

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Si alguna cantante está leyendo esto y quiere ponerle música a estas líricas, contáctenos.

domingo, 22 de enero de 2012

Rendirse

Yo siempre me he rendido.
Me he rendido en planes de vida, en trabajos (una mal-aventurada etapa en la que creí ser oenegero), me he rendido en parejas, en viajes, en la familia, en mis amigos. Me rindo, porque no vale la pena el esfuerzo para seguir. Y usualmente, una vez me rindo ya está. No hay paso atrás; soy capaz de eliminar todo rastro de lo que me conectaba con lo que he dejado. A veces esa capacidad me asusta, a veces me encanta.

Esta semana decidí rendirme en algo que muchos consideran clave: la búsqueda de pareja. Novio/novia. Amante. Alguien con quién tener sexo. Después de más de tres años soltero, me rindo. Ya basta. Así que lo dejo atrás, lo reniego y lo elimino de mis objetivos de vida.

He decidido que nunca voy a encontrar a nadie. Voy con los brazos cruzados. No recibo ni notificaciones ni impulsos ni deseos. Simplemente ya no. No me importa, porque he llegado al punto que la misma idea de compartir intimidad con alguien me pone los pelos de punta. Puede ser que el sexo sea bueno, pero luego está el "después" en el que lo querés aventar de la cama y salir corriendo. Puede ser que algunas cosas te den risa o la pasés bien; pero luego viene el apego y que te digan que te quieren y que te quieran abrazar y ver para platicar y hablar y que esperen de vos una respuesta emocional.

Me cansa. Es cansado. Así que me rindo. Pongo la bandera blanca. Me declaro vencido y perdedor, o ganador, según se vea. Es un alivio dejarlo así, de lado. Todo estará bien.

Hola, mano derecha. Bienvenida al primer día del resto de tu vida.

jueves, 19 de enero de 2012

Extrañar

En noches como estas extraño Portugal como se extraña a un amante que solo conociste por unos meses y luego dejaste. O te dejó. O tus papás te obligaron a separarte de él. O se murió, de repente. La cuestión es que lloraste. Porque Portugal, como todo en la vida, fue temporal.
No se qué es; supongo que es el lenguaje. El portugués lo hacía sentir todo más distante, puso mi sentido de insularidad en el más alto rango posible. No me podía comunicar bien, no podía entender cuando me hablaba. Era un misterio al que le iba quitando capas, al que poco a poco iba conociendo. Me quedé con muchas capas por quitar. Digamos que era una cebolla. Porque lloré bastante y me ardieron los ojos.

En Portugal solo estuve unos dos meses. Y estuve solo. La mayor parte del tiempo la pasé en el cuarto del apartamento, viendo hacia la ciudad desde la ventana. Luego caminaba y llovía. O iba al cine. Y luego me iba a escribir o me iba a emborrachar. Quizás pasé en silencio el 80 por ciento del tiempo.

Portugal me suena callado. Me imagino a la gente caminando y no hace ruido al pisar el suelo. Me imagino la lluvia y el agua golpea en silencio el pavimento, los adoquines. No hay gritos en las plazas. En las discotecas no hay música y los trenes, al pasar, son bocas cerradas.

Me dejó, el amante, mi amante, Portugal, pronunciado "purtugal" porque así lo pronuncian los portugueses, y yo lo sigo extrañando. Veo fotos de las calles y los tranvías y estoy enamorado de un recuerdo, de un cuerpo que apenas conociste pero que lo pensás gigantesco, muscular, áspero. Impenetrable.

Portugal no me amó, yo lo se. Pero yo lo amé un montón. Y ahora veo afuera de la ventana, escribo y no llueve; la ciudad es una colección de luces en los que la violencia domina y persigue. No me siento atrapado, porque he llegado a un punto en el que ya me siento cómodo aquí. Pero el que me haya casado con El Salvador, el más feo de mis novios, no significa que no pueda recordar con erotismo y deseo a mis novios pasados.

Eso pasa siempre. Y yo no soy una excepción. Nunca lo fui.

lunes, 9 de enero de 2012

Puedo sentir el sabor del océano en tu piel

Puedo sentir el sabor del océano en tu piel. Siento la cerveza en mi boca y el pescado en tu ombligo. Sabe a ceviche y a limón. Al diablo el estómago y su ardor. Me arden los ojos al besar los tuyos. Se nos meten las rocas de la playa y el calor de la isla, la brisa que nos hace movernos más rápido hacia arriba, hacia el volcán. Me abrazo a vos. Te veo. Has acumulado grasa para abrazarme. Te has hecho isla en masculino, atolón: rotundo, grande y protector. Me envolvés como envuelven las manos. Siento en vos extremidades y colores. Se me ocurren cosas que escribir pero no puedo, tengo las manos ocupadas y la tinta gastada. Imagino que así como estamos, juntos, podemos extendernos hacia extremos contrarios. Nuestros pies tocando la marea a un lado; nuestras manos tocando la marea del otro. Todos llenos de espuma, burbujas y arena.

Encuentro la casa con el desorden de anoche. Me fumo un cigarro viéndote dormir, roncar. Escucho cada ronquido. Puedo rastrear su origen hasta el humo que te tragaste. Las palabras que me decías con lágrimas en los ojos. Apenas puedo ver tus ojos. Los míos no me alcanzan.

Puedo sentir el sabor del océano en tu piel.

También siento el olor de las escalas, los asientos de los aviones, puedo ver en tu pelo las marcas del sol, de los atardeceres. Quiero ver el mar con vos pero vos te vas a tu cuarto. Mañana me voy, pero quiero ver el mar. El mar me dice que ya no estoy ahí. Que hace ratos me fui. No quiero entrar y verte hoy, me quiero dormir en el sillón de la sala y escaparme en la mañana, antes de mi vuelo. Quiero un barco, no un avión. Quiero escapar en silencio como escapa una mariposa de entre los árboles.

Apenas se escucha el aleteo.
Solo queda el sabor en la boca.
El sabor del mar y de la espuma y de la espuma de la cerveza.
Y no me lo quiero quitar.

Se me queda en la boca y la boca se me hace nueva, brillante, táctil: la boca se me hace tu piel.

lunes, 2 de enero de 2012

Vista y café

Este café me está dando calor. Quizás deba irme a correr por las calles. Hoy va a haber el mismo tráfico de siempre. A dormir al cuarto adonde él dormía. Yo no soy de ahí, ya no soy de ahí. Me gusta el azúcar sin azúcar. La veo y me dan ganas de abrazarla, me gusta su jardín y me acuerdo cuando de niños poníamos luces navideñas en la araucaria del jardín central. ¿Se llamará araucaria? A mi mamá siempre le da por inventarse nombres de plantas. Bastón del Emperador. Ginger. Los funerales. Pronto el 16 y otra vez la misa de aniversario. ¿Se hace misa de aniversario después de los 9 años? Me acuerdo del vaso de agua y la vela y cómo se iba evaporando. Los fantasmas tienen sed y vienen todos los días a tomar agua. Las naranjas en el suelo. Las naranjas en los naranjos y la expansión de las tierras, tan de él y nunca mías. Me baño en la piscina con camisa porque me da pena mi cuerpo y nunca lo abrazo él solo abraza a sus nietos. El carbón está terminando de calentar la sopa. Yo nunca me como los cartílagos pero ellos sí. Les gusta masticarlos y masticarlos. Son felices masticando cartílagos y puedo oír sus dientes destrozarlos y me da asco. El Centro de Antigua Guatemala. El carro que se detiene con los amigos cerca. El amigo que está tan lejos. Se ve feliz en la foto. Uno siempre se ve feliz en las fotos, ¿o no? San Salvador. Estoy aquí y él allá. Él toma café también: café en otras tazas, revuelto con otras cucharas, endulzado con otras azúcares. Yo lo endulzo con azúcar falsa. No soy diabético, como ella, pero pronto quizás lo sea. Mejor acostumbrarse antes. Correr tanto para nunca perder la panza. Fumar tanto y debilitar los pulmones. El montón de gente en el hospital y los tamales y mi papá muriéndose. No salí del hospital en 15 días. Estuve adentro esperando que mi mamá me dijera vámonos. Esperando que nos dijeran que se había despertado. El montón de máquinas y el montón de enfermeras tomando atol shuco. Cómo le daban gracias a mi mamá por convertir la sala de espera en un mercado. Llorar en sus piernas mientras ella gritaba. Mi cuñado preguntando que qué íbamos a hacer con las tierras. Mi hermano pensando que iba a tener una camioneta grande, luego una camioneta aún más grande, luego nada.

Yo me voy de viaje. Me quiero ir de viaje. Me quiero olvidar de esta vista y este café. Me quiero olvidar de la gente y de esta azúcar que no es azúcar. Pero como endulza. Tan falsa, pero tan cierta. La veo y la quiero abrazar. Ya va a ser 16. Hace 11 años o 10 que estábamos ahí. Ir en el carro hacia la casa y los sillones gordos, grandes de la funeraria. Reírme. Pensar que era pecado reírme. Ver el cadáver. Reconocerlo pero pensar que ese peinado no era cierto. Él siempre se hacía un colochito enfrente. Enojarme por eso. Las religiones duales y la tierra cayendo sobre él. Llorando solo porque ella estaba llorando. Llorando solo para que la gente vea que sufro. Luego los tamales y los rezos, las canciones y el terremoto. Juntos nos movimos hacia el jardín y pasamos por Las Colinas, esperando el aniversario.

Juntos dijimos un padre nuestro que sonó a moscas ronroneando. Juntos nos escondemos y huimos de la memoria, soterrando la historia al no pronunciarla. Bajamos la cabeza para no vernos los ojos.

Difícil discutir la tristeza, porque es la tristeza la que acaba discutiendo con uno.

martes, 27 de diciembre de 2011

Hope

¿Cómo iba la biblia? ¿Cómo es el padre nuestro? Me acuerdo de las bodas y de la gente y de las repeticiones y las manos en el aire. Las manos las tengo cansadas. El catéter pesa, pesa como el agua de una tormenta adentro de una nube. Siento que me sale y rebalsa y hace un charco en el suelo, como se hace cuando vomito. Al baño. Luego camino y la enfermera me sonríe. Bonita, la enfermera, nalgona y bonita. Me ve con sus ojos pintarrajeados y yo la abrazo, quieta, como si fuera mi mamá, una de mis hermanas, una de mis tías. La abrazo y en ella encuentro huesos familiares y los senos. Quiero chupárselos pero se que no es correcto. Ella no es mi mamá, es una enfermera, a pesar de que lleva el mismo nombre y puedo sentir el corazón de un feto latir en su panza. Los pasillos. Decorados con flores. Las flores las hizo el señor y el señor me hizo esto en el cuerpo. Mi cuerpo no es el mismo. Es el mismo, pero diferente. Me cansa caminar y me siento en el pasillo a llorar. Comienzo un rosario y uso el tubo que conecta la medicina con mi cuerpo como cuentas de un rosario. Las toco y les doy vuelta y mi abuelita se me pone enfrente y me dice bicho culero. Agárrese los huevos y muérase con ganas, que ha eso ha venido aquí. En mi cuerpo y dentro de él caminan lagartijas pequeñitas y chicharras que hacen ruiditos como besos. En mis ojos los ojos de una aurora. La veo volar hacia otro cuarto y el pitido de un código rojo y todas las enfermeras corriendo.

Pronto yo.

Al Pacino, Meryl Streep y Sharon Stone. Todos muertos. Abrazo sus fantasmas y platico de sus estrellas en el paseo de la fama y sus nominaciones al Óscar. Me carcajeo.

Pronto yo.

La medicina ha hecho todo lo posible. Dejo al mundo con la carga de curarme y enterrarme. Mi cura es la cremación. Veo las paredes y dan vueltas alrededor de mí y duermo. Despierto en la cama, sudando, preocupado, la televisión nacional y un programa de entrevistas en la televisión. Un quinto lugar en Miss Universo.

Pronto yo.

¿Cómo iba la biblia? Se que iba del perdón de los pecados. Hago cuenta de los míos. Imposible perdonar tantos en tan poco tiempo. Tarareo una canción de las que cantaba en el colegio, con tanto pene joven y bonito del Santa Cecilia. En el baño los tenía en mi boca mientras los padres llamaban a formar una fila. La vez de la diarrea en toda la pared. La vez que me enseñó su pene giratorio en su ingle aquella vez en el retiro y me pusieron una rana verde en mi cara. Cuidado con la leche. Esa rana ya está muerta.

Pronto yo.

Confío en la ciencia o en la religión pero se siguen muriendo alrededor mío como dominós. Los veo caer y me empujan, mi espalda apenas resiste. Pronto yo y abrazo la almohada, que me protege como los músculos de todos los hombres que abracé.

Ellos ya. Pronto ellos.

Me tiro al suelo y suelto el catéter, que hace que empiecen los pitidos y los gritos y las enfermeras corriendo. Yo no estoy muerto, no me estoy muriendo. Mañana voy a salir, dicen, me dice con una sonrisa. El doctor ve las páginas y las pasa y me sonríe. Pronto saldrá, usted. Aquí no hay salidas. Aquí entré para no ver otra vez el tráfico de la ciudad o los redondeles remodelados o las caras de los niños de las marginales o tomar otra cerveza. El sabor de la cerveza y las hamburguesas. Las siento en mi boca y es como si estuviera comiendo mi última comida de condenado. Siento el sabor a pesar de que mi lengua está podrida.

Pronto yo.

Me dicen que me vaya. Quizás vaya a una iglesia. Me hinque y me arrastre hasta el altar goteando sangre y sudor. Así se regresa, ¿o no? Así se regresa o adentro de una ballena o en una fosa con unos leones. Así decía la biblia. Así lo aprendí de pequeño.

Aprendí las oraciones y las canciones y las peticiones y aprendí que todos venimos aquí a morir, como me dice mi abuela, a mi oído. Aprendí un montón de cosas y las recito en mi mente aunque mi mente está acabándose. No encuentro las tildes en las palabras, que se me hacen errores e innecesarias. Dejo de hablar. Aprendí que primero viene el silencio, luego un par de luces y luego la explosión del corazón. Aprendí un montón de cosas de pequeño, la suciedad y las bacterias y los antibióticos. Aprendí que todos venimos a esto, aprendí que pronto ellos, pronto las enfermeras, pronto los doctores y los políticos y los niños sonrientes y pronto los cantantes y pronto también, las lagartijas y pronto las auroras.

Aprendí que pronto yo. Y estoy contento. Estoy sonriendo y quiero que pronto yo pero pronto con una sonrisa. Me dicen que me vaya pero yo no se adónde ir. Salgo a la calle y la veo llena de gente que pronto ellos. Para qué seguir caminando. Me quedo dormido, tirado en la acera, solo esperando.

"Pronto él", pasa diciendo un montón de gente. Y tienen razón.

Pronto yo.

martes, 22 de noviembre de 2011

Te encuentro

Te encuentro en la taza, en la canción y en el recibo con tu firma de la tarjeta de crédito, con la imitación de tu DUI, te encuentro en la lámpara y en la voz de Patti Smith. Me cuesta mucho identificarte pero se que existís, en algún lado. El que me va a quitar la almohada en la noche y el que me va a acompañar en mis canciones. El que va a comer semillas conmigo, compartir lentes de sol, pantalones y camisetas. Se que estás por ahí y ya te tardaste, como diría una actriz tonta en una serie tonta. Nos hemos estado esperando, vos lo sabés, vos sentís el mismo temblor que yo siento y vos ves la misma ciudad que yo veo y pensás: ahí debe de estar. Estoy escribiendo, terco y tercero, como banda que no renuncia, como político en segundo término, y te espero desnudo. Me quedo dormido hasta la tarde y cuando el sol me golpea en la cama se que está tratando de despertarme, que vaya al supermercado, o a la gasolinera, que me estás despertando entre el pasillo de los enlatados o en la bomba de la gasolina regular.

No se; yo sigo; yo salgo. Y en el desconocido que sos, en lo extraño que parecés todavía está todo lo familiar, la posible familia, las noches con eructos y la muerte eventual.

La historia de toda la vida. La de todos.

domingo, 2 de octubre de 2011

Bom Viagem

Llegando de tu casa a la mía vi la misma escena que vi afuera de la tuya: una familia bajando una maleta grande hacia un carro y dos personas con cara apagada y una con la cara en blanco, pero con colores que salían por los poros en forma de sudor aprisionado y luego desaparecían en una nube de humo. Esta vez yo no fui parte de la escena, esta vez yo no me despedí. Pero pensé: de esto está hecha la vida, de continuas despedidas y bienvenidas. Hoy te vas vos pero también se fueron dos monjas, se fueron sacerdotes, se fueron gays con sobrepeso, se fueron un montón de personas de las que nunca vamos a aprender los nombres y nunca vamos a conocer y nunca vamos a sentir los labios ni el calor de la piel cansada de empacar. Todos se van alguna vez, todos vuelven cuando pueden o quieren, cuando los llama lo mismo, lo viejo o lo nuevo. Si que te fueras fue especial fue solo porque yo formaba parte de la historia; por lo demás fue una ordinaria experiencia más de este mundo que nos hace acostumbrarnos a travesías ridículas, a viajes en el aire, a alejarnos, a nunca sentirnos cómodos. Vos vas a regresar, y con vos van a regresar un montón de personas en una mezcla de maletas gigantes, de llaveros baratos o de años separados. Otra vez, verte y abrazarte va a ser especial solo porque tu regreso me involucra a mí; pero no puedo dejar de imaginarme a un extraño viéndonos, sin saber lo que eso significa, este abrazo y esa conversación.

Aprecio por fin lo único y excitante de estas experiencias que son de nosotros, que no son de nadie más, que aunque solo sean una repetición de una fórmula que aleatoriamente se reparte en aeropuertos y estaciones de buses en todo el mundo, son completamente específicas, completamente especiales en lo ordinarias, recurrentes, como una canción que volvés a escuchar una vez y otra y otra vez y sigue teniendo el mismo efecto. Aunque millones de otras personas la estén escuchando, aunque millones de personas se estén despidiendo al mismo tiempo, con la misma mezcla de profunda tristeza y callada alegría que vos.

martes, 27 de septiembre de 2011

'The way that we dream is the way that we live: alone.'

Cómo quisiera ser tu boca o tu mente y que yo fuera tu canción, ves, flotando al aire al oído de los que te escuchan. Abrazarte las encías o los dientes y dividirme en partículas u ondas sonoras y flotar, flotar en el Teatro Griego o en el Shoreline o en el Roseland o en Tyrone's. Ser parte, también, del sudor que cae debajo tu camisa, que se vuelve más delgada o del sudor que moja tus calcetines, que moja los vellos de tu pecho o las pequeñas comisuras de tu lengua, las que tocan la cerveza y la empujan hacia el estómago adonde yo, desnudo, me baño en tus jugos gástricos. Nada me quema, todo me protege: tu voz resuena en la cavidad de tu tórax y abrazo tus pulmones, los alvéolos, me enredo en tus cejas y cuelgo de ellas hasta caer, plano, en el escenario.

Cómo me gustaría ser parte de vos o hundirme en tu pelvis, asexual o cromosoma. Por un rato parece ser posible, por un rato con tus canciones...que se van acumulando, melodías incesantes, coros y estrofas, medios puentes y finales, y los insoportables, largos eternos silencios en los que de nuevo estoy fuera, en los que floto en el aire sin siquiera poder alcanzar a ver tu cuerpo en la distancia.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Desaparecer

-Decime, para qué estás aquí.
-Vine a desaparecer.
Y de las cosas: del vientre de mi mamá, del pene de mi ex-novio, de las libretas en blanco, de los parlantes con música aburrida. De los sillones con la piel pelada, de las vistas que son la misma todos los días, de la ciudad sin playa y montañas sin nieve. De los problemas de la religión y la hermandad solidaria de los aposentos malvados, del cañal y El Cocal, de los aviones que no despegan. Vengo, a desaparecer: a traerte las cosas que te debo, a entregarte mi nombre y mi apellido, a verte por un beso o por dos, a huir de los recibos y las cuentas bancarias y las preguntas de en qué trabajo o el café otra vez con un desconocido o la cerveza que emborracha de otra forma, vengo a desaparecer en otros alcoholes. En estas ciudades, en estos mapas y leyendas, en el sur y en las fábulas de la reconstrucción de mis días. Mis días, que son así, como una canción o himno de trabajadores bien construida, como si murmuran o dibujaran un círculo perfecto con el peregrinaje hacia Europa. Pero esto no es Europa. También desaparezco de Europa:

y desaparezco de las presiones y de las despedidas y de la ausencia. Vengo lejos a establecer de nuevo mi identidad, que solo la encuentro en el camino. Si me quedo quieto me convierto en musgo o en un loco abrazando una almohada y viendo la pared. Desparezco. Vine aquí a desaparecer.

Bienvenido al invisible viaje del alma.

domingo, 14 de agosto de 2011

Querido Rostam:

Tengo tantas cosas que contarte. Te he dejado lejos, en punto suspensivo. Plancho mi ropa de vez en cuando, y pienso en vos. Nunca la doblo, me quedo pensando. Me pongo borracho, me acuerdo de tus cejas. Jamás te besé pero sé que besás bien. Jamás toqué tus manos pero las siento gastadas por las cuerdas de la guitarra, las puntas de los dedos pasando por mi brazo con pequeños callos que raspan tan rico, tan musicales. Te extraño porque no te conozco y solo te recuerdo en escenarios. Quiero verte en la calle y ser común y corriente con vos. Quiero ir al mercado y comprar tomates, redondos y rojos. Quiero que discutamos el clima y la lluvia de la tarde de ayer y las canciones que canta Thom Yorke. Quiero sentarme en un parque con grama verde, natural, con el sol en la cara y los lentes de sol en las maletas. Quiero besarte públicamente y que digan, al pasar, "qué felices se ven esos dos gorditos morenitos, besándose". Quiero que al jalar tu pelo me quede caspa en las manos. Quiero encontrarte un defecto. Se que tu voz baja y la mía se van a enamorar. Falta tanto para que eso pase pero mientras, yo, sigo guardando cosas para contarte. Para encantarte con las historias y emborracharte con Carlsberg o Pilsener (visitame, Querido Rostam, visitame) y luego quedarmos dormidos solo para levantarnos con erecciones húmedas a las 4 de la mañana y tener sexo ruidoso (los vecinos, que se aguanten). No le cuento a nadie todo lo que me pasa o el tamaño de mis heces o su forma o color porque todos esos detalles los estoy escribiendo para contártelos a vos. Tengo tanta cosas que contarte, Querido Rostam, porque nunca te he contado nada. Cuando hablemos por primera vez construiremos juntos la conversación más larga y hermosa del mundo.

lunes, 8 de agosto de 2011

Bebé del polvo

He construido este bebé del polvo que recogí de la habitación de cocina. En él partículas de árboles y tierra del parque de enfrente. En él la bonita costumbre de nacer. Sobreviven parásitos y bacterias que sonríen. Dale de comer galletas, avena o pan. Zanahorias al mediodía y frijoles para la cena. Un poco de papel periódico mojado en café y teclas de una máquina de escribir, horneadas a 180 en un horno de gas. Nombralo como vos querrás, al final, es tuyo. Lo único que yo he hecho ha sido crearlo, darle forma, ojalá te dure muchos años y en él y en sus palabras encontrés las conversaciones que nunca tuvimos.

lunes, 11 de julio de 2011

Diálogos Familiares (i)

-Tía, ¿Y mi tío fue el hombre más guapo con el que anduvo?
-¡El más feo quizás! Pero de él fue del que me enamoré.

sábado, 25 de junio de 2011

Pequeñito de lejos

Te ves tan pequeñito de lejos. Tan chiquitín. No me dieron los brazos para estirarme y tocarte el pelo o tocarte los cachetes. No me dio mi dedo índice para señalarte tu panza y hacerte cosquillas después. No me viste. Solo yo te vi. Como si te estuviera espiando, o buscando un telescopio desde un edificio alto, y vos abajo, tan lejos, tan pequeñito. No creo que recordés mi nombre. No lo recordás. Tu cabeza y tu cerebro son muy pequeñitos todavía para acordarse. ¿Lo podrías decir? ¿Lo podrías pronunciar para mí? Vos no tenés idea de por qué no podemos vernos y yo no te lo puedo explicar. ¿Alguien te lo va a explicar?

Me da miedo que solo así te voy a poder ver. Por casualidad, porque de repente apareciste y vos ni cuenta. Me da miedo que a veces te voy a confundir con otro, o que nos crucemos y vos no me reconozcás. Me da miedo verte así, tan pequeñito y desde tan lejos, desde donde no te puedo decir que te quiero y me da tanta lástima, que a veces me acuerdo de vos y sonrío. Jugá, seguí jugando. Crecé, seguí creciendo.

Aunque te hagás grande yo te voy a seguir viendo de lejos, pequeñito, como si nunca me hubieras conocido.

¡Mi vida es una maravilla!

¡Mi vida es una maravilla! Me la paso de un bar a la playa y de la playa al bar, me voy al hotel y me tomo unos mojitos o unos daiquirí y luego regreso en la noche a comer sushi o vietnamita y me voy, y abrazo a mi novio y luego a tomar cervezas importadas en una mesa con bonito mantel. ¡Mi vida es tan maravillosa! Me la paso de relax los fines de semana o en un pueblo del interior o en la playa o en un estero y ¡qué hermosa, qué hermosa vista tengo desde aquí, qué vida más hermosa la que estoy viviendo, gracias Dios por protegerme y por darme todo lo que me das, no importa que a veces haya problemas, yo se que vos proveerás!

¡Mi vida es una maravilla, graciosa, nada de ambivalencias ni preocupaciones, yo voy y me subo a mi carro y siempre enciende, yo voy a mi casa y siempre hay luz, siempre hay agua, qué bonito, es lo último de lo que me preocupo, pero ¡Uff! Ahora me toca ir al gimnasio pero después de un día largo del trabajo qué mejor que eso. ¡Uff! ¡Ya terminé! ¡Qué dieta más maravillosa me ha dejado mi nutricionista! ¡Qué vida más maravillosa!

Me la paso invitando a amigos a comer y a disfrutar de mis creaciones y diseñando el interior de mi apartamento y subiendo fotos para que todo el mundo las vea y ellos y ellas también vean lo maravillosa que es mi vida.

¡Uff! Ahorita voy a actualizar mi estado de Facebook, qué hermosos camarones los que me estoy comiendo, qué relax, qué vida, qué maravilla, ¡ya se! Le voy a poner "Me Gusta" a mi estado porque sí, me gusta, me encanta, me fascina, me obsesiona, me ataranta, ¡Me maravilla mi vida maravillosa!

El Orgullo no está aquí

No se qué es: no se si el clima, o soy yo, o es el lugar. Pero hoy no estoy sintiendo el Orgullo. Los dos años que pasaron he ido a marchar, con la bandera arriba y con camisetas alusivas al evento (¡qué cliché! ¡qué horror! ¡qué atraso!). Pero este año no lo estoy sintiendo. Todavía puedo ir: es mediodía y la marcha comienza en un par de horas. Pero no hay nada que me esté motivando. No veo el cambio de actitud hacia esta marcha que quiero ver en las personas que me rodean (siempre lo mismo: vas a ir con las vestidas, vas a salir en las noticias, para qué te vas a ir a dar color) y me estoy sintiendo soldado de una guerra tonta, que no se puede ganar ni en el corto, ni en el mediano, ni en el largo plazo. Ni siquiera los triunfos en otros países (legalización del matrimonio en Nueva York, primer desfile sin ataques físicos en Zagreb, Croacia) me están haciendo arrancarme de la silla e irme al Paseo General Escalón a caminar bajo estas nubes ridículas. ¡Qué feo! ¡Qué estereotipo! La loca desmotivada, enojada con el mundo. Pero no, no estoy enojado; simplemente este año no lo siento. Probablemente a los organizadores les convenga cambiar la fecha del Orgullo en San Salvador, para que coincida con un mejor clima (porque el sol siempre nos pone de buen humor: ¡qué horror!), así como hacen en Brasil o en Australia. Pero no, sigue siendo bajo este clima miserable de junio. Y eso, combinado con mi arranque de desinterés, me hacen quedarme en mi casita. Desde aquí veo el Paseo, pero seguramente no voy a lograr ver el desfile. Siempre ha sido así: invisible, solo presente para los que se pararon y aguantaron la lluvia hacia la Catedral. Pero este año no lo voy a ver. No voy a estar ahí. Este año el Orgullo no está aquí.

miércoles, 22 de junio de 2011

Tanto miente la niña

Tanto miente la niña que se le ha llenado la lengua de pústulas infectadas. Le chorrean sangre a los dientes y se le ponen rojos y las caries le duelen al masticar la manzana, tanto miente la niña. Ahí anda diciendo que su abuelo le hizo no se qué cosas y que le tocó no se donde y que le duele no se qué cosas y a ella lo que le pasa es que se le pone hinchado el estómago y vomita bilis roja y verde y una vez deja de vomitar ya empieza con las mentiras de nuevo. Tanto miente la niña que tuvimos que sacarla del colegio y dejarla aquí en la casa escondida en un cuarto porque anda diciendo cosas que ni para qué. Si fíjense que la hemos tenido que amarrar a su cama y solo de vez en cuando le damos unos trocitos de avena para que no se nos deshidrate. ¡Tanto miente la niña que hasta grita las mentiras! Un día de esto le vamos a cortar la lengua le dijimos, niña, deje de decir mentiras o le vamos a cortar la lengua como le cortan la lengua a las vacas una vez las matan. ¡Pero sigue mintiendo la niña! Que esas cosas rojas en la espalda son del cincho, del cincho del papá y de la hebilla de mi cartera, y que le duele la planta del pie de andar caminando descalza. ¡Niña, niña mentirosa, a las niñas mentirosas les dan pesadillas y babean sangre, niña mentirosa! ¡Deje de andar diciendo babosadas que se le va a escaldar la tortita, niña mentirosa! Tanto miente la niña que mejor ya le dijimos a la gente que ni está aquí, viera usted, que ahí viene la maestra y la directora a preguntar que por qué no ha ido a clases. ¡Para qué va a ir a clases, le decimos, si solo va a decir mentiras! Mejor que se quede calladita, la niña, guardada en su cama y con las uñas largas.

Tanto miente la niña que dice que le duele la panza y que tiene hambre. ¡Ay mentirosa si todos los días le damos comida! Por mentirosa la vamos a hincar en maicillo y le vamos a hacer que le lama el lomo con sal a los chuchos. ¡Para que aprenda a no andar diciendo mentiras, la niña!

La dejo que ya está gritando de nuevo. Le voy a inyectar un tranquilizante un día de estos para que se nos duerma, ay Dios, ni diga usted. Y es que si no se duerme, ¡comienza a mentir la niña! Mire qué situación en la que nos encontramos, una barbaridad.

¡Y nosotros tan buenos!

sábado, 11 de junio de 2011

La Plaza del Comercio o adonde nació nuestro amor por Lisboa

Está nublada Lisboa y estamos caminando, vos abrigo amarillo, yo abrigo blanco profundo. De la mano no vamos, no nos amamos (ni por casualidad ni con rabia). No te dejo engañarme y vos no te dejás besar. Sabés todas las historias y yo se tu estatura en pies, centímetros y en pulgadas. Te cuento tontas tonterías y vos reís tontamente, siguiendo la pista de las palabras. Los adoquines son de algodón o de azúcar y nos marean las olas del río. No hay nada más allá de estas paredes y estamos encerrados en la Plaza de Comercio. Damos vueltas y ahí es donde cambia el día: a veces hay sol y nos bronceamos, a veces está nublado y nos cubrimos abrazados de la lluvia. A veces, de noche, dormimos; el río se mueve pero no nos deja salir hacia ningún lado. Ni vos ni yo sabemos nadar. Ni vos ni yo sabemos botar paredes. En la estatua nos montamos y tomamos fotografías estúpidas. Fingimos ser reinas y reyes y nos desnudamos para pasar el calor. ¡Reyes y Reinas desnudas, sí como no! Tomamos fotografías y las vemos y las colgamos en lazos improvisados de una punta de la plaza hasta la otra. Decoramos el lugar cual feria y bailamos algunas canciones de fado, aunque yo ya te dije: a mí no me gusta el fado. No te gusta nada, me decís. A mí me gusta Lisboa y me gusta Lisboa con vos. Aunque para nosotros Lisboa solo sea esta plaza, solo sea esta estatua, este río que ni nos traga ni nos salva.

Contentos estamos encerrados por años y nos quedamos dormidos. Despertamos y la Plaza de Comercio sigue ahí, con nosotros, para nosotros.

jueves, 9 de junio de 2011

On the Bound

En el delantal mi abuelita siempre anda pisto. Anda un montón de billetes de colones. Está dormida en la hamaca y la lora no para de gritar. Grita el nombre de la Paula, la muchacha de la casa. Ella también anda delantal pero ella en el delantal no anda pisto. Mi abuelita sí. Mi mamá vive cerca y yo vivo con mi mamá. Pero mi mamá no usa delantal. Ella no va al mercado. Mi abuelita sí va al mercado. La vamos a ver de vez en cuando. Está sentada y usa lentes y apesta a carne ahí. No me gusta. Me agarro de la falda de mi mamá y le digo que nos vayamos. Le grito. Mi abuelita me dice que me calle y que sea hombrecito y que no diga nada. A mi mamá le gusta la fritada. Mi mamá comía un montón de fritada cuando estaba chiquita. Todavía come ahora de grande. Mi tía, mi mamá, mi abuelita y la Paula son gordas. Mucha fritada comen quizás. Tienen unos grandes brazotes.

¡Paula! Grita a cada rato la lora. La lora no tiene nombre pero habla como gente. Está colgada en una jaula en el árbol del jardín de la casa de mi abuelita. No se el nombre del árbol. No creo que de frutas. La casa de mi abuelita me da miedo. Tiene un montón de cuartos oscuros y me da miedo entrar. Hay animales y tacuacines. Tiene dos perros bien grandes que me ladran cuando me ven. A veces murciélagos. Pero voy ahí porque mi abuelita huele a perfume y me abraza y me da pisto. El delantal le rebalsa con billetes de a colón y de a cinco colones. Siempre se duerme en la hamaca y me gusta imaginarme que soy malo y que le quito pisto y ella ni cuenta se va a dar.

Pero mi mamá dice que no que nosotros no le quitamos pisto. Nosotros no. Yo se donde mi papá guarda el pisto. Lo guarda en una gaveta a la par de su cama. Mi papá tiene un petate arriba de la cama. Le duele la espalda. Mi mamá y él duermen en camas separadas. Pero yo a veces oigo ruidos y una vez mi hermano me dijo que fuera y que oyéramos. Así que creo que a veces duermen en la misma cama. Yo se dónde mi papá guarda el pisto pero yo nunca le he quitado. Él todos los domingos nos da pisto para que mi hermana y hermano y yo llevemos al colegio. En el colegio en todas las materias voy bien menos en física. Estoy gordo y soy huevón.

Yo no como fritada, pero estoy gordo.

Me gusta comer marquesote con café. Mi mamá me da todos los días marquesote con café. Mi abuelita no puede comer marquesote porque está enferma. Todo lo dulce le hace daño. Mi abuelita a cada rato me dice que yo tengo sangre dulce. Ella también tiene la sangre dulce pero enferma. En el colegio con el pisto que me da mi papá me compro una Coca-Cola y una galleta Chiky. Pero mi abuelita no podría comer ni tomar eso. ¡Paula! Grita a cada rato la lora y la Paula sale disparada a la puerta porque alguien quiere comprar manteca. La Paula está arrugada y es bien fea. Y no anda pisto en el delantal. Me da miedo porque tiene voz de viejita y dientes postizos. Mi abuelita tiene dientes postizos pero son más limpios y bonitos.

Mi abuelita una vez me arrancó unos dientes de leche que tenía. Mi abuelita me da medio miedo. No es que sea fea porque es una viejita bonita. Se sienta en la silla de hule y nos llama para platicarnos. Pero no nos cuenta muchas cosas. Mi abuelita y mi mamá tampoco hablan tanto. Yo no hablo tanto con mi mamá. Yo las veo platicar y no entiendo lo que están diciendo, pero hablan bien bonito las mujeres. A mi papá no me gusta oírlo platicar con su hermano ni con sus amigos. Hablan bien fuerte y se friegan y dicen malas palabras.

Mi mamá me ha dicho que yo no tengo que decir malas palabras. Pero mi mamá si dice malas palabras.

Un día se va a morir mi abuelita me dijo mi mamá. Ya está viejita y tiene la sangre mala, dulce. A mí me da pena porque vamos a hacer funeral y no me gustan los funerales. Yo no creo que vaya a ponerme triste por mi abuelita pero sí me voy a poner triste por mi mamá. Mi mamá a cada rato habla de mi abuelita. Cada vez que salimos de aquí nos llevamos a mi abuelita. Le trae comida y la abraza y le dice mamá. Mi abuelita es la mamá de mi mamá. Por eso es que me voy a poner triste cuando se muera. No porque sea mi abuelita, sino porque es la mamá de mi mamá.

Un día le voy a sacar pisto del delantal y ni cuenta se va a dar. Pero no, porque yo no hago eso. Yo se dónde mi abuelita y mi papá tienen el pisto. Pero yo nunca les quitaría no. Porque mi mamá se enojaría.

Y yo no quiero enojar a mi mamá. A la mamá de mi mamá y a mi papá tal vez, pero a mi mamá no.

A mi mamá no.